YO ACUSO

Yo acuso a las Sras. Saenz de Santamaría, Esperanza Aguirre, Dolores de Cospedal, Ana Mato y compañía de trabajar en contra de la agenda de la igualdad y Sí señoras mías las  feministas, y yo como tal, les podemos dar lecciones de igualdad porque la igualdad no es, como ustedes hacen, apelar a la “condición femenina” , sino precisamente disolver tal apelación, que en su acepción buena daría en “caballerosidad” y en la mala en “misoginia”. (Nota: como a las mujeres del PP les supongo, a priori, “buenas intenciones” hemos de concluir que son extremadamente “caballerosas”).

yo acuso a las mujeres del PP por la mansa aceptación de la vulneración de la ley de Igualdad en lo que atañe a la paridad en los altos cargos de la administración. El PP ha condenado el mérito y el talento de las mujeres a la irrelevancia, ya que si el criterio de mérito es para este partido la condición de acceso a las cumbres del poder, dada la falta de paridad, debemos concluir, a nuestro pesar, o bien que “el mérito” no parece neutro y objetivo o bien que las mujeres del PP carecen de mérito y talento. (Nota: si esto último les molesta den la batalla en su partido y entonces creeremos que defienden la igualdad).

Yo acuso a las mujeres del PP de poner en riesgo el tejido institucional que ha permitido los avances en igualdad en nuestro país. Tanto a nivel autonómico como nacional, las mujeres del PP, Cospedal, Aguirre, Mato… han suprimido o modificado sustancialmente las estructuras que velan por la Igualdad, los Institutos de la mujer.(Nota: la cultura institucional en torno a la igualdad no consiste en presentar como credenciales “la primera mujer en…”, sino en garantizar  derechos civiles y sociales para todas las mujeres de este país).

Yo acuso a las mujeres del PP de actuar como “educadoras en la Fe”. Los cuestionamientos a la píldora postcoital y el anunciado  cierre de filas de las mujeres del PP en torno a la contrareforma del aborto, nos dan  la verdadera dimensión de qué es lo que entienden por valores femeninos en la sociedad, lo que la Iglesia ha dado en llamar la «capacidad de acogida del otro» que traducido a un lenguaje menos beatífico significa menos reivindicación de una misma y más vocación de sacrificio.( Nota: no deseo conservar, como afirmaba el Cardenal Ratzinger, “la profunda intuición de que lo mejor de mi vida está hecho de actividades orientadas al despertar del otro”).

En definitiva, yo acuso a las mujeres del PP de no poner en valor los derechos civiles de las mujeres, de consolidar prejuicios religiosos, de trasladar estereotipos, y de no entender que la igualdad no se resuelve en frases, ni en denuncias que les resulten más o menos cómodas debido al mayor consenso social (violencia de género). La igualdad consiste en modificar los actuales modos de vida para que nadie merme la ciudadanía plena de las mujeres.

P.D.: Os animo a añadir vuestro “Yo acuso” particular.

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Tuteladas… o compradas

En el día contra la mutilación genital parece oportuno referirse una vez más a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. No voy a incidir en una forma tan extrema de control sexual de las mujeres, como es la mutilación genital, sino que voy a detenerme en otros modos de control sexual de las mujeres. La batalla por la vindicación de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres suele tener dos frentes que combatir, que en apariencia parecen contrarios: la prohibición o limitación de las leyes de aborto, de un lado y la amplia tolerancia hacia la prostitución, de otro.

Primera evidencia: Cuando la capacidad para decidir libremente es negada y trasferida a otra autoridad estamos ante un caso de tutela. Así pues, cuando se prohíbe el aborto o se limita su ejercicio a determinados supuestos, se niega a las mujeres su capacidad civil y pasamos a estar tuteladas por  una autoridad superior (sea esta divina o “humana, demasiado humana”…).

Segunda evidencia: cuando se ofrece dinero para hacerse dueño de algo o con la intención de modificar la conducta de alguien, estamos ante un caso de compra. Así pues, cuando se ofrece dinero a una mujer para hacerse con su cuerpo con fines sexuales y se exige además una modificación de su conducta de acuerdo a los gustos del “consumidor”, las mujeres somos doblemente compradas.

