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Lo llaman feminismo y no lo es: “solipsismo sexual”

El espejismo individualista de la “libre elección” aplicado al territorio de la sexualidad deriva en lo que denominaré “solipsismo sexual”. La metafísica solipsista afirma que la única garantía de certeza es el propio yo, por lo que se convierte en irrelevante determinar qué tipo de relación es la que establece un “yo” con otros “yoes”. Si combinamos “solipsismo” y “sexualidad” sólo existe la subjetividad y la unión entre subjetividades, no está motivada por nociones compartidas de justicia sexual o social o por la consecución de la igualdad; la unión entre subjetividades nace de “afinidades voluntarias”, no importa mucho qué signifique esta expresión ya que todo ha de quedar en el reino de lo difuso: “cada cual descubre que yo soy yo, y que ser yo es mi única ley”. En este momento, hay tantos géneros como personas, o muchos más, puesto que cada persona puede evolucionar en el entendimiento de su subjetividad. En el siguiente momento, las personas podemos unirnos por afinidades voluntarias, que en materia sexual, hacen de los géneros conjuntos voluntarios y difusos”. La afirmación de que “hay tantos géneros como personas” y que la interacción entre géneros-personas es difusa, o sea poco clara, es un perfecto ejemplo de aporía solipsista. El yo subjetivo y lo difuso de las relaciones sirve, a todo efecto, para legitimar cualquier tipo de práctica sea esta justa o injusta, digna o indigna, de dominio o sumisión.

No importa mucho qué signifique esta expresión ya que todo ha de quedar en el reino de lo difuso: “cada cual descubre que yo soy yo, y que ser yo es mi única ley”.

Algunos de los estudios queer, transfeministas, posfeministas, pornofeminista, etc. sobre la sexualidad, partiendo del inmutable dictum “somos lo que nos apetece” se encuadran en una metafísica de corte solipsista que “molestando, repensando y resignificando” no altera un ápice las estructuras de poder ni de dominio. La utilización del sufijo “feminista” o “feminismo” revela que el verdadero objeto del “solipsismo sexual” es molestar, repensar y resignificar el feminismo para adaptarlo al territorio de la subjetividad. Siguiendo la lógica solipsista habría “tantos feminismos como personas” y debido a esta multiplicidad deberíamos aceptar nuestra incapacidad para determinar si las relaciones entre subjetividades son justas o injustas, pues el solo hecho de que obedezcan a actos o decisiones voluntarias anula la pertinencia del análisis. Por ello el solipsismo sexual que subyace en determinados posicionamientos “queer”, “trans”, “post”, “porno” son hijos pelín transgresores, pero totalmente consentidos de la familia “neoliberal”.

El “solipsismo sexual”, al tomar como únicos referentes de acción la construcción de la subjetividad, el deseo y la identidad individual, contribuye a borrar, al igual que el neoliberalismo, toda memoria de la igualdad social.

El “queer solipsismo”, el “trans-solipsismo”, el “postsolipsismo”, el “pornosolipsismo”, al tomar como eje discursivo al microindividuo sexualizado, aboca a las personas a un plano de existencia pre-crítica y pre-política, ya que los referentes identitarios y las reglas que rigen sus comportamientos están elaboradas a partir de las demandas en cada situación. El “solipsismo sexual”, al tomar como únicos referentes de acción la construcción de la subjetividad, el deseo y la identidad individual, contribuye a borrar, al igual que el neoliberalismo, toda memoria de la igualdad social.

Nadie declara ser “solipsista sexual” (suena muy feo, tanto casi como “onanista”), pero lo son todas las personas que anteponen la “libre elección” a cualquier consideración ética y jurídica o anteponen los deseos individuales a los derechos sociales. El “solipsismo sexual” y la “libre elección” son connaturales al género explicativo propio del neoliberalismo. Sin embargo, personas afines a los postulados feministas y de izquierdas utilizan reverencialmente el recurso argumentativo de la “libre elección” para, al igual que opera la ideología neoliberal, dar respuesta a demandas y situaciones concretas sin entrar a considerar las consecuencias. A todo efecto, la “libre elección” opera en el seno del feminismo y de la izquierda como un troyano, neoliberal en este caso, que inficiona o corrompe los planteamientos feministas y de izquierdas desde dentro.

