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“Hágase en mí según tu contrato”

El debate en Valencia, ‘Vientres de alquiler. ¿Todo el feminismo dice que no?‘, me ha provocado una serie de impresiones en torno al colectivo “Son nuestros hijos” que no puedo por menos que trasladaros.

“Son Nuestros Hijos” es un colectivo que día a día que pasa se parecen cada vez más al colectivo “Pro-Vida”. De hecho van camino ambos de hacerse homólogos. No sólo porque acudieron al acto con criaturas que comienzan a entrar en el uso de la razón (6-7 años), exponiéndolas a un debate intenso y en algunos tramos bronco, sino también por sus actitudes y discursos similares en todo a los “Pro- Vida”. Ambos colectivos sostienen discursos sobre la maternidad/paternidad lesivos para el reconocimiento de los derechos de las mujeres: los Pro-Vida entienden la maternidad/paternidad como un “don” de Dios, por lo que se muestran favorables a una maternidad impuesta y forzada para las mujeres y contrarios a que existan legislaciones favorables al aborto. A su vez, el colectivo “Son nuestros hijos” entienden la maternidad/paternidad como “intención” por lo que se muestran favorables a una maternidad/paternidad sujeta a contrato y condiciones y contrarios a que se reconozca el derecho de filiación y custodia que asiste a toda mujer embarazada.


Amparándose en conceptos tan inescrutables como “don”(Pro-Vida) o “intención” (Son nuestros hijos) el resultado para las mujeres es el mismo: tanto en el bíblico “hágase según tu voluntad”, como en el  neoliberal y moderno “hágase según tu contrato”, son terceras personas las que deciden o se apropian del “fruto” del vientre de las mujeres.

Vientres de alquiler: de nuestros cuerpos a vuestras necesidades

Alicia Miyares. XIII Escuela Feminista Rosario Acuña

Emitido en directo el 17 jun. 2016

Vientres de alquiler: consecuencias éticas y jurídicas

Publicado en El Diario el 30/06/2015 (http://www.eldiario.es/zonacritica/Vientres-alquiler-consecuencias-eticas-juridicas_6_404269596.html)

“No puede ser objeto de contrato el útero de la mujer y la criatura porque no es posible evitar la mercantilización”

“La admisión legal de contratar un vientre para gestar un hijo a favor de terceros refuerza los estereotipos de género y da lugar al surgimiento de nuevos colectivos de mujeres explotadas”

Abordar esta cuestión invocando el principio de la libertad individual suele producir debates estériles, puesto que siempre se olvida, no sé si de modo consciente o inconsciente, que el principio de libertad necesariamente ha de conjugarse con otros principios del mismo rango, “igualdad”, “dignidad” o “integridad física”.

Expresado de otra manera, ganar espacios de libertad significa utilizar esa libertad para plantearnos qué sociedad queremos y, entre otras cosas, establecer los límites de lo que se puede comprar o vender. No podemos sacrificar esta aspiración por la mera invocación de la palabra “elección”. Quienes reducen la libertad a la “elección”  abren la puerta al “todo vale”. Y, pese a quien pese, “no todo vale”. De ahí que sea más fructífero para dirimir y debatir sobre la “gestación subrogada” evaluar sus consecuencias éticas y jurídicas que no abordarla desde el limitado marco de la experiencia individual, las vivencias o los deseos.

Hay demasiadas preguntas sin respuesta para que alegremente mostremos una posición favorable a aceptar el alquiler de vientres, sea este altruista o comercial. De ahí que la campaña “NoSomosVasijas” pretenda poner en el centro del debate cuestiones y problemas como los siguientes:

¿Puede ser objeto de contrato el útero de la mujer y la criatura que nace? Creemos que no, porque no es posible evitar la mercantilización y, por lo tanto, la cosificación de que se hace objeto a la mujer gestante y los propios niños. De hecho todos los datos disponibles nos confirman en la idea de que estamos ante un nicho de negocio evidente. No es posible sostener que haya un tipo de contrato del alquiler de úteros “altruista” porque si así fuera no habría agencias de intermediación lucrándose, abogados de despachos especializados beneficiándose, etc…

El altruismo

Respecto a las madres gestantes “altruistas” se nos plantea otra cuestión y no menor, por cierto ¿Puede la “generosidad” de la gestante altruista poner en riesgo los derechos reproductivos del conjunto de las mujeres a través de los cuales se reconoce la filiación y custodia legal de los hijos/as que nacen de la mujer que gesta? Evidentemente no.

