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Feminizar no es feminismo

Publicado en Tribuna Feminista 29/11/2016 (http://tribunafeminista.org/2016/11/feminizar-no-es-feminismo/)

De “la mujer, mujer” de la que un día hablara Aznar a la “feminización de la política” en forma de cuidados, expresada por Pablo Iglesias, parecería, quizá, que se ha dado un salto cualitativo…. Pero lo cierto es que ambos mensajes parte del mismo supuesto, la idealización de las mujeres. Este tipo de mensajes nos retrotraen al siglo XIX y a excelsos representantes de la “misoginia romántica” como Schopenhauer, Nietzsche o el más galante Kierkegaard.

Afirmaba Kierkegaard, por ejemplo, que las mujeres son “el sueño del hombre”, que representan la “perfección en la imperfección”. Kierkegaard destacaba que la naturaleza femenina tendía a la proximidad, esto es, que su capacidad “para estar cerca” las diferenciaba de modo completo y absoluto de las capacidades y características de los varones. Así es que cuando en boca de un varón del siglo XXI oigo expresiones como “feminizar la política”, y todo ello consiste en atribuir un cierto esencialismo a lo que significa “ser mujer” como – cito textualmente- “feminizar es un tipo de solidaridad”, “feminizar es construir comunidad”, “feminizar es una red de apoyo” o “matria es la comunidad que te cuida”, pienso inevitablemente en que la galantería misógina del siglo XIX vuelve a tener voz a través de Pablo Iglesias.

Cuando en boca de un varón del siglo XXI oigo expresiones como “feminizar la política”, y todo ello consiste en atribuir un cierto esencialismo a lo que significa “ser mujer” como – cito textualmente- “feminizar es un tipo de solidaridad”, “feminizar es construir comunidad”, “feminizar es una red de apoyo” o “matria es la comunidad que te cuida”, pienso inevitablemente en que la galantería misógina del siglo XIX vuelve a tener voz a través de Pablo Iglesias

Afirma, sin embargo, el galante Iglesias que le parecen bien las cuotas o la paridad por las cuales las mujeres alcanzan una representación equitativa en puestos de representación política o empresarial. Podría por lo tanto parecer que me excedo al emparentar a Iglesias con la misoginia decimonónica, pero todos mis intentos por salvarlo de la cohorte misógina se tornan vanos cuando él mismo es el que afirma que la representación equitativa de mujeres y varones en puestos representativos trasviste a las mujeres, y cito textualmente, en “portavoces varones que son mujeres”.

Parece pues que el galante Iglesias, incapaz de hablar de “mujeres” menos aun de “feminismo”, cuando se refiere a eso de “feminizar” piensa más bien en “el sueño del varón” y que en coincidencia con Kierkegaard “la emancipación de las mujeres es una invención del diablo”.

La tentación de la casilla cero

Alicia Miyares

Publicado en Infolibre junio de 2014

Cuando la democracia comienza a perfilarse en la última mitad del siglo XIX como la forma de gobierno posible y deseable, tres serán  las teorías políticas que contribuirán a su cimiento ideológico: el liberalismo, el socialismo (entiéndase éste con todos los matices) y el feminismo. Qué modelo de sociedad es el más deseable, cuáles han de ser las condiciones mínimas para garantizar la autonomía de las personas, qué tipo de estado es el más eficaz para resolver los problemas de la ciudadanía, fueron y siguen siendo cuestiones inherentes a la propia democracia y las diferentes, y en muchos casos antagónicas,  respuestas estuvieron y están determinadas por la teoría política a la que se recurra.

La cohabitación de las distintas ideologías en el escenario democrático no ha sido fácil, pero lo que distingue a la democracia de otras formas de gobierno como dictaduras, teocracias, etc. es que es la forma de gobierno que da cauce al desacuerdo, garantizando, a su vez, la convivencia pacífica de ideologías enfrentadas. En esta pugna ideológica le correspondió al feminismo la peor parte, puesto que en el decurso histórico ha sido considerada una teoría política, indeseada, inmoral y antinatural por el pensamiento conservador y ha sido incomprendida o “aparcada” por el pensamiento político de izquierdas. Muchas han sido las razones por las cuales al feminismo se le desprecia o ignora, pero me limitaré a indicar las claramente ideológicas.