 

“Hágase en mí según tu contrato”

El debate en Valencia, ‘Vientres de alquiler. ¿Todo el feminismo dice que no?‘, me ha provocado una serie de impresiones en torno al colectivo “Son nuestros hijos” que no puedo por menos que trasladaros.

“Son Nuestros Hijos” es un colectivo que día a día que pasa se parecen cada vez más al colectivo “Pro-Vida”. De hecho van camino ambos de hacerse homólogos. No sólo porque acudieron al acto con criaturas que comienzan a entrar en el uso de la razón (6-7 años), exponiéndolas a un debate intenso y en algunos tramos bronco, sino también por sus actitudes y discursos similares en todo a los “Pro- Vida”. Ambos colectivos sostienen discursos sobre la maternidad/paternidad lesivos para el reconocimiento de los derechos de las mujeres: los Pro-Vida entienden la maternidad/paternidad como un “don” de Dios, por lo que se muestran favorables a una maternidad impuesta y forzada para las mujeres y contrarios a que existan legislaciones favorables al aborto. A su vez, el colectivo “Son nuestros hijos” entienden la maternidad/paternidad como “intención” por lo que se muestran favorables a una maternidad/paternidad sujeta a contrato y condiciones y contrarios a que se reconozca el derecho de filiación y custodia que asiste a toda mujer embarazada.


Amparándose en conceptos tan inescrutables como “don”(Pro-Vida) o “intención” (Son nuestros hijos) el resultado para las mujeres es el mismo: tanto en el bíblico “hágase según tu voluntad”, como en el  neoliberal y moderno “hágase según tu contrato”, son terceras personas las que deciden o se apropian del “fruto” del vientre de las mujeres.

Vientres de alquiler: de nuestros cuerpos a vuestras necesidades

Alicia Miyares. XIII Escuela Feminista Rosario Acuña

Emitido en directo el 17 jun. 2016

Vientres de alquiler: consecuencias éticas y jurídicas

Publicado en El Diario el 30/06/2015 (http://www.eldiario.es/zonacritica/Vientres-alquiler-consecuencias-eticas-juridicas_6_404269596.html)

“No puede ser objeto de contrato el útero de la mujer y la criatura porque no es posible evitar la mercantilización”

“La admisión legal de contratar un vientre para gestar un hijo a favor de terceros refuerza los estereotipos de género y da lugar al surgimiento de nuevos colectivos de mujeres explotadas”

Abordar esta cuestión invocando el principio de la libertad individual suele producir debates estériles, puesto que siempre se olvida, no sé si de modo consciente o inconsciente, que el principio de libertad necesariamente ha de conjugarse con otros principios del mismo rango, “igualdad”, “dignidad” o “integridad física”.

Expresado de otra manera, ganar espacios de libertad significa utilizar esa libertad para plantearnos qué sociedad queremos y, entre otras cosas, establecer los límites de lo que se puede comprar o vender. No podemos sacrificar esta aspiración por la mera invocación de la palabra “elección”. Quienes reducen la libertad a la “elección”  abren la puerta al “todo vale”. Y, pese a quien pese, “no todo vale”. De ahí que sea más fructífero para dirimir y debatir sobre la “gestación subrogada” evaluar sus consecuencias éticas y jurídicas que no abordarla desde el limitado marco de la experiencia individual, las vivencias o los deseos.

Hay demasiadas preguntas sin respuesta para que alegremente mostremos una posición favorable a aceptar el alquiler de vientres, sea este altruista o comercial. De ahí que la campaña “NoSomosVasijas” pretenda poner en el centro del debate cuestiones y problemas como los siguientes:

¿Puede ser objeto de contrato el útero de la mujer y la criatura que nace? Creemos que no, porque no es posible evitar la mercantilización y, por lo tanto, la cosificación de que se hace objeto a la mujer gestante y los propios niños. De hecho todos los datos disponibles nos confirman en la idea de que estamos ante un nicho de negocio evidente. No es posible sostener que haya un tipo de contrato del alquiler de úteros “altruista” porque si así fuera no habría agencias de intermediación lucrándose, abogados de despachos especializados beneficiándose, etc…

El altruismo

Respecto a las madres gestantes “altruistas” se nos plantea otra cuestión y no menor, por cierto ¿Puede la “generosidad” de la gestante altruista poner en riesgo los derechos reproductivos del conjunto de las mujeres a través de los cuales se reconoce la filiación y custodia legal de los hijos/as que nacen de la mujer que gesta? Evidentemente no.