Para ejemplificar las dos evidencias anteriores, cabe resaltar especialmente las paradojas a las que dan lugar. Para ello me remito al “suelo patrio”.

Paradojas de un Ministro de Gracia

Paradoja “in vacuo”: una paradoja “in vacuo” será una aserción inverosímil o absurda que se presenta con apariencias de verdadera.  Ejemplo, afirmar, con cierto engolamiento, que una modificación de una ley que limita la capacidad civil de las mujeres y las reduce al estado de tutela, es de lo más “progresista”.

Paradoja “dignitas personae”: La paradoja “dignitas personae” hace referencia a la limitación respecto a lo que cabe considerar “dignidad” humana. La paradoja se produce al partir de premisas que al final se revelan contrarias en su acción. Ejemplo, realizar afirmaciones del tipo “a cada ser humano, desde la concepción hasta la muerte se le debe reconocer la dignidad de persona” y, sin embargo, no tener problemas en mostrar un máximo grado de tolerancia hacia la prostitución. (Nota: una paradoja de este tipo se revela en aquellas personas que, por ejemplo, rechazan leyes de aborto no restrictivas y sin embargo recurren a la prostitución como medio de satisfacción sexual).

Paradoja “manus”: La paradoja “manus” nos acerca al mandato religioso “que no sepa tu [mano] izquierda lo que hace tu derecha” y la imposibilidad a la que se enfrenta el ser humano de no dar a conocer lo que “bondadosa y dadivosamente se hace” por el bien de la religión. Ejemplo, recibir de la jerarquía eclesiástica la absolución de los pecados cometidos o por cometer a cambio de imponer el punto de vista religioso a toda la ciudadanía. La paradoja “manus” libera, así pues, de toda obligación individual y de este modo con tu mano derecha puedes avalar leyes restrictivas y la izquierda emplearla, si así te place, en acciones de dudosa moralidad.

NOTA FINAL: me temo que según se produzcan los acontecimientos no enfrentaremos a más paradojas que intentaré describir.

 

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FEMINISMO Y NO “MUJERISMO”

En 1999 publiqué el artículo“ Feminismo y no “Mujerismo” (que más abajo transcribo parcialmente) en la Revista Meridiam editada por el Instituto Andaluz de la Mujer. Han pasado doce años desde entonces y en cierta medida algunas de las cosas que entonces denunciaba, hoy vuelven a estar de máxima actualidad. Es cierto también que en estos doce años el “mujerismo” ha tomado nuevos matices que describiré en la próxima entrega “El Mujerismo hoy”. Sirva de momento esto para refrescar lo que entonces sucedía y que hoy vuelve con nuevos bríos. Cada quien que haga la lectura que crea oportuna, pero la reflexión feminista debería estar por encima de algunos silencios estratégicos bastante incomprensibles.

FEMINISMO Y NO “MUJERISMO”

La democracia paritaria: “cuestión de estética”

Cuando se habla de democracia paritaria una de las vindicaciones presentes es la cuestión cuantitativa: tantos escaños, mitad mujeres, tantas carteras, mitad mujeres, tantas alcaldías, mitad mujeres, tantos cargos de partido, mitad mujeres. Los críticos de la democracia paritaria siempre se amparan en la cuestión cualitativa: “que lleguen las mujeres que verdaderamente valen”; es, en una palabra, un alarde de misoginía camuflado de excelencia, pues presuponen que los varones que obtienen representación política son  “los que valen”. En esta pugna cuantitativa-cualitativa sabemos por racionalidad, por aplicación de los valores de igualdad, por el crédito que concedemos a la libertad, por la exigencia de universalidad, que la democracia paritaria tiene ganada la batalla. Además, tenemos constancia de la victoria por una cuestión estética. […] La sobreabundancia masculina comienza a parecernos gris y casposa, cuando no gris y rijosa. Y en este sentido es de anotar la tendencia a la “casposidad” de la que da muestras últimamente nuestro gobierno español: piensen en las fotos o imágenes televisivas en donde al señor presidente le sigue una cohorte  mayoritariamente masculina, cuando no únicamente masculina.