El pensamiento conservador desde Locke a nuestros días siempre ha utilizado la idea de la Familia como metáfora política, por la cual se concibe el Estado  como una gran familia: en ambas instituciones “la natural-tradicional” y la “publica-imaginaria” ha de haber una última autoridad que “por costumbre” (expresión de Locke) reposa en el varón. Así pues,  la irrupción del discurso feminista que subvierte el “orden natural” del mundo, que cuestiona la idea de una “familia natural” jerarquizada, que afirma el igual derecho a la autoridad de mujeres y varones y que reniega de la existencia de roles diferenciados le ha de parecer al conservadurismo político una seria y repugnante amenaza a sus posiciones políticas. Ello no está reñido con que en nuestros días, sean muchas las mujeres que ostenten representatividad en la esfera de lo público-político siempre y cuando el sustrato ideológico no se cuestione.

Por otra parte, contradictoria ha sido la relación del feminismo con el pensamiento político de izquierdas, ya que ambas teorías políticas desde su origen vincularon la idea de justicia social con igualdad. Sin embargo, en el pensamiento político de izquierdas se dio una especial relevancia a los conceptos de “clase social” y  “explotación”, afirmando con ello que combatir la desigualdad dependía de la aplicación de políticas equitativas de distribución de la riqueza. El feminismo, por su parte, a este planteamiento le añadiría un matiz de hondo calado al señalar que la desigualdad no residía únicamente en desigualdades materiales, sino también en desigualdades normativas y culturales para las que la aplicación de criterios distributivos eran claramente insuficientes: la desigualdad no era sólo explotación y carencia de oportunidades, sino también todos los rasgos de opresión que se confabulaban en torno a la categoría “sexo” y que afectaban a las mujeres por el hecho de ser mujeres: subordinación, carencia de poder, marginación, violencia e imperialismo cultural (androcentrismo). Ahora bien, este matiz feminista fue y sigue produciendo resistencias a su aceptación: en el binomio mujer-varón que las mujeres representen al proletariado  y los varones a la burguesía, en feliz expresión de Engels, no parece implicar contradicción alguna para afamados izquierdistas. La no aceptación del feminismo o la resistencia a sus vindicaciones sólo puede responder a la creencia, aunque no se haga pública, de que realmente hay un “orden natural” de los sexos.

Pese a estos antecedentes históricos y  resistencias actuales, el feminismo y las corrientes políticas de izquierda estaban llamadas a entenderse y limar las desconfianzas. Este tender puentes comenzó en el último tercio del siglo XX y en muy buena medida contribuyó a ello, en las sociedades democráticas, el afianzamiento del modelo de sociedad basado en el “Estado de bienestar”: la idea de mejorar, completar y consolidar ese modelo social llevará al cruce de caminos entre el feminismo y la socialdemocracia. Surgió de todo ello una agenda política nada desdeñable por lo que sería inadecuado tildarla de “intraagenda” feminista: el feminismo no opera como un lobby o grupo de interés. Su agenda política es una agenda colectiva, puesto que el feminismo al promover cambios en los modos de vida de las mujeres indefectiblemente promueve cambios en los modos de vida de los varones.

En el caso de España, por ejemplo, la agenda política feminista fue llevada a término, en algunos de sus puntos, por el último gobierno socialista. Se legisló en materia de derechos sexuales y reproductivos, en violencia de género, en la necesaria representatividad de las mujeres, en el reconocimiento de las tareas de cuidado,  en cambios en los contenidos curriculares en el aula, en mecanismos preferenciales de acceso de las mujeres al empleo etc., pero a la par no se articularon los suficientes diques de contención a la reacción que día a día   en los púlpitos, en sectores o administraciones educativas, en instituciones académicas y en medios de comunicación lograron generar un estado de opinión en contra sin precedentes.  El objetivo del pensamiento reactivo conservador se centró básicamente en instalar en la opinión pública que un grupo de interés, las feministas, pretendía imponer una agenda indeseada. Se importó de los grupos “neocon” estadounidenses el uso del  término “feminazi” para criticar a los colectivos de mujeres feministas. La campaña de descrédito de aquellos años ha llegado a nuestros días traducida en dos versiones: impunidad o desconfianza.