Se nos pide que aceptemos la condición de “altruismo” para transferir la custodia y en un hipotético mañana ¿Cuál será la trampa? Si aceptamos esta premisa no estará lejano el día en que nos encontremos que las mujeres no posean ninguna capacidad de custodia legal sobre los hijos que paren.

Por si lo anterior no fuera suficiente, la admisión legal de contratar un vientre para gestar un hijo a favor de terceros refuerza los estereotipos de género y da lugar al surgimiento de nuevos colectivos de mujeres explotadas como sucede en la India, Nepal, México y en nuestras propias sociedades donde también hay, por si a alguien se le olvida, mujeres pobres. El fin de la justicia social exige de nosotros erradicar la explotación de las personas y no asumir simplistamente que, como la explotación existe, no he de poner impedimentos a nuevas formas de explotación: la explotación de las personas no se combate preguntándose retóricamente si es más explotación hacer A o hacer B. Se combate erradicando A y B.

Otra cuestión, si en los casos de adopción al uso, la madre natural no puede dar su asentimiento a la adopción hasta transcurrido un determinado plazo de tiempo posterior al parto ¿Cómo es que para el caso de la gestación subrogada se permite su consentimiento incluso antes de que se inicie la gestación? Y esta cuestión nos lleva a la siguiente ¿Por qué si una madre natural no puede dar su asentimiento para que lo adopte un particular se permite, sin embargo, cuando se contrata un útero?

Acortar los tiempos de espera

Lo que parece es que, dado que los procesos de adopción son largos en el tiempo, requieren pruebas de idoneidad de los futuros adoptantes y cumplir una serie de requisitos, se prefiere buscar la fórmula de contratar un útero que acorta los tiempos de espera y que no precisa de las exhaustivas pruebas de idoneidad a cargo del estado. Vistos los interrogantes sin respuesta nada impide describir esta práctica como “adopción express”, cuestionable en el fondo y en la forma.

Se puede contestar que el recurso a alquilar un vientre conlleva también el deseo de ser padres biológicos, pero ello suscita otra pregunta ¿Por qué es más legítimo el deseo de ser padre biológico que el deseo sobrevenido de quedarse para sí el hijo que una mujer ha gestado y alumbrado? Porque lo cierto es que ya son muchas las madres gestantes arrepentidas y firmantes de la campaña internacional “Parar la subrogación Ya” a las que nadie da respuesta y por lo que parece carecen de derecho alguno.

Estos interrogantes y muchos otros son los que deberían enmarcar el debate de “los vientres de alquiler”  porque la manida  invocación “de la elección personal” no da respuesta a nada de lo aquí planteado. Quien, por otra parte, pretenda enmarcar este debate en el terreno del feminismo abolicionista frente al feminismo reglamentista está haciendo un flaco favor al feminismo como teoría política que se reafirma en el avance de todas las mujeres, sin exclusión, garantizando los derechos de todas y no sólo de aquellas que pueden hacer uso de su libertad individual, pero que nunca se preguntan por las consecuencias para el resto de las mujeres. Ganar libertad también significa utilizar bien esa libertad.

El Feminismo dice “No”

Publicado en Tribuna Feminista, 30/05/2016 (http://tribunafeminista.org/2016/06/el-feminismo-dice-no/)

“—Porque, desde luego —dijo Mr. Foster—, en la gran mayoría de los casos la fecundidad no es más que un estorbo. Un solo ovario fértil de cada mil doscientos bastaría para nuestros propósitos. Pero queremos poder elegir a placer. “

“—Porque, desde luego —dijo Mr. Foster—, en la gran mayoría de los casos la fecundidad no es más que un estorbo. Un solo ovario fértil de cada mil doscientos bastaría para nuestros propósitos. Pero queremos poder elegir a placer. “

“Madre —repitió el director en voz alta, para hacerles entrar la ciencia; y, arrellanándose en su asiento, dijo gravemente—. Estos hechos son desagradables, lo sé.”  (Un Mundo Feliz, A. Huxley)

(ALICIA MIYARES. Portavoz de la plataforma “No somos Vasijas)

Comienza a ser evidente que ni el feminismo, ni la libertad y capacidad de decidir de las mujeres son argumentos que se puedan esgrimir para justificar la práctica de vender o “donar” las capacidades reproductivas de las mujeres -embarazo y parto- a terceras personas. Por el contrario, se distorsiona el feminismo, la libertad y decisión de las mujeres si han de ponerse al servicio de los fines reproductivos de terceras personas. Se pervierte además el feminismo si se convierte en una mera estrategia de validación de cualquier acto llevado a cabo por una mujer o grupo de mujeres por el hecho de ser mujeres.