Partidos y “mujerismo”

De los partidos se ha escrito mucho y de todo: estructura jerárquica y cerrada,  recinto de “filias” y “fobias”, canal de ambiciones medidas y desmedidas, teatro de primeros espadas y militantes de base. A  estas radiografias conocidas tendremos que añadir otras menos consideradas como la de qué va a suponer para los partidos  la asunción de la democracia paritaria. En este momento sólo los partidos de izquierda hacen suya programáticamente la paridad, pero los partidos de derechas tendrán que asumirla en aquello que sea visible para la sociedad, como ya dije, por una cuestión de estética. El efecto de la paridad es que necesariamente termina por afectar a todos.

Sin embargo, a la mayor parte de los partidos políticos, más comprensible en los partidos de derechas y rotundamente incomprensible en los de izquierda,  el feminismo vindicativo, que es lo que subyace bajo la idea de democracia paritaria, les sigue produciendo un movimiento reflejo de parada y paso atrás. Y no creo que los partidos políticos asuman los presupuestos feministas de la noche a la mañana, más bien me temo la aparición en la escena teórica y política de una vulgarización  de la igualdad,  el “mujerismo”.

El “mujerismo” consiste en apelar a retóricas emocionales, dada la condición de mujer se supone la sintonía inmediata con el electorado femenino y cierta expectación por parte del masculino. “Mujerismo” es la frase que algunas mujeres expresan de “yo no soy feminista”: toma de postura política difícil de entender ya en una mujer de derechas, incomprensible y exabrupto en una de izquierdas. “Mujerismo” es la presentación de una mujer dedicada a la política como “mujer acogedora” y respetuosa con las decisiones de partido que tanto sirve para un roto como para un descosido: una “apagafuegos” profesional. “Mujerismo” es esa imagen, ensalzada por los medios, de las mujeres políticas dedicadas en sus momentos de descanso al cuidado de los hijos, sobrinos, nietos, etc.. “Mujerismo” es la apelación al papel de madres y esposas de las mujeres para destilar la imagen de comprensión de los problemas sociales. “Mujerismo” es evitar que las mujeres que tengan una presentación lo suficientemente carismática se puedan promover como  líderes. “Mujerismo” es cercenar las aspiraciones políticas de las mujeres, impidiéndoles que solidifiquen redes que les sirvan de trampolín, criticando actitudes que serían ensalzadas si fueran varones los que las llevaran a término. El “mujerismo” puede ser la tentación de los partidos necesariamente abocados a la paridad.

 

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La “Parusía” del PP

La Parusía, para la mayoría de los cristianos, es el acontecimiento, esperado al final de la historia, de la Segunda Venida de Cristo a la tierra, cuando se manifieste gloriosamente.

En 1 Tesalonicenses 4:17, Pablo dice “…seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire…”. Esta afirmación apunta a que la segunda venida de Jesucristo será en las nubes, y que Cristo no pondrá pie sobre tierra cuando él venga por los suyos…

Comprendo muy bien que no debería mezclar lo sagrado y lo político, pero no puedo resistirme a la comparación para explicar cómo se ha fraguado y posteriormente trasladado a la ciudadanía la victoria del PP. Toda Parusía que se precie recurre al lenguaje emocional convirtiendo en irrelevante la apelación a los argumentos (“ la insidiosa razón”).

Para promover “actos de Fe” tan masivos, en donde las personas se aprestan “felices como corderos” al fin del mundo, es imprescindible la tarea previa de los milenaristas. Para los milenaristas, el presente es Caos y hay que derrotarlo. Los milenaristas anuncian la llegada de quien derrotará al mal y será el vencedor del  Anticristo.

Al igual que en el siglo XII, los “milenaristas pepéridos” han  erosionado el presente, descalificándolo: en el presente hay incuria, incompetencia, insidia, ignorancia, ineficacia, improvisación, insuficiencia, intriga, incapacidad, inexperiencia, etc.. Es imprescindible el recurso a la atribución por vía negativa del momento actual ya que el profeta verdadero salvará al mundo, en el caso que nos ocupa a España, de ese destino negativo al que lo condujo un “falso profeta”.