Así por ejemplo, el conservadurismo político está operando con total impunidad para desbaratar todo lo que tenga que ver con políticas de igualdad y con cambios normativos y culturales, confiados además en que no es esperable una campaña mediática y crítica de proporciones parecidas a las sufridas por el gobierno socialista. El pensamiento político conservador tiene como objetivo situar al feminismo, de nuevo, en la casilla cero. Por otra parte, en algunos sectores de izquierda  o de la nueva izquierda emergente se ha instalado la desconfianza. A ellos se debe la expresión “feminismo institucional” con evidentes connotaciones peyorativas para designar lo llevado a cabo por las feministas socialistas, feministas de otros partidos políticos y las organizaciones de mujeres. La expresión “Feminismo institucional” es de todo punto inadecuada por inexacta pues si pudiéramos remitirnos a una institucionalidad feminista no sería tan fácil alterar lo alcanzado en términos legislativos en materia de igualdad. Parece, por lo tanto, anidar en algunos sectores de la izquierda política la tentación de volver de nuevo a la casilla cero, en la creencia que desde esa posición originaria se podrán hacer las cosas de otra manera y mejor.

Ante esta situación corresponde al feminismo y a las feministas sobrevolar  la polaridad en la que parecen haberse instalado los partidos políticos. Si bien muchas feministas nos identificamos también con unos u otros partidos políticos, siempre hemos operado con la idea de la igualdad como reconocimiento lo que nos ha permitido no caer en la estrechez de miras del “y tú más”. Nada sería más desastroso para el feminismo que incurriera en la enfermedad que lastra a los partidos políticos, incluidos  los de nuevo cuño, las valoraciones alicortas y los juicios cínicos o cicateros. El feminismo tiene el suficiente camino andado para iluminar una democracia más plena.

 

El Tren de la libertad (imágenes)

A VECES LAS IMÁGENES DICEN MÁS QUE LAS PALABRAS

EL TREN DE LA LIBERTAD 3

Porque Yo decido

Texto que se entregará en el Congreso de los Diputados
En Madrid, el 1 de febrero, partiremos a las 12.00 h desde la estación de Atocha hacia el Congreso de los Diputados, donde entregaremos, por registro, el siguiente texto, escrito por Alicia Miyares, al Presidente del Gobierno, el Presidente del Congreso, la ministra Ana Mato, el ministro Alberto Ruiz Gallardón y los distintos grupos del Congreso.
Más información.

Porque yo decido.

Porque yo decido desde la autonomía moral, que es la base de la dignidad de una persona, no acepto imposición, o prohibición alguna en lo que concierne a mis derechos sexuales y reproductivos y, por lo tanto, a mi plena realización como persona. Como ser humano autónomo me niego a ser sometida a tratos degradantes, injerencias arbitrarias y tutelas coactivas en mi decisión de ser o no ser madre.

Porque soy libre invoco la libertad de conciencia como el bien supremo sobre el que fundamentar mis elecciones. Considero cínicos a quienes apelan a la libertad para restringirla y malévolos a quienes no importándoles el sufrimiento causado quieren imponer a todos sus principios de vida basados en inspiraciones divinas. Como ser humano libre me niego a aceptar una maternidad forzada y un régimen de tutela que condena a las mujeres a la “minoría de edad sexual y reproductiva”.

Porque vivo en democracia y soy demócrata acepto las reglas de juego que deslindan derechos de pecados y ley de religión. Ninguna mayoría política nacida de las urnas, por muy absoluta que sea, está legitimada para convertir los derechos en delitos y obligarnos a seguir principios religiosos mediante sanción penal. Como ciudadana exijo a los que nos gobiernan que no transformen el poder democrático, salvaguarda de la pluralidad, en despotismo.

Porque yo decido, soy libre y vivo en democracia exijo del gobierno, de cualquier gobierno, que promulguen leyes que favorezcan la autonomía moral, preserven la libertad de conciencia y garanticen la pluralidad y diversidad de intereses.