El feminismo como ideología que pretende transformar la realidad y expectativas vitales de las mujeres ha luchado por consolidar los derechos de las mujeres. Por lo tanto, el feminismo no es una teoría de las emociones que ante la disyuntiva derechos o deseos deba anteponer, por ejemplo, el “deseo de ser padres” al ejercicio de un derecho reconocido, ni puede tomar en consideración motivaciones emocionales por la cuales algunas mujeres, mediante contrato, renuncian de facto a la filiación y custodia materna que se determina por el parto. Por ello desde el feminismo decimos NO a regular en nuestro país la “gestación subrogada”.

El feminismo dice NO a considerar la “gestación subrogada” una técnica de reproducción asistida o “donación”: El embarazo y parto es una verdad material y biológica, no una técnica. Suponer que el útero de una mujer, el embarazo y el parto son “técnicas reproductivas” deshumaniza las capacidades reproductivas de las mujeres asimilándolas a formas reproductivas más propias de los vegetales como sería el método de propagación vegetativa artificial denominado “injerto”.

A su vez, disponer de un útero no es una donación: las mujeres no hacen entrega de una parte separable de su cuerpo, más bien reciben debiendo soportar los efectos y transformaciones anatómicas, químicas, fisiológicas y psicológicas que ocurren en su cuerpo. Comparar las vicisitudes del embarazo, el parto y posparto, que pueden incluir consecuencias y secuelas permanentes o prolongadas  en el tiempo, a “donaciones inocuas” como la donación de los gametos masculinos es de todo punto esperpéntico. Por último, describir  el embarazo, parto y posparto como “molestias ocasionadas” por las cuales  justificar compensaciones económicas convierte las capacidades reproductivas de las mujeres en objeto de transacción comercial y a los hijos nacidos  en un bien con valor comercial: la familia no es un plan comercial con el que uno consigue su objetivo a cualquier pecio.

El feminismo dice No a la utilización de un lenguaje “esterilizado” que desfigura a las mujeres y la maternidad: las personas favorables a regular la práctica de contratar las capacidades reproductivas de las mujeres (vientres de alquiler) con la finalidad de obtener un hijo/a que ha de ser entregado a terceras personas recurren a todo tipo de eufemismos para enmascarar una modalidad contractual coercitiva en torno a la maternidad o al hecho de ser madre. Con La utilización de expresiones eufemísticas como “gestación subrogada” o “mujeres o cuerpos gestantes” se quieren ocultar palabras que al parecer de algunos son tabú como “embarazo”, “maternidad” o “madre”. A su vez, al describir el embarazo y parto como “proceso gestacional” pretenden transformar un hecho biológico irrefutable en un mero conjunto de etapas necesarias para concretar una operación contractual y artificiosa, quedando, así, el embarazo y parto desposeído de trascendencia alguna. Y ya, por último, despojado el embarazo y parto de toda relevancia biológica, social,  cultural y simbólica nada les impide considerarlo un contrato de arrendamiento, pero, como puede parecer grosero, prefieren designarlo como “contrato de subrogación” y a los arrendatarios como “padres de intención”.

El feminismo dice No a la renuncia de nuestros derechos para satisfacer deseos o necesidades de terceras personas: Ni la libertad, ni la capacidad de decidir se pueden transferir a terceras personas. Los derechos no se ceden. Así es que cuando las personas favorables a regular la práctica de los vientres de alquiler afirman que “garantizarán los derechos de la mujer gestante” sólo cabe preguntarles ¿qué derechos? En este país la filiación y custodia materna se determina por el parto por lo que no es posible “garantizar” ningún derecho de la mujer embarazada si previamente y por contrato se le exige expresamente la renuncia a la filiación y la custodia. Nadie debería renunciar a un derecho por una “cláusula contractual”, pero transformar en ley la renuncia a ejercer la filiación y custodia, antes incluso de que se produzca el embarazo,  es pura y simplemente fraudulento.