¿Y cómo, me dirán, se distingue un profeta  verdadero de uno falso? Sencillo y simple: los verdaderos profetas utilizan un lenguaje críptico que deja inerte la razón y aviva la emoción. Cuanto más en suspenso quede la vía racional y más se promuevan las adhesiones primarias, más certezas nos son dadas de que nos hallamos ante el profeta anunciado. El profeta Mariano, -el verdadero, el esperado- así se nos revelaba: “haré las cosas como Dios manda”.

Y se pueden preguntar ¿y cambian mucho las cosas si las manda Dios? ¡Ya lo creo que si cambian! Sólo llevamos una semana de santo advenimiento y ya el problema de España no es debido a España y sus pésimos gobernantes, sino a Europa y el BCE. A una semana de la “venida gloriosa”, España no actúa por imposición de Alemania, sino en cooperación y coordinación con Merkel. Después de siete días del “nuevo amanecer” el milenarismo ha sido sustituido por un coro de ángeles que entona la buena nueva: “por encima de las legalidades y las formas están los mercados” (Serafín Arias Cañete). Y sí, algo hay de verdad en todo ello, como decía Pablo en Tesalonicenses, el “vencedor del mal” sigue en las nubes y aún  no ha puesto el pie sobre la tierra.

 

 

 

 

 

 

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Crónica de una misoginia desbocada




Hemos tenido que llegar al límite de que un “franco-columnista” bordeé la apología de la violencia contra las mujeres para que algunos tomen conciencia del machismo imperante; pero lo cierto es que ya desde el inicio de esta legislatura, con la creación del Ministerio de Igualdad, la misoginia se convirtió en la voz y prosa habitual de muchos tertulianos, columnistas y caterva creciente de personajillos que como recurso a su falta de creatividad (o dando curso a su “sentir natural”) se empeñaron en la denostación del Ministerio, las feministas y la igualdad.

Día a día hemos asistido a “La crónica de una misoginia desbocada”: un constante goteo de vejaciones e insultos que sumados todos vulneran los principios de la constitución y cuyo objetivo final era y es poner en quiebra la igualdad institucional. Ahora bien, si hay  ”francocolumnistas”  es porque se da o permite la orden de ataque

Cuando un columnista en la sección de opinión, -donde nada necesita ser probado, donde lo exigible no es la profesionalidad sino la visceralidad-, se refiere a “la camelancia esa del Ministerio de Igualdad” está fijando una diana política y no por un acto individual de defender un modo de vida “casposo”, sino porque sabe que contará con aliados: el silencio de algunos partidos políticos, la aquiescencia de la jerarquía eclesiástica, la neutralidad del poder judicial, el beneplácito del director del periódico y las palmaditas en la espalda de sus amigos de tertulia.

Cuando un columnista al abordar la violencia -¡ellos que han visto tantas guerras y se han curtido bajo el silbido de las balas!-, se permite referirse a la violencia contra las mujeres como “la fácil demagogia de la violencia de un género sobre otro” está fijando una diana judicial y no porque él haya interpuesto un recurso, sino porque sabe que en la instrucción del juicio sumarísimo contará con aliados: la demagogia de algunos partidos políticos, el relativismo moral de la jerarquía eclesiástica, las voces disonantes en el poder judicial que cuestionan determinadas leyes, la mirada hacia otro lado del director del periódico y la sonrisa cómplice de sus amigos de tertulia.

Cuando un columnista utiliza su columna como si de un púlpito se tratara para enseñarnos el recto obrar -las sufragistas se referían a los púlpitos como la “torre del cobarde”- y  se permite afirmaciones como “la hembra no puede caer en el fundamentalismo feminista porque eso resta razón y equilibrio” está señalando una diana social y no porque sea un ejemplo inmaculado de probidad y moralidad, sino porque  con ello  abre la veda contra la feministas ( o “feminatas desaforadas de pepitilla seca”) y contará con aliados:la contraposición mérito/igualdad que defienden algunos partidos políticos, la cultura patriarcal de la que hace gala la jerarquía eclesiática, la escasa fundamentación juridica  en torno a la libertad de expresión, el nulo espacio que el director del periódico concede al feminismo y las noches de juerga compartida con sus amigos de tertulia.

Así que nadie se engañe, cuando se permite la misoginia desbocada no pierde sólo la igualdad institucional y el feminismo, sino que perdemos todas las mujeres y vuelve el hombre que nos designa como “tordas”.