Porque yo decido, soy libre y vivo en democracia exijo que se mantenga la actual Ley de salud sexual y reproductiva y de interrupción voluntaria del embarazo por favorecer la autonomía moral, preservar la libertad de conciencia y garantizar la pluralidad de intereses de todas las mujeres.

El clan del macho cavernario

 

Pertenecen a esta estirpe todos los que hacen gala de una profunda misoginia. Para desgracia de este país son muchos los que careciendo de ideas y mínimos morales gozan de  bulas inauditas para verter su desprecio hacia las mujeres y por ende hacia la humanidad en su conjunto. Lamentablemente no hay restricciones públicas a la misoginia, como si las hay al “racismo” o al “nazismo”, por ejemplo.

No hay semana que trascurra sin que alguna ocurrencia del “clan del macho cavernario” vea la luz. Modestamente he decidido dedicar el Blog a dar cuenta de “La caverna” en este país: vendría a ser un boletín de la misoginia y la reacción. Me temo que dispondré de abundante material. Sirvan de muestra estas dos noticias:

  • Cabrones a favor de la prostitución: “343 cabrones” piden a la Asamblea Nacional francesa: “no toques a mi puta”. Por una vez se han definido a la perfección y, como era de esperar, en España este manifiesto fue secundado entre otros por Sánchez Dragó. En “Yo cabrón”,  se ampara Dragó en el “imperativo de la testosterona” para mostrarse favorable a la vejación sexual que implica la prostitución.  Pérez Reverte, otro eximio representante del Clan del Macho Cavernario, se suma al manifiesto en “Putas, chulos y ayuntamientos”. Su argumento se limita a demandar que “tras una dura jornada laboral” los varones gocen de  “patente de corso” para  comprar el “chichi” que estimen oportuno. La razón de peso esgrimida es que “La prostitución es vieja como el mundo” (imagino que tal “innovación intelectual” lo ha vuelto un poco mas calvo).
  • “El arzobispo de Granada edita un libro que enseña a la mujer a ser sumisa”.   Dispone este prelado de una editorial a través de la cual canalizar escritos fundamentalistas.  En defensa del libro “Casate y sé sumisa”, el arzobispo, por medio de un comunicado, asevera que las publicaciones de la editorial “están marcadas por el amor a lo humano”: ¡extraño concepto de  amor es el que incita a la sumisión!. No se encuentra en el comunicado del arzobispo acto de contrición alguno, sino, por el contrario, alarde de su persona, ya que su predicación, afirma, es acorde con las enseñanzas de la Iglesia. “En la boca del necio está la vara de la soberbia” (Pr.14)   y para evitar más necedades no habría mejor medida que la destitución del arzobispo (“suspensión a divinis”).

LO SAGRADO Y LO SACRÍLEGO

Mujeres-defensa-aborto-interrumpen-pleno-Congreso-mientras-interviene-ministro-Justicia-Alberto-Ruiz-Gallardon

  • SAGRADO ES el reconocimiento de la dignidad intrínseca de las mujeres, siendo parte inalienable de sus derechos, los derechos sexuales y reproductivos.       SACRÍLEGO  ES no reconocer como intrínsecos a las mujeres los derechos sexuales    y  reproductivos y despojar a las mujeres del derecho a decidir.
  • SAGRADO ES que las mujeres -liberadas del temor y la miseria que en sus vidas ejercieron los mandatos religiosos- disfruten de la libertad de elección, ya que es la aspiración más elevada de todo ser humano.                                                        SACRÍLEGO ES el menosprecio a dicha libertad de las mujeres y la vuelta a un      régimen de tutela que condena a las mujeres a una “minoría de edad sexual y reproductiva”.
  • SAGRADO ES que las mujeres no sean sometidas a tratos degradantes o a injerencias arbitrarias respecto a la toma de decisión en torno a la maternidad.             SACRÍLEGO ES forzar a las mujeres a una maternidad impuesta.                                               
  •  SAGRADO ES que los derechos de las mujeres sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que las mujeres no se vean compelidas al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión.                                                                    SACRÍLEGO ES  que un gobierno democrático, cuyo mandato supremo es consolidar los derechos adquiridos, se afane, por el contrario en impedir el libre ejercicio de los derechos de las mujeres.
  • SAGRADO ES promover la igualdad de derechos de mujeres y hombres y el progreso social,  elevando el nivel de vida gracias a un concepto más amplio de libertad.  SACRÍLEGO ES no respetar estas reglas e incluso actuar contra las mismas.

