Archivo de la categoría: Política

Lo llaman feminismo y no lo es: “solipsismo sexual”

El espejismo individualista de la “libre elección” aplicado al territorio de la sexualidad deriva en lo que denominaré “solipsismo sexual”. La metafísica solipsista afirma que la única garantía de certeza es el propio yo, por lo que se convierte en irrelevante determinar qué tipo de relación es la que establece un “yo” con otros “yoes”. Si combinamos “solipsismo” y “sexualidad” sólo existe la subjetividad y la unión entre subjetividades, no está motivada por nociones compartidas de justicia sexual o social o por la consecución de la igualdad; la unión entre subjetividades nace de “afinidades voluntarias”, no importa mucho qué signifique esta expresión ya que todo ha de quedar en el reino de lo difuso: “cada cual descubre que yo soy yo, y que ser yo es mi única ley”. En este momento, hay tantos géneros como personas, o muchos más, puesto que cada persona puede evolucionar en el entendimiento de su subjetividad. En el siguiente momento, las personas podemos unirnos por afinidades voluntarias, que en materia sexual, hacen de los géneros conjuntos voluntarios y difusos”. La afirmación de que “hay tantos géneros como personas” y que la interacción entre géneros-personas es difusa, o sea poco clara, es un perfecto ejemplo de aporía solipsista. El yo subjetivo y lo difuso de las relaciones sirve, a todo efecto, para legitimar cualquier tipo de práctica sea esta justa o injusta, digna o indigna, de dominio o sumisión.

No importa mucho qué signifique esta expresión ya que todo ha de quedar en el reino de lo difuso: “cada cual descubre que yo soy yo, y que ser yo es mi única ley”.

Algunos de los estudios queer, transfeministas, posfeministas, pornofeminista, etc. sobre la sexualidad, partiendo del inmutable dictum “somos lo que nos apetece” se encuadran en una metafísica de corte solipsista que “molestando, repensando y resignificando” no altera un ápice las estructuras de poder ni de dominio. La utilización del sufijo “feminista” o “feminismo” revela que el verdadero objeto del “solipsismo sexual” es molestar, repensar y resignificar el feminismo para adaptarlo al territorio de la subjetividad. Siguiendo la lógica solipsista habría “tantos feminismos como personas” y debido a esta multiplicidad deberíamos aceptar nuestra incapacidad para determinar si las relaciones entre subjetividades son justas o injustas, pues el solo hecho de que obedezcan a actos o decisiones voluntarias anula la pertinencia del análisis. Por ello el solipsismo sexual que subyace en determinados posicionamientos “queer”, “trans”, “post”, “porno” son hijos pelín transgresores, pero totalmente consentidos de la familia “neoliberal”.

El “solipsismo sexual”, al tomar como únicos referentes de acción la construcción de la subjetividad, el deseo y la identidad individual, contribuye a borrar, al igual que el neoliberalismo, toda memoria de la igualdad social.

El “queer solipsismo”, el “trans-solipsismo”, el “postsolipsismo”, el “pornosolipsismo”, al tomar como eje discursivo al microindividuo sexualizado, aboca a las personas a un plano de existencia pre-crítica y pre-política, ya que los referentes identitarios y las reglas que rigen sus comportamientos están elaboradas a partir de las demandas en cada situación. El “solipsismo sexual”, al tomar como únicos referentes de acción la construcción de la subjetividad, el deseo y la identidad individual, contribuye a borrar, al igual que el neoliberalismo, toda memoria de la igualdad social.

Nadie declara ser “solipsista sexual” (suena muy feo, tanto casi como “onanista”), pero lo son todas las personas que anteponen la “libre elección” a cualquier consideración ética y jurídica o anteponen los deseos individuales a los derechos sociales. El “solipsismo sexual” y la “libre elección” son connaturales al género explicativo propio del neoliberalismo. Sin embargo, personas afines a los postulados feministas y de izquierdas utilizan reverencialmente el recurso argumentativo de la “libre elección” para, al igual que opera la ideología neoliberal, dar respuesta a demandas y situaciones concretas sin entrar a considerar las consecuencias. A todo efecto, la “libre elección” opera en el seno del feminismo y de la izquierda como un troyano, neoliberal en este caso, que inficiona o corrompe los planteamientos feministas y de izquierdas desde dentro.

 

Feminizar no es feminismo

Publicado en Tribuna Feminista 29/11/2016 (http://tribunafeminista.org/2016/11/feminizar-no-es-feminismo/)

De “la mujer, mujer” de la que un día hablara Aznar a la “feminización de la política” en forma de cuidados, expresada por Pablo Iglesias, parecería, quizá, que se ha dado un salto cualitativo…. Pero lo cierto es que ambos mensajes parte del mismo supuesto, la idealización de las mujeres. Este tipo de mensajes nos retrotraen al siglo XIX y a excelsos representantes de la “misoginia romántica” como Schopenhauer, Nietzsche o el más galante Kierkegaard.