Se nos pide que aceptemos la condición de “altruismo” para transferir la custodia y en un hipotético mañana ¿Cuál será la trampa? Si aceptamos esta premisa no estará lejano el día en que nos encontremos que las mujeres no posean ninguna capacidad de custodia legal sobre los hijos que paren.

Por si lo anterior no fuera suficiente, la admisión legal de contratar un vientre para gestar un hijo a favor de terceros refuerza los estereotipos de género y da lugar al surgimiento de nuevos colectivos de mujeres explotadas como sucede en la India, Nepal, México y en nuestras propias sociedades donde también hay, por si a alguien se le olvida, mujeres pobres. El fin de la justicia social exige de nosotros erradicar la explotación de las personas y no asumir simplistamente que, como la explotación existe, no he de poner impedimentos a nuevas formas de explotación: la explotación de las personas no se combate preguntándose retóricamente si es más explotación hacer A o hacer B. Se combate erradicando A y B.

Otra cuestión, si en los casos de adopción al uso, la madre natural no puede dar su asentimiento a la adopción hasta transcurrido un determinado plazo de tiempo posterior al parto ¿Cómo es que para el caso de la gestación subrogada se permite su consentimiento incluso antes de que se inicie la gestación? Y esta cuestión nos lleva a la siguiente ¿Por qué si una madre natural no puede dar su asentimiento para que lo adopte un particular se permite, sin embargo, cuando se contrata un útero?

Acortar los tiempos de espera

Lo que parece es que, dado que los procesos de adopción son largos en el tiempo, requieren pruebas de idoneidad de los futuros adoptantes y cumplir una serie de requisitos, se prefiere buscar la fórmula de contratar un útero que acorta los tiempos de espera y que no precisa de las exhaustivas pruebas de idoneidad a cargo del estado. Vistos los interrogantes sin respuesta nada impide describir esta práctica como “adopción express”, cuestionable en el fondo y en la forma.

Se puede contestar que el recurso a alquilar un vientre conlleva también el deseo de ser padres biológicos, pero ello suscita otra pregunta ¿Por qué es más legítimo el deseo de ser padre biológico que el deseo sobrevenido de quedarse para sí el hijo que una mujer ha gestado y alumbrado? Porque lo cierto es que ya son muchas las madres gestantes arrepentidas y firmantes de la campaña internacional “Parar la subrogación Ya” a las que nadie da respuesta y por lo que parece carecen de derecho alguno.

Estos interrogantes y muchos otros son los que deberían enmarcar el debate de “los vientres de alquiler”  porque la manida  invocación “de la elección personal” no da respuesta a nada de lo aquí planteado. Quien, por otra parte, pretenda enmarcar este debate en el terreno del feminismo abolicionista frente al feminismo reglamentista está haciendo un flaco favor al feminismo como teoría política que se reafirma en el avance de todas las mujeres, sin exclusión, garantizando los derechos de todas y no sólo de aquellas que pueden hacer uso de su libertad individual, pero que nunca se preguntan por las consecuencias para el resto de las mujeres. Ganar libertad también significa utilizar bien esa libertad.

El Feminismo dice “No”

Publicado en Tribuna Feminista, 30/05/2016 (http://tribunafeminista.org/2016/06/el-feminismo-dice-no/)

“—Porque, desde luego —dijo Mr. Foster—, en la gran mayoría de los casos la fecundidad no es más que un estorbo. Un solo ovario fértil de cada mil doscientos bastaría para nuestros propósitos. Pero queremos poder elegir a placer. “

“—Porque, desde luego —dijo Mr. Foster—, en la gran mayoría de los casos la fecundidad no es más que un estorbo. Un solo ovario fértil de cada mil doscientos bastaría para nuestros propósitos. Pero queremos poder elegir a placer. “

“Madre —repitió el director en voz alta, para hacerles entrar la ciencia; y, arrellanándose en su asiento, dijo gravemente—. Estos hechos son desagradables, lo sé.”  (Un Mundo Feliz, A. Huxley)

(ALICIA MIYARES. Portavoz de la plataforma “No somos Vasijas)

Comienza a ser evidente que ni el feminismo, ni la libertad y capacidad de decidir de las mujeres son argumentos que se puedan esgrimir para justificar la práctica de vender o “donar” las capacidades reproductivas de las mujeres -embarazo y parto- a terceras personas. Por el contrario, se distorsiona el feminismo, la libertad y decisión de las mujeres si han de ponerse al servicio de los fines reproductivos de terceras personas. Se pervierte además el feminismo si se convierte en una mera estrategia de validación de cualquier acto llevado a cabo por una mujer o grupo de mujeres por el hecho de ser mujeres.