PD: inspirado en el Preámbulo de La Declaración Universal de los Derechos Humanos.

 

 

Dimitir como Esperanza

dimitir como esperanza1 “Dimitir como Esperanza por el bien de la enseñanza”. En defensa de la la Enseñanza Pública,

YO ACUSO

Yo acuso a las Sras. Saenz de Santamaría, Esperanza Aguirre, Dolores de Cospedal, Ana Mato y compañía de trabajar en contra de la agenda de la igualdad y Sí señoras mías las  feministas, y yo como tal, les podemos dar lecciones de igualdad porque la igualdad no es, como ustedes hacen, apelar a la “condición femenina” , sino precisamente disolver tal apelación, que en su acepción buena daría en “caballerosidad” y en la mala en “misoginia”. (Nota: como a las mujeres del PP les supongo, a priori, “buenas intenciones” hemos de concluir que son extremadamente “caballerosas”).

yo acuso a las mujeres del PP por la mansa aceptación de la vulneración de la ley de Igualdad en lo que atañe a la paridad en los altos cargos de la administración. El PP ha condenado el mérito y el talento de las mujeres a la irrelevancia, ya que si el criterio de mérito es para este partido la condición de acceso a las cumbres del poder, dada la falta de paridad, debemos concluir, a nuestro pesar, o bien que “el mérito” no parece neutro y objetivo o bien que las mujeres del PP carecen de mérito y talento. (Nota: si esto último les molesta den la batalla en su partido y entonces creeremos que defienden la igualdad).

Yo acuso a las mujeres del PP de poner en riesgo el tejido institucional que ha permitido los avances en igualdad en nuestro país. Tanto a nivel autonómico como nacional, las mujeres del PP, Cospedal, Aguirre, Mato… han suprimido o modificado sustancialmente las estructuras que velan por la Igualdad, los Institutos de la mujer.(Nota: la cultura institucional en torno a la igualdad no consiste en presentar como credenciales “la primera mujer en…”, sino en garantizar  derechos civiles y sociales para todas las mujeres de este país).

Yo acuso a las mujeres del PP de actuar como “educadoras en la Fe”. Los cuestionamientos a la píldora postcoital y el anunciado  cierre de filas de las mujeres del PP en torno a la contrareforma del aborto, nos dan  la verdadera dimensión de qué es lo que entienden por valores femeninos en la sociedad, lo que la Iglesia ha dado en llamar la «capacidad de acogida del otro» que traducido a un lenguaje menos beatífico significa menos reivindicación de una misma y más vocación de sacrificio.( Nota: no deseo conservar, como afirmaba el Cardenal Ratzinger, “la profunda intuición de que lo mejor de mi vida está hecho de actividades orientadas al despertar del otro”).

En definitiva, yo acuso a las mujeres del PP de no poner en valor los derechos civiles de las mujeres, de consolidar prejuicios religiosos, de trasladar estereotipos, y de no entender que la igualdad no se resuelve en frases, ni en denuncias que les resulten más o menos cómodas debido al mayor consenso social (violencia de género). La igualdad consiste en modificar los actuales modos de vida para que nadie merme la ciudadanía plena de las mujeres.

P.D.: Os animo a añadir vuestro “Yo acuso” particular.

FEMINISMO Y NO “MUJERISMO”

En 1999 publiqué el artículo” Feminismo y no “Mujerismo” (que más abajo transcribo parcialmente) en la Revista Meridiam editada por el Instituto Andaluz de la Mujer. Han pasado doce años desde entonces y en cierta medida algunas de las cosas que entonces denunciaba, hoy vuelven a estar de máxima actualidad. Es cierto también que en estos doce años el “mujerismo” ha tomado nuevos matices que describiré en la próxima entrega “El Mujerismo hoy”. Sirva de momento esto para refrescar lo que entonces sucedía y que hoy vuelve con nuevos bríos. Cada quien que haga la lectura que crea oportuna, pero la reflexión feminista debería estar por encima de algunos silencios estratégicos bastante incomprensibles.