Últimamente, a su vez, las personas favorables a regular la práctica de alquilar las capacidades reproductivas de las mujeres prefieren describir el deseo de ser padres como “derecho a ser padres” o “derecho a la procreación”. Conviene recordar que no existe tal “derecho a la procreación”. Desde posiciones feministas la mera hipótesis de un “derecho a la procreación” no sólo nos remite a mandatos religiosos veterotestamentarios nada propicios a las mujeres, sino que además supondría la imposibilidad de articular legislaciones favorables a la interrupción del embarazo.

A modo de conclusión: es una falacia suponer que porque algo exista sea obligado regularlo. Expresado de otro modo, del hecho que una práctica sea real por una decisión, cuanto menos, irresponsable (el contrato de subrogación “es nulo de pleno derecho”) no se deduce que debamos aceptar que se regule. Cuando se afirma que la práctica de alquilar las capacidades reproductivas de las mujeres o “gestación subrogada” es una realidad, en verdad lo que se nos está sugiriendo es que quieren que sea de ese modo y que sus defensores ni conciben ni quieren decantarse por otras modalidades de acceso a conformar una familia como la adopción o la acogida de menores. Defienden en último extremo un modelo reproductivo eugenésico, discriminatorio y ultraconservador. Por ello decimos No.

Paridad y testosterona

Publicado en Tribuna Feminista Mayo de 2016 (http://tribunafeminista.org/2016/05/paridad-y-testosterona/)

Un  Congreso de los diputados cuantitativamente paritario, unas listas electorales paritarias, partidos políticos que asumen -así afirman- la agenda de la igualdad y sin embargo  hoy nos han dejado, una vez más, para la hemeroteca y la conciencia de las personas que sí quieren cambiar la realidad una lamentable fotografía: la constatación de que la política actual está sobrecargada de masculinidad.

Reunión para reducir el gasto electoral

Hoy se han reunido los partidos políticos para tantear la posibilidad de reducir gastos electorales. La imagen del encuentro es desoladora. La mayoría de los partidos políticos convocados exhiben pletóricos la sobreabundancia de testosterona, salvo la excepción del PSOE e IU que tímidamente cada uno de ellos aporta una mujer. Dos mujeres entre trece varones o lo que es lo mismo una paupérrima representación del 13% de mujeres en cuestiones que atañen a la toma de decisiones.

La reunión concluye sin acuerdo alguno,  pero dos son las lecturas y no una: de un lado, la ausencia de voluntad política para llegar a un acuerdo de mínimos en asuntos como la reducción de gastos y, por otro lado, y no menos relevante, la evidencia absoluta de que la política actual, por muy plural que sea,  sigue por los derroteros “viejunos” de la impronta masculina.

Poligamia reproductiva

Publicado en Tribuna Feminista en marzo de 2016 (http://tribunafeminista.org/2016/03/poligamia-reproductiva/)

De un tiempo a esta parte es objeto de debate si en España se debe regular o no la práctica de “vientres de alquiler”, acción por la cual una mujer gestante, mediante contrato, renuncia antes de que se produzca el parto a la filiación materna.  No quiero pararme a confrontar ¿por qué el deseo  de ser padres ha de ser tomado como razón suficiente para fundamentar una norma jurídica? Tampoco me detendré en las argumentaciones pragmáticas, como las esgrimidas por el partido político Ciudadanos, que haciendo sombra al mismo Papa afirman que la regulación de la práctica de “vientres de alquiler” garantiza “la procreación, sin la cual no sólo la propia familia sino la especie humana se extinguiría”.
Quiero, por el contrario, recurrir a la antropología social y rescatar el concepto de “poligamia” para mostrar los parecidos con la práctica de “vientres de alquiler”. La preocupación por la reproducción humana es ancestral. Bajo el uso extendido del genérico “poligamía” se recogen distintos tipos de agrupamientos familiares cuya finalidad primera es garantizar la descendencia: la poliginia (la más extendida geográfica e históricamente) por la cual un varón mantiene un tipo de agrupación familiar con dos o más mujeres; la poliandria (menos extendida) por la cual una mujer mantiene agrupación familiar con dos o más varones y la poliginandria, una variante de las anteriores para describir el comportamiento de algunas especies animales, por la cual dos o más machos tienen una relación exclusiva con dos o más hembras (el número de machos y hembras no tiene que ser el mismo).