El feminismo como ideología que pretende transformar la realidad y expectativas vitales de las mujeres ha luchado por consolidar los derechos de las mujeres. Por lo tanto, el feminismo no es una teoría de las emociones que ante la disyuntiva derechos o deseos deba anteponer, por ejemplo, el “deseo de ser padres” al ejercicio de un derecho reconocido, ni puede tomar en consideración motivaciones emocionales por la cuales algunas mujeres, mediante contrato, renuncian de facto a la filiación y custodia materna que se determina por el parto. Por ello desde el feminismo decimos NO a regular en nuestro país la “gestación subrogada”.

El feminismo dice NO a considerar la “gestación subrogada” una técnica de reproducción asistida o “donación”: El embarazo y parto es una verdad material y biológica, no una técnica. Suponer que el útero de una mujer, el embarazo y el parto son “técnicas reproductivas” deshumaniza las capacidades reproductivas de las mujeres asimilándolas a formas reproductivas más propias de los vegetales como sería el método de propagación vegetativa artificial denominado “injerto”.

A su vez, disponer de un útero no es una donación: las mujeres no hacen entrega de una parte separable de su cuerpo, más bien reciben debiendo soportar los efectos y transformaciones anatómicas, químicas, fisiológicas y psicológicas que ocurren en su cuerpo. Comparar las vicisitudes del embarazo, el parto y posparto, que pueden incluir consecuencias y secuelas permanentes o prolongadas  en el tiempo, a “donaciones inocuas” como la donación de los gametos masculinos es de todo punto esperpéntico. Por último, describir  el embarazo, parto y posparto como “molestias ocasionadas” por las cuales  justificar compensaciones económicas convierte las capacidades reproductivas de las mujeres en objeto de transacción comercial y a los hijos nacidos  en un bien con valor comercial: la familia no es un plan comercial con el que uno consigue su objetivo a cualquier pecio.

El feminismo dice No a la utilización de un lenguaje “esterilizado” que desfigura a las mujeres y la maternidad: las personas favorables a regular la práctica de contratar las capacidades reproductivas de las mujeres (vientres de alquiler) con la finalidad de obtener un hijo/a que ha de ser entregado a terceras personas recurren a todo tipo de eufemismos para enmascarar una modalidad contractual coercitiva en torno a la maternidad o al hecho de ser madre. Con La utilización de expresiones eufemísticas como “gestación subrogada” o “mujeres o cuerpos gestantes” se quieren ocultar palabras que al parecer de algunos son tabú como “embarazo”, “maternidad” o “madre”. A su vez, al describir el embarazo y parto como “proceso gestacional” pretenden transformar un hecho biológico irrefutable en un mero conjunto de etapas necesarias para concretar una operación contractual y artificiosa, quedando, así, el embarazo y parto desposeído de trascendencia alguna. Y ya, por último, despojado el embarazo y parto de toda relevancia biológica, social,  cultural y simbólica nada les impide considerarlo un contrato de arrendamiento, pero, como puede parecer grosero, prefieren designarlo como “contrato de subrogación” y a los arrendatarios como “padres de intención”.

El feminismo dice No a la renuncia de nuestros derechos para satisfacer deseos o necesidades de terceras personas: Ni la libertad, ni la capacidad de decidir se pueden transferir a terceras personas. Los derechos no se ceden. Así es que cuando las personas favorables a regular la práctica de los vientres de alquiler afirman que “garantizarán los derechos de la mujer gestante” sólo cabe preguntarles ¿qué derechos? En este país la filiación y custodia materna se determina por el parto por lo que no es posible “garantizar” ningún derecho de la mujer embarazada si previamente y por contrato se le exige expresamente la renuncia a la filiación y la custodia. Nadie debería renunciar a un derecho por una “cláusula contractual”, pero transformar en ley la renuncia a ejercer la filiación y custodia, antes incluso de que se produzca el embarazo,  es pura y simplemente fraudulento.