FEMINISMO Y NO “MUJERISMO”

La democracia paritaria: “cuestión de estética”

Cuando se habla de democracia paritaria una de las vindicaciones presentes es la cuestión cuantitativa: tantos escaños, mitad mujeres, tantas carteras, mitad mujeres, tantas alcaldías, mitad mujeres, tantos cargos de partido, mitad mujeres. Los críticos de la democracia paritaria siempre se amparan en la cuestión cualitativa: “que lleguen las mujeres que verdaderamente valen”; es, en una palabra, un alarde de misoginía camuflado de excelencia, pues presuponen que los varones que obtienen representación política son  “los que valen”. En esta pugna cuantitativa-cualitativa sabemos por racionalidad, por aplicación de los valores de igualdad, por el crédito que concedemos a la libertad, por la exigencia de universalidad, que la democracia paritaria tiene ganada la batalla. Además, tenemos constancia de la victoria por una cuestión estética. […] La sobreabundancia masculina comienza a parecernos gris y casposa, cuando no gris y rijosa. Y en este sentido es de anotar la tendencia a la “casposidad” de la que da muestras últimamente nuestro gobierno español: piensen en las fotos o imágenes televisivas en donde al señor presidente le sigue una cohorte  mayoritariamente masculina, cuando no únicamente masculina.

Partidos y “mujerismo”

De los partidos se ha escrito mucho y de todo: estructura jerárquica y cerrada,  recinto de “filias” y “fobias”, canal de ambiciones medidas y desmedidas, teatro de primeros espadas y militantes de base. A  estas radiografias conocidas tendremos que añadir otras menos consideradas como la de qué va a suponer para los partidos  la asunción de la democracia paritaria. En este momento sólo los partidos de izquierda hacen suya programáticamente la paridad, pero los partidos de derechas tendrán que asumirla en aquello que sea visible para la sociedad, como ya dije, por una cuestión de estética. El efecto de la paridad es que necesariamente termina por afectar a todos.

Sin embargo, a la mayor parte de los partidos políticos, más comprensible en los partidos de derechas y rotundamente incomprensible en los de izquierda,  el feminismo vindicativo, que es lo que subyace bajo la idea de democracia paritaria, les sigue produciendo un movimiento reflejo de parada y paso atrás. Y no creo que los partidos políticos asuman los presupuestos feministas de la noche a la mañana, más bien me temo la aparición en la escena teórica y política de una vulgarización  de la igualdad,  el “mujerismo”.

El “mujerismo” consiste en apelar a retóricas emocionales, dada la condición de mujer se supone la sintonía inmediata con el electorado femenino y cierta expectación por parte del masculino. “Mujerismo” es la frase que algunas mujeres expresan de “yo no soy feminista”: toma de postura política difícil de entender ya en una mujer de derechas, incomprensible y exabrupto en una de izquierdas. “Mujerismo” es la presentación de una mujer dedicada a la política como “mujer acogedora” y respetuosa con las decisiones de partido que tanto sirve para un roto como para un descosido: una “apagafuegos” profesional. “Mujerismo” es esa imagen, ensalzada por los medios, de las mujeres políticas dedicadas en sus momentos de descanso al cuidado de los hijos, sobrinos, nietos, etc.. “Mujerismo” es la apelación al papel de madres y esposas de las mujeres para destilar la imagen de comprensión de los problemas sociales. “Mujerismo” es evitar que las mujeres que tengan una presentación lo suficientemente carismática se puedan promover como  líderes. “Mujerismo” es cercenar las aspiraciones políticas de las mujeres, impidiéndoles que solidifiquen redes que les sirvan de trampolín, criticando actitudes que serían ensalzadas si fueran varones los que las llevaran a término. El “mujerismo” puede ser la tentación de los partidos necesariamente abocados a la paridad.