Si el fin de estos agrupamientos familiares es garantizar la descendencia se puede constatar con relativa facilidad que la práctica de “vientres del alquiler” se acerca peligrosamente a la poligamia. No sería en absoluto inadecuado describir como “poliginia reproductiva” la modalidad de “gestación subrogada” en la que entran en juego tres mujeres, la donante de los óvulos, la mujer que gesta y la “madre intencional” y quien aporta el semen sea el padre biológico e intencional. Tampoco parece errático calificar como “poliginandria reproductiva” la modalidad de “vientres de alquiler” en la que dos varones sean los “padres intencionales” y dos sean a su vez las mujeres inmersas en el proceso.

A día de hoy la poligamia, en su variante de poliginia, es legal en 47 países de Asia y África y no parece efecto de la casualidad que en una buena parte de esos países también sea legal la práctica de “los vientres de alquiler” como la India, Bangladesh, Indonesia o Nigeria, por citar sólo algunos. De igual modo que tampoco parece casual que en EEUU, en aquellos estados donde principalmente se asientan los mormones fundamentalistas, pese a que la poligamia es ilegal se tolera gracias a un fraude legal,  coincidan también con estados que aceptan la práctica de “vientres de alquiler”.  Si, por otra parte,  el derecho occidental prohíbe la poligamia en cualquiera de sus variantes no parece razón suficiente el “deseo de ser padres” para aceptar sin más la  “poligamia reproductiva”. Peor aún ¿qué impediría a futuro la aceptación de la poligamia, como forma de agrupamiento familiar, si se regulariza la “poligamia reproductiva? Nada.

 

Neoliberalismo y Prostitución (video)

 

XI Escuela Rosario de Acuña. 2014

Neoliberalismo y Prostitución

Transgénero neoliberal y prostitución

En la XI escuela de Rosario de Acuña, argumenté que las posiciones favorables a la consideración de la prostitución como un trabajo no se corresponden con planteamientos feministas, sino que responden a otro orden teórico que denomino “Transgénero neoliberal” por estar más cercanos a justificaciones y posicionamientos neoliberales.
El feminismo al politizar “lo personal es político” amplió la agenda política de las mujeres al denunciar la discriminación, la desigualdad y las jerarquías de estatus favorables a los varones. El “transgénero neoliberal, por el contrario, opera con un enfoque sesgado hacia la “identidad de género” y la “subjetividad” en el que no hay espacio para la causa colectiva de la justicia. El giro dado por la teoría “transgénero neoliberal” en el uso de conceptos como “identidad”, “elección”, “subjetividad” y “sexualidad periférica” encaja sin fricción alguna con el avance del neoliberalismo que pretende borrar toda memoria de la igualdad social.

El Congreso de “Demopos”

 

En una librería de viejo se ha encontrado una crónica que cambiará la imagen que teníamos de lo que sucedió en el “Congreso de Demopos” en el siglo XIX. En la crónica se narran los siguientes acontecimientos: “En los días previos al “Congreso de Demopos” una facción desgajada de la corriente principal marxista y liderada por P. Churches y J.C. Purse, llegaron a la pequeña localidad de Sunisdown conscientes del golpe de efecto que iban a dar a las tesis del anciano Marx, ausente por problemas de gota. En su lugar y representando esa corriente principal se hallaban el maduro Mr. Cyao Alar y el joven Goznar. El trabajo previo al congreso era de especial trascendencia pues se debía debatir abiertamente un programa conjunto para dar forma a la incipiente democracia y trascurridas ya con cierto éxito las revoluciones burguesas.