Últimamente, a su vez, las personas favorables a regular la práctica de alquilar las capacidades reproductivas de las mujeres prefieren describir el deseo de ser padres como “derecho a ser padres” o “derecho a la procreación”. Conviene recordar que no existe tal “derecho a la procreación”. Desde posiciones feministas la mera hipótesis de un “derecho a la procreación” no sólo nos remite a mandatos religiosos veterotestamentarios nada propicios a las mujeres, sino que además supondría la imposibilidad de articular legislaciones favorables a la interrupción del embarazo.

A modo de conclusión: es una falacia suponer que porque algo exista sea obligado regularlo. Expresado de otro modo, del hecho que una práctica sea real por una decisión, cuanto menos, irresponsable (el contrato de subrogación “es nulo de pleno derecho”) no se deduce que debamos aceptar que se regule. Cuando se afirma que la práctica de alquilar las capacidades reproductivas de las mujeres o “gestación subrogada” es una realidad, en verdad lo que se nos está sugiriendo es que quieren que sea de ese modo y que sus defensores ni conciben ni quieren decantarse por otras modalidades de acceso a conformar una familia como la adopción o la acogida de menores. Defienden en último extremo un modelo reproductivo eugenésico, discriminatorio y ultraconservador. Por ello decimos No.

Poligamia reproductiva

Publicado en Tribuna Feminista en marzo de 2016 (http://tribunafeminista.org/2016/03/poligamia-reproductiva/)

De un tiempo a esta parte es objeto de debate si en España se debe regular o no la práctica de “vientres de alquiler”, acción por la cual una mujer gestante, mediante contrato, renuncia antes de que se produzca el parto a la filiación materna.  No quiero pararme a confrontar ¿por qué el deseo  de ser padres ha de ser tomado como razón suficiente para fundamentar una norma jurídica? Tampoco me detendré en las argumentaciones pragmáticas, como las esgrimidas por el partido político Ciudadanos, que haciendo sombra al mismo Papa afirman que la regulación de la práctica de “vientres de alquiler” garantiza “la procreación, sin la cual no sólo la propia familia sino la especie humana se extinguiría”.
Quiero, por el contrario, recurrir a la antropología social y rescatar el concepto de “poligamia” para mostrar los parecidos con la práctica de “vientres de alquiler”. La preocupación por la reproducción humana es ancestral. Bajo el uso extendido del genérico “poligamía” se recogen distintos tipos de agrupamientos familiares cuya finalidad primera es garantizar la descendencia: la poliginia (la más extendida geográfica e históricamente) por la cual un varón mantiene un tipo de agrupación familiar con dos o más mujeres; la poliandria (menos extendida) por la cual una mujer mantiene agrupación familiar con dos o más varones y la poliginandria, una variante de las anteriores para describir el comportamiento de algunas especies animales, por la cual dos o más machos tienen una relación exclusiva con dos o más hembras (el número de machos y hembras no tiene que ser el mismo).

Si el fin de estos agrupamientos familiares es garantizar la descendencia se puede constatar con relativa facilidad que la práctica de “vientres del alquiler” se acerca peligrosamente a la poligamia. No sería en absoluto inadecuado describir como “poliginia reproductiva” la modalidad de “gestación subrogada” en la que entran en juego tres mujeres, la donante de los óvulos, la mujer que gesta y la “madre intencional” y quien aporta el semen sea el padre biológico e intencional. Tampoco parece errático calificar como “poliginandria reproductiva” la modalidad de “vientres de alquiler” en la que dos varones sean los “padres intencionales” y dos sean a su vez las mujeres inmersas en el proceso.

A día de hoy la poligamia, en su variante de poliginia, es legal en 47 países de Asia y África y no parece efecto de la casualidad que en una buena parte de esos países también sea legal la práctica de “los vientres de alquiler” como la India, Bangladesh, Indonesia o Nigeria, por citar sólo algunos. De igual modo que tampoco parece casual que en EEUU, en aquellos estados donde principalmente se asientan los mormones fundamentalistas, pese a que la poligamia es ilegal se tolera gracias a un fraude legal,  coincidan también con estados que aceptan la práctica de “vientres de alquiler”.  Si, por otra parte,  el derecho occidental prohíbe la poligamia en cualquiera de sus variantes no parece razón suficiente el “deseo de ser padres” para aceptar sin más la  “poligamia reproductiva”. Peor aún ¿qué impediría a futuro la aceptación de la poligamia, como forma de agrupamiento familiar, si se regulariza la “poligamia reproductiva? Nada.