Afirmaba Kierkegaard, por ejemplo, que las mujeres son “el sueño del hombre”, que representan la “perfección en la imperfección”. Kierkegaard destacaba que la naturaleza femenina tendía a la proximidad, esto es, que su capacidad “para estar cerca” las diferenciaba de modo completo y absoluto de las capacidades y características de los varones. Así es que cuando en boca de un varón del siglo XXI oigo expresiones como “feminizar la política”, y todo ello consiste en atribuir un cierto esencialismo a lo que significa “ser mujer” como – cito textualmente- “feminizar es un tipo de solidaridad”, “feminizar es construir comunidad”, “feminizar es una red de apoyo” o “matria es la comunidad que te cuida”, pienso inevitablemente en que la galantería misógina del siglo XIX vuelve a tener voz a través de Pablo Iglesias.

Cuando en boca de un varón del siglo XXI oigo expresiones como “feminizar la política”, y todo ello consiste en atribuir un cierto esencialismo a lo que significa “ser mujer” como – cito textualmente- “feminizar es un tipo de solidaridad”, “feminizar es construir comunidad”, “feminizar es una red de apoyo” o “matria es la comunidad que te cuida”, pienso inevitablemente en que la galantería misógina del siglo XIX vuelve a tener voz a través de Pablo Iglesias

Afirma, sin embargo, el galante Iglesias que le parecen bien las cuotas o la paridad por las cuales las mujeres alcanzan una representación equitativa en puestos de representación política o empresarial. Podría por lo tanto parecer que me excedo al emparentar a Iglesias con la misoginia decimonónica, pero todos mis intentos por salvarlo de la cohorte misógina se tornan vanos cuando él mismo es el que afirma que la representación equitativa de mujeres y varones en puestos representativos trasviste a las mujeres, y cito textualmente, en “portavoces varones que son mujeres”.

Parece pues que el galante Iglesias, incapaz de hablar de “mujeres” menos aun de “feminismo”, cuando se refiere a eso de “feminizar” piensa más bien en “el sueño del varón” y que en coincidencia con Kierkegaard “la emancipación de las mujeres es una invención del diablo”.

Vientres de alquiler: de nuestros cuerpos a vuestras necesidades

Alicia Miyares. XIII Escuela Feminista Rosario Acuña

Emitido en directo el 17 jun. 2016

Paridad y testosterona

Publicado en Tribuna Feminista Mayo de 2016 (http://tribunafeminista.org/2016/05/paridad-y-testosterona/)

Un  Congreso de los diputados cuantitativamente paritario, unas listas electorales paritarias, partidos políticos que asumen -así afirman- la agenda de la igualdad y sin embargo  hoy nos han dejado, una vez más, para la hemeroteca y la conciencia de las personas que sí quieren cambiar la realidad una lamentable fotografía: la constatación de que la política actual está sobrecargada de masculinidad.

Reunión para reducir el gasto electoral

Hoy se han reunido los partidos políticos para tantear la posibilidad de reducir gastos electorales. La imagen del encuentro es desoladora. La mayoría de los partidos políticos convocados exhiben pletóricos la sobreabundancia de testosterona, salvo la excepción del PSOE e IU que tímidamente cada uno de ellos aporta una mujer. Dos mujeres entre trece varones o lo que es lo mismo una paupérrima representación del 13% de mujeres en cuestiones que atañen a la toma de decisiones.

La reunión concluye sin acuerdo alguno,  pero dos son las lecturas y no una: de un lado, la ausencia de voluntad política para llegar a un acuerdo de mínimos en asuntos como la reducción de gastos y, por otro lado, y no menos relevante, la evidencia absoluta de que la política actual, por muy plural que sea,  sigue por los derroteros “viejunos” de la impronta masculina.

La mística de la feminidad en el siglo XXI

Publicado en Tribuna Feminista en Febrero de 2016 (http://tribunafeminista.org/2016/02/la-mistica-de-la-feminidad-en-el-siglo-xxi/)

Uno de los rasgos que definen la “Mística de la feminidad” hoy en día es la “cultura de la maternidad total” que deriva, entre otras prácticas, en la “crianza con apego”. Esta modalidad de crianza, también descrita como “natural”, parte del supuesto que es la criatura la que demanda y marca el ritmo de sus necesidades. Por ello la ideología de “la maternidad intensiva” impone obligaciones en ocasiones poco realistas: promueve el amamantamiento prolongado y a demanda, dormir con los hijos para que sientan a sus padres más cerca y un mayor contacto físico en brazos. La “crianza con apego” refuerza la exclusividad de los progenitores por lo que se desaconseja el uso de las guarderías…..Debido a todas sus vertientes y matices no debería asombrarnos que este tipo de crianza sea objeto de análisis en ámbitos feministas.
are-you-mom-enoughPor ejemplo, no incumbe al feminismo determinar si la leche materna es  más o menos saludable,  pero sí le concierne alertar de que, a día de hoy, la comunidad científica se apoya sustancialmente en los roles de género por lo que en la mayoría de estudios relativos a cuidados y crianza se suelen referir en exclusiva a la relación de la madre con la criatura. Tratan por ello a las mujeres sólo como madres ofreciendo consejos en torno a la maternidad, pero olvidándose de aconsejar en el autocuidado. No parece probado tampoco que la “crianza con apego” proporcione un desarrollo emocional futuro sano y seguro, no más que otras modalidades de crianza, por lo que no parece “saludable” alentar públicamente este modelo de crianza sobre cualquier otro. Como es sabido, la suma de muchas individualidades comportándose de igual modo termina por consolidar un modelo o patrón de conducta que, convenientemente aderezado con un entorno de precariedad laboral, por ejemplo, y políticas que no promuevan la corresponsabilidad social en los cuidados, tenga como objetivo el regreso de las mujeres al territorio de la domesticidad. Por otra parte es cuanto menos cuestionable que esta modalidad de crianza sea caracterizada con nombres como “apego” o “natural”, ya que implícitamente sugiere que modalidades de crianza distintas sean consideradas “antinaturales” o “desapegadas”, lo que puede contribuir a desarrollar sentimientos de culpa en algunos progenitores.