Se sentían animosos, pues parecía evidente que el régimen de 1878 se estaba descomponiendo y el olor a cambio político se respiraba en el ambiente. Pero lo que sucedió a continuación es difícil de narrar para esta cronista. Una vez sentadas las distintas facciones correspondió a J.C Purse el uso de la palabra en primer lugar, quizá por una muestra de cortesía de Mr. Cyao Alar. Purse con ese semblante y voz que aburre un poco intentó animar a los concurrentes con el exordio “es la hora del demos”, pero después de tan vibrante inicio  se puso a leer: “el movimiento 15 M ayudó así decisivamente a introducir en el sentido común de época elementos impugnatorios del orden existente y que señalaban a las élites como responsables del juego de diferencias en el que descansa el pluralismo”. En ese momento las caras de incredulidad no eran sólo la de esta cronista y los murmullos eran bastante audibles: “¿pero qué dice?… ¿la democracia no es pluralidad?… No entiendo si el camarada está haciendo una crítica a las élites o lo contrario…”.

Purse que veía que aquello se le iba de las manos hizo una proclama reconocida por todos a la “identidad de clase” y a las “narrativas ideológicas tradicionales”, pero el desgaste pasional lo llevó a leer de nuevo: “IU, vinculada generacional y culturalmente al orden de 1878*, ha tenido en general –y salvo honrosas excepciones principalmente provenientes de las bases- reacciones tímidas y conservadoras”. Había que estar allí para ver la mirada de toro de la dehesa que Mr. Cyao Alar le dirigió a Purse, no llegó a más el asunto porque una mesa se lo impedía. Por el contrario, el joven Goznar no pudo evitar un sonrisilla y mirada de agradecimiento a Purse pues él era, lógicamente, la “honrosa excepción”. Inmune Purse, continuaba: “Las hipótesis movimientistas y de gran parte de la extrema izquierda, instaladas en un cierto mecanicismo por el que “lo social” ha de preceder a lo “político”, se han demostrado incorrectas para romper la impotencia de la espera y proponer pasos concretos más allá de la movilización.” Y estas fueron sus últimas palabras porque el aullido fue general y entre los pitidos y griterío se distinguían algunas voces airadas muy claramente:” ¡pero de qué vas… somos izquierda nuestra lucha es lo social!”,  “¡ o sea la política a cualquier precio… ¿es eso lo correcto?, ¿este es el nuevo mensaje?! Y una voz más atinada “¿ qué son las hipótesis movimientistas?….”.

 Y la reunión hubiera acabado en ese instante, pero entonces P. Churches  se levantó muy tranquilo. Hizo un ademán con las manos para imponer la paz como si fuera un hombre de iglesia. Ladeó un poco su joven cuerpo y con mucho sosiego trasladó a la audiencia que no habían entendido a su compañero de filas y también leyó, pero notándosele menos: “Seguramente la disyuntiva política estratégica hoy está entre restauración oligárquica o apertura democrático-plebeya, posiblemente en un sentido constituyente”. Ante esta afirmación las sillas se removieron, pero tengo que decir que sólo pude oír al que tenía a mi izquierda preguntarse: “¿Una democracia plebeya?… –y mirándome- ¿pero por qué se va al feudalismo si estamos en tiempos modernos…?

No supe darle contestación alguna. Me encogí de hombros y retomé el hilo de lo que contaba Churches que en ese momento afirmaba: “Esto imposibilita tanto las hipótesis insurreccionales como las de construcción de contrapoderes “por fuera” de la estatalidad”. No pude evitar tener la sensación de que este grupo se enredaba demasiado con “las hipótesis” y los palabros como “insurreccionales” y similares… Al salir del ensimismamiento pude constatar que el joven Churches con acentuada pasión tenía al auditorio pendiente de sus palabras: “porque el momento actual presenta diferentes elementos que constituyen una oportunidad política difícilmente mejorable en un contexto no revolucionario” y aquí estalló de nuevo el griterío, pero de “vivas” y “a por ellos”, etc. Se le jaleaba abiertamente y aprovechando el jaleo me moví a las filas de atrás de la sala, para tener otra visión o recoger otras opiniones que el campo parecía trillado en donde estaba.