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Luces y sombras

Ayer tarde en el Círculo, tuvo lugar una mesa redonda, “Participación política de las mujeres en las luchas por la democracia y la libertad en los países árabes”, organizada por ACSUR con las siguientes intervenciones:

- Amal Hadi, Cairo Insitute for Human Rights Studies (New Women Foundation), Egipto
- Aalya Chammari, Collectif 95, Túnez
- Attika Ettaif, Association marocaine des Droits humains (AMDH), Marruecos
- Fatma Karadja, CIDEF, Argelia
- Lamya Jebareen, Women Center for Legal Aid and Councelling (WCLAC), Territorios Palestinos Ocupados.

Fue muy interesante escucharlas. Comparto las luces, las esperanzas depositadas en este nuevo escenario que se ha abierto en algunos países árabes, pero a la vez, y como ellas describían, me produce mucha incertidumbre las sombras que se ciernen para consolidar los derechos de las mujeres.

Tanto la representante egipcia como la tunecina confirmaban lo que ya sabíamos: las mujeres estuvieron desde el inicio en todo el proceso revolucionario; pero una vez derrocados los regímenes, una vez iniciado el momento de las negociaciones, las mujeres han perdido su representatividad. Alejadas del pacto constitucional las mujeres que ayer intervinieron expresaban sus temores sin tapujos: temen retrocesos en los derechos ya adquiridos; temen que el tejido social se impregne de planteamientos salafistas, temen la voz procedente de las mezquitas en manos de los hermanos musulmanes; temen, como expresó la argelina, que los poderes locales, los más cercanos a la ciudadanía, sean ganados por el islamismo político.

Pese a ello no piensan bajar la guardia, para ellas, como explicaba la representante marroquí, lo sagrado es la paridad, un estado democrático laico y los derechos civiles. Desean el reconocimiento de la ciudadanía de las mujeres, el derecho a la individualidad. Es también nuestra esperanza.

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Un uso indebido

Un uso indebidoEl sábado 26 de marzo paseaba por la calle Mayor en dirección a la Puerta del sol. De entre todas las personas que a su vez estaban en esa calle, como siempre llena de gente, destacaba un grupo familiar uniformemente vestido: él con un “Lacoste” verde, ella con una “blazer” verde y los niños, de ambos sexos, con camisetas verdes.  Así que inmediatamente caí en la cuenta de lo que sucedía: es lo bueno de las identidades que identificas, ¡valga la redundancia!, al instante.

Sabía por lo tanto lo que iba a encontrarme en Sol y me preparé mentalmente para ello. Pero la realidad siempre supera nuestras previsiones. No me llamó la atención las “pancartitas” caseras con eslóganes beligerantes, ni los exultantes grupos familiares, ni los rezos como si se acabara el mundo. Me había preparado, como dije, para una explosión jubilo-beligerante de los pro-vida. Lo que me llamó la atención fue la inmensa banderola que tapaba la fachada del edificio de la Presidencia de la Comunidad y más aún constatar que unos operarios desde los balcones sujetaban las gruesas cuerdas para que la banderola se desplegara en todo su esplendor. Y entonces sí me indigné.

Me indignó  que  se usara un edificio público para un fin religioso y político tan sesgado y que quien autorizó tal despliegue fuera, he de suponer, la máxima autoridad cuya obligación es representarnos a todos o, al menos, no amparar excesos fundamentalistas. A su vez, no pude dejar de pensar en el 25 de noviembre, día Internacional contra la Violencia de las mujeres, y en  en lo mediático y eficaz que sería enfundar el edificio con una gran banderola lila. Pensé, cómo no, en los cientos de manifestaciones que tienen por objeto la vindicación de la justicia sexual y social de las que ese edificio es testigo mudo, albergando todo lo más en su acera furgones policiales. Me lamenté, como no podía ser de otro modo, de la falta de reciprocidad y de la absoluta permisividad hacia un colectivo tan radical. Y por último me sumió en la más absoluta perplejidad que a los que les parece normal y natural que los edificios públicos se revistan de banderolas religiosas no les resulte también normal y natural que los edificios religiosos se revistan de banderolas cívicas. Quid pro quo.

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