Corresponde también al feminismo luchar para garantizar medidas de conciliación y corresponsabilidad que involucren a ambos progenitores, por lo que la “crianza con apego” podría hallarse en las antípodas de tal pretensión ya que, por ejemplo, el pecho a demanda, sin horarios ni tiempo prefijado de duración, refuerza el papel relevante de la madre, pero convierte en figura casi ausente al padre. De hecho existen grupos “lactivistas” que seriamente plantean a la administración que no se otorguen bajas de paternidad para los padres y que tampoco se convierta en prioridad el lograr un buen sistema de guarderías públicas. Abogan, por el contrario, por bajas retribuidas de al menos dos años para la madre. Así es que esta especie de “fundamentalismo lactante” termina por reforzar los estereotipos de género.

Creo, pues, que es absoluta competencia  del feminismo abordar el debate de la maternidad para evitar que acabe por imponerse una “mística de la maternidad” que nos devuelva, de nuevo, a las mujeres a la casilla de salida.

Feminismo en el nuevo espacio político

Publicado en Tribuna Feminista Diciembre de 2015 (http://tribunafeminista.org/2015/12/2142-2/)

En el nuevo escenario político no sé quién ha ganado, pero sí sé que ha perdido el feminismo. No encuentro diferencia alguna entre los usos de la “vieja política” y la “nueva política” por lo que hace a dar visibilidad a mujeres feministas que, se y me consta, militan en formaciones políticas de izquierdas, aunque hoy está categorización, me quieran hacer creer, esté en desuso. Y aquí comienza el primer problema. Si la distinción “ser de izquierda” o “ser de derecha” ya no es efectiva para responder a las expectativas de la ciudadanía ¿por qué habría de servir la etiqueta “feminista”? Así es que si celebramos el fin de las ideologías, celebramos con idéntica inconsciencia el fin del feminismo. Decretar la “muerte de las ideologías” ha sido algo propio del pensamiento conservador, pero que esta supuesta defunción se convierta en santo y seña del pensamiento progresista sólo me revela ansiedad por el poder y renuncia a los principios.

Por ello cabe hacerse una pregunta: ¿Qué ha sido del feminismo y las feministas en el escenario de representatividad política surgido tras el 20-D? La respuesta a esta cuestión puede incomodar a alguien, amén de catalogarme como persona mayor, pero como mayor que soy pretendo “asaltar la realidad y no los cielos”. Lo cierto es que en todos los partidos políticos del amplio espectro de izquierdas -no puedo renunciar tan fácilmente a categorías que ayudan a definir la realidad- se puede observar que han diluido al feminismo, como teoría política, para convertirlo en peculiaridad de algunas individualidades, perdonable a veces, pero mayormente molesta. El procedimiento tomado por parte de los partidos políticos verdad es que varía dependiendo de si estos son de viejo o nuevo cuño.

Los partidos clásicos, PSOE e IU, han optado por recurrir a criterios de renovación, independencia y cambio para intercambiar a mujeres feministas de larga trayectoria por otras que no destacan, precisamente, por sus servicios a la causa feminista. Tanto en el PSOE como en IU se deja a las “feministas de a pie” sin referentes en la representatividad política debido a una interpretación interesada y sesgada de la ley de Igualdad. Por otra parte, en el emergente PODEMOS no son aplicables, lógicamente, criterios de renovación cuya consecuencia sea la intercambiabilidad de sus mujeres. Si PODEMOS se presenta como “lo nuevo” se nos obliga a suponer idéntica frescura en las mujeres que obtienen representatividad política gracias a esa marca. Pero a las “feministas de a pie” se nos hace difícil suponer frescura en quienes abordan la prostitución desde un perfil bajo, eludiendo compromiso alguno a favor de la abolición. Y más difícil se nos hace suponer innovación política en quienes han afirmado que el aborto no es un tema “que construya potencia política”.

PD: En cada una de las formaciones políticas anteriormente citadas se pueden reconocer visos de inconsistencia feminista, pero más grave resultaría la