No me fue fácil llegar al fondo porque, todo sea dicho, la sala estaba atiborrada. Así que cuando, por fin, me instalé entre dos varones de mediana edad, P. Churches  leía el párrafo más extenso que sin interrupciones era escuchado por un auditorio rendido al orador: “ Esa posición, que nos convierte en un claro referente de la dicotomía “nuevo/viejo” será incompatible con el menor caso de corrupción y es hasta cierto punto difícil de mantener en el tiempo cuando nuestra política no sea sólo de construcción de voluntad de cambio sino que se enrede en la gestión, sus necesarias transacciones y compromisos, en un momento de estrechamiento de la autonomía de las instituciones subnacionales frente  al plan de ajuste”. Silencio en la sala y P. Churches sin aliento. Los dos varones que tan gentilmente me habían hecho un hueco se miraron y para mi asombro hablaron en castellano, idioma que por cuestiones que no vienen al caso entiendo. El más cercano a mi le decía al otro: “A qué viene eso de la corrupción, Pablo… ¿Nos está diciendo  que la corrupción no se puede evitar y que ellos terminaran por caer en ella?”. El susodicho Pablo miró con tristeza infinita a su compañero: “lo peor es la voluntad de engaño y el desprecio que manifiestan a la gestión de lo público. Demasiado para mis oídos…” Y se fueron y yo con ellos cansada de tanto lenguaje masculino y viejuno. Cuando salí a luz del día me pareció haber hecho un viaje al pasado.

Alice Yermais

 *Nota de la compiladora, Alicia Miyares: “En la Crónica aparece la fecha de 1978. Creemos que ha sido un error tipográfico muy común en el siglo XIX, por lo que ha sido corregida la fecha por la compiladora para que el lector/a no se despiste”.

La tentación de la casilla cero

Alicia Miyares

Publicado en Infolibre junio de 2014

Cuando la democracia comienza a perfilarse en la última mitad del siglo XIX como la forma de gobierno posible y deseable, tres serán  las teorías políticas que contribuirán a su cimiento ideológico: el liberalismo, el socialismo (entiéndase éste con todos los matices) y el feminismo. Qué modelo de sociedad es el más deseable, cuáles han de ser las condiciones mínimas para garantizar la autonomía de las personas, qué tipo de estado es el más eficaz para resolver los problemas de la ciudadanía, fueron y siguen siendo cuestiones inherentes a la propia democracia y las diferentes, y en muchos casos antagónicas,  respuestas estuvieron y están determinadas por la teoría política a la que se recurra.

La cohabitación de las distintas ideologías en el escenario democrático no ha sido fácil, pero lo que distingue a la democracia de otras formas de gobierno como dictaduras, teocracias, etc. es que es la forma de gobierno que da cauce al desacuerdo, garantizando, a su vez, la convivencia pacífica de ideologías enfrentadas. En esta pugna ideológica le correspondió al feminismo la peor parte, puesto que en el decurso histórico ha sido considerada una teoría política, indeseada, inmoral y antinatural por el pensamiento conservador y ha sido incomprendida o “aparcada” por el pensamiento político de izquierdas. Muchas han sido las razones por las cuales al feminismo se le desprecia o ignora, pero me limitaré a indicar las claramente ideológicas.

El pensamiento conservador desde Locke a nuestros días siempre ha utilizado la idea de la Familia como metáfora política, por la cual se concibe el Estado  como una gran familia: en ambas instituciones “la natural-tradicional” y la “publica-imaginaria” ha de haber una última autoridad que “por costumbre” (expresión de Locke) reposa en el varón. Así pues,  la irrupción del discurso feminista que subvierte el “orden natural” del mundo, que cuestiona la idea de una “familia natural” jerarquizada, que afirma el igual derecho a la autoridad de mujeres y varones y que reniega de la existencia de roles diferenciados le ha de parecer al conservadurismo político una seria y repugnante amenaza a sus posiciones políticas. Ello no está reñido con que en nuestros días, sean muchas las mujeres que ostenten representatividad en la esfera de lo público-político siempre y cuando el sustrato ideológico no se cuestione.

Por otra parte, contradictoria ha sido la relación del feminismo con el pensamiento político de izquierdas, ya que ambas teorías políticas desde su origen vincularon la idea de justicia social con igualdad. Sin embargo, en el pensamiento político de izquierdas se dio una especial relevancia a los conceptos de “clase social” y  “explotación”, afirmando con ello que combatir la desigualdad dependía de la aplicación de políticas equitativas de distribución de la riqueza. El feminismo, por su parte, a este planteamiento le añadiría un matiz de hondo calado al señalar que la desigualdad no residía únicamente en desigualdades materiales, sino también en desigualdades normativas y culturales para las que la aplicación de criterios distributivos eran claramente insuficientes: la desigualdad no era sólo explotación y carencia de oportunidades, sino también todos los rasgos de opresión que se confabulaban en torno a la categoría “sexo” y que afectaban a las mujeres por el hecho de ser mujeres: subordinación, carencia de poder, marginación, violencia e imperialismo cultural (androcentrismo). Ahora bien, este matiz feminista fue y sigue produciendo resistencias a su aceptación: en el binomio mujer-varón que las mujeres representen al proletariado  y los varones a la burguesía, en feliz expresión de Engels, no parece implicar contradicción alguna para afamados izquierdistas. La no aceptación del feminismo o la resistencia a sus vindicaciones sólo puede responder a la creencia, aunque no se haga pública, de que realmente hay un “orden natural” de los sexos.