 

La mística de la feminidad en el siglo XXI

Publicado en Tribuna Feminista en Febrero de 2016 (http://tribunafeminista.org/2016/02/la-mistica-de-la-feminidad-en-el-siglo-xxi/)

Uno de los rasgos que definen la “Mística de la feminidad” hoy en día es la “cultura de la maternidad total” que deriva, entre otras prácticas, en la “crianza con apego”. Esta modalidad de crianza, también descrita como “natural”, parte del supuesto que es la criatura la que demanda y marca el ritmo de sus necesidades. Por ello la ideología de “la maternidad intensiva” impone obligaciones en ocasiones poco realistas: promueve el amamantamiento prolongado y a demanda, dormir con los hijos para que sientan a sus padres más cerca y un mayor contacto físico en brazos. La “crianza con apego” refuerza la exclusividad de los progenitores por lo que se desaconseja el uso de las guarderías…..Debido a todas sus vertientes y matices no debería asombrarnos que este tipo de crianza sea objeto de análisis en ámbitos feministas.
are-you-mom-enoughPor ejemplo, no incumbe al feminismo determinar si la leche materna es  más o menos saludable,  pero sí le concierne alertar de que, a día de hoy, la comunidad científica se apoya sustancialmente en los roles de género por lo que en la mayoría de estudios relativos a cuidados y crianza se suelen referir en exclusiva a la relación de la madre con la criatura. Tratan por ello a las mujeres sólo como madres ofreciendo consejos en torno a la maternidad, pero olvidándose de aconsejar en el autocuidado. No parece probado tampoco que la “crianza con apego” proporcione un desarrollo emocional futuro sano y seguro, no más que otras modalidades de crianza, por lo que no parece “saludable” alentar públicamente este modelo de crianza sobre cualquier otro. Como es sabido, la suma de muchas individualidades comportándose de igual modo termina por consolidar un modelo o patrón de conducta que, convenientemente aderezado con un entorno de precariedad laboral, por ejemplo, y políticas que no promuevan la corresponsabilidad social en los cuidados, tenga como objetivo el regreso de las mujeres al territorio de la domesticidad. Por otra parte es cuanto menos cuestionable que esta modalidad de crianza sea caracterizada con nombres como “apego” o “natural”, ya que implícitamente sugiere que modalidades de crianza distintas sean consideradas “antinaturales” o “desapegadas”, lo que puede contribuir a desarrollar sentimientos de culpa en algunos progenitores.

Corresponde también al feminismo luchar para garantizar medidas de conciliación y corresponsabilidad que involucren a ambos progenitores, por lo que la “crianza con apego” podría hallarse en las antípodas de tal pretensión ya que, por ejemplo, el pecho a demanda, sin horarios ni tiempo prefijado de duración, refuerza el papel relevante de la madre, pero convierte en figura casi ausente al padre. De hecho existen grupos “lactivistas” que seriamente plantean a la administración que no se otorguen bajas de paternidad para los padres y que tampoco se convierta en prioridad el lograr un buen sistema de guarderías públicas. Abogan, por el contrario, por bajas retribuidas de al menos dos años para la madre. Así es que esta especie de “fundamentalismo lactante” termina por reforzar los estereotipos de género.

Creo, pues, que es absoluta competencia  del feminismo abordar el debate de la maternidad para evitar que acabe por imponerse una “mística de la maternidad” que nos devuelva, de nuevo, a las mujeres a la casilla de salida.

Neoliberalismo y Prostitución (video)

 

XI Escuela Rosario de Acuña. 2014

Neoliberalismo y Prostitución

Transgénero neoliberal y prostitución

En la XI escuela de Rosario de Acuña, argumenté que las posiciones favorables a la consideración de la prostitución como un trabajo no se corresponden con planteamientos feministas, sino que responden a otro orden teórico que denomino “Transgénero neoliberal” por estar más cercanos a justificaciones y posicionamientos neoliberales.
El feminismo al politizar “lo personal es político” amplió la agenda política de las mujeres al denunciar la discriminación, la desigualdad y las jerarquías de estatus favorables a los varones. El “transgénero neoliberal, por el contrario, opera con un enfoque sesgado hacia la “identidad de género” y la “subjetividad” en el que no hay espacio para la causa colectiva de la justicia. El giro dado por la teoría “transgénero neoliberal” en el uso de conceptos como “identidad”, “elección”, “subjetividad” y “sexualidad periférica” encaja sin fricción alguna con el avance del neoliberalismo que pretende borrar toda memoria de la igualdad social.