 

Juan Pablo II en el Congreso de los Diputados

Publicado en El Diario.es el 03/07/2014 (http://www.eldiario.es/zonacritica/Juan-Pablo-II-Congreso-Diputados_6_277582261.html)

En la Cámara Baja se ha dado expresión a un “apostolado y política familiar” que subordina los derechos de las personas, en este caso de las mujeres, a los designios divinos

En 2007 nacía en Santiago de Chile la organización “Acción mundial de Parlamentarios y Gobernantes por la Vida y la Familia”, que ahora en 2014 ha “ocupado” el Congreso de los Diputados con el Seminario Internacional por el derecho a la vida. Para explicar esta cesión de un espacio institucional últimamente “vallado” a vindicaciones políticas, conviene una somera explicación de quiénes son y cuál es el origen de esta asociación que de modo tan vertiginoso ha trascendido fronteras y asentado sus reales en el centro de la toma de decisiones políticas. Y no sólo en España, por cierto.

Pertenecen a Acción Mundial de Parlamentarios y Gobernantes por la Vida y la Familia, un nutrido grupos de representantes políticos –procedentes de Latinoamérica, España, Estados Unidos, Portugal, Italia, Gran Bretaña y Francia, entre otros países– unidos en torno a un discurso que tiene por objetivos analizar estrategias y compartir experiencias para impedir reformas legales que avalen la despenalización del aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo.

¿De dónde les nace a estos parlamentarios esta vocación “antielección” centrada sólo en dos puntos? Su adhesión a tan limitada agenda, negación de derechos, no está inspirada en el hecho de ser mayoritariamente políticos conservadores, sino por compartir profundas convicciones religiosas, siendo la religión católica la mayormente representada. Los católicos –cuya religión es la más representada de esta organización– funcionan a todo efecto no como un cuerpo político, sino como un cuerpo eclesiástico en sintonía con las tesis vaticanas defendidas por el Papa Juan Pablo II. A la asociación “Acción Mundial de parlamentarios por la vida y la familia” se les podría definir como un auténtico “apostolado familiar” que “tienen como finalidad el bien humano y cristiano de la familia”.

Muchas de las afirmaciones vertidas por los integrantes católicos de esta asociación siguen fielmente lo expresado por Juan Pablo II en su Exhortación Apostólica “Familiaris Consortio”. En este documento, el expontífice hace un llamamiento a los católicos del mundo para que se erijan en defensores de la familia y de la vida, entendiendo por familia “la alianza esponsal que se establece entre el hombre y la mujer” cuyo fin es la procreación, y por vida aquella que se produce en el instante mismo de la concepción hasta que sobrevenga la muerte natural. En este texto papal se describe cómo han de actuar políticamente la Iglesia y las familias cristianas para contrarrestar la toma de decisiones políticas en la extensión de derechos sexuales y reproductivos: abogaba Juan Pablo II por la intervención política de los católicos cuya “misión debe ponerse al servicio de la edificación de la Iglesia y de la construcción del Reino de Dios en la historia”.

Para tan alto cometido, Juan Pablo II planteó la necesidad de promover el asociacionismo internacional entre organizaciones de familias y laicos especializados con la finalidad “de formar las conciencias según los valores cristianos y no según los criterios de la opinión pública”. No dudó tampoco el expontífice a la hora de afirmar la prevalencia de la familia cristiana sobre los Estados en la resolución de los conflictos que pudieran producirse por legislaciones que atentaran contra la doctrina cristiana: “La familia, según los planes de Dios, es célula básica de la sociedad, sujeto de derechos y deberes antes que el Estado. […] Por esto la Iglesia defiende abierta y vigorosamente los derechos de la familia contra las usurpaciones intolerables de la sociedad y del Estado”.

Para Acción Mundial de Parlamentarios y Gobernantes por la Vida y la Familia, alineada con estas posiciones vaticanas, es rechazable todo proyecto de ley que acepte o suponga cualquier tipo de práctica abortiva, eutanásica, o que manipule la vida humana. En el ideario de esta organización, los cauces democráticos no existen si afectan a estas cuestiones. Son temas innegociables. Así pues, en el Congreso de los Diputados se ha dado expresión a un “apostolado y política familiar” que se resiste a aceptar la pluralidad en los modos de vida y que, por lo tanto, subordina los derechos de las personas, en este caso de las mujeres, a los designios divinos.