Pese a estos antecedentes históricos y  resistencias actuales, el feminismo y las corrientes políticas de izquierda estaban llamadas a entenderse y limar las desconfianzas. Este tender puentes comenzó en el último tercio del siglo XX y en muy buena medida contribuyó a ello, en las sociedades democráticas, el afianzamiento del modelo de sociedad basado en el “Estado de bienestar”: la idea de mejorar, completar y consolidar ese modelo social llevará al cruce de caminos entre el feminismo y la socialdemocracia. Surgió de todo ello una agenda política nada desdeñable por lo que sería inadecuado tildarla de “intraagenda” feminista: el feminismo no opera como un lobby o grupo de interés. Su agenda política es una agenda colectiva, puesto que el feminismo al promover cambios en los modos de vida de las mujeres indefectiblemente promueve cambios en los modos de vida de los varones.

En el caso de España, por ejemplo, la agenda política feminista fue llevada a término, en algunos de sus puntos, por el último gobierno socialista. Se legisló en materia de derechos sexuales y reproductivos, en violencia de género, en la necesaria representatividad de las mujeres, en el reconocimiento de las tareas de cuidado,  en cambios en los contenidos curriculares en el aula, en mecanismos preferenciales de acceso de las mujeres al empleo etc., pero a la par no se articularon los suficientes diques de contención a la reacción que día a día   en los púlpitos, en sectores o administraciones educativas, en instituciones académicas y en medios de comunicación lograron generar un estado de opinión en contra sin precedentes.  El objetivo del pensamiento reactivo conservador se centró básicamente en instalar en la opinión pública que un grupo de interés, las feministas, pretendía imponer una agenda indeseada. Se importó de los grupos “neocon” estadounidenses el uso del  término “feminazi” para criticar a los colectivos de mujeres feministas. La campaña de descrédito de aquellos años ha llegado a nuestros días traducida en dos versiones: impunidad o desconfianza.

Así por ejemplo, el conservadurismo político está operando con total impunidad para desbaratar todo lo que tenga que ver con políticas de igualdad y con cambios normativos y culturales, confiados además en que no es esperable una campaña mediática y crítica de proporciones parecidas a las sufridas por el gobierno socialista. El pensamiento político conservador tiene como objetivo situar al feminismo, de nuevo, en la casilla cero. Por otra parte, en algunos sectores de izquierda  o de la nueva izquierda emergente se ha instalado la desconfianza. A ellos se debe la expresión “feminismo institucional” con evidentes connotaciones peyorativas para designar lo llevado a cabo por las feministas socialistas, feministas de otros partidos políticos y las organizaciones de mujeres. La expresión “Feminismo institucional” es de todo punto inadecuada por inexacta pues si pudiéramos remitirnos a una institucionalidad feminista no sería tan fácil alterar lo alcanzado en términos legislativos en materia de igualdad. Parece, por lo tanto, anidar en algunos sectores de la izquierda política la tentación de volver de nuevo a la casilla cero, en la creencia que desde esa posición originaria se podrán hacer las cosas de otra manera y mejor.

Ante esta situación corresponde al feminismo y a las feministas sobrevolar  la polaridad en la que parecen haberse instalado los partidos políticos. Si bien muchas feministas nos identificamos también con unos u otros partidos políticos, siempre hemos operado con la idea de la igualdad como reconocimiento lo que nos ha permitido no caer en la estrechez de miras del “y tú más”. Nada sería más desastroso para el feminismo que incurriera en la enfermedad que lastra a los partidos políticos, incluidos  los de nuevo cuño, las valoraciones alicortas y los juicios cínicos o cicateros. El feminismo tiene el suficiente camino andado para iluminar una democracia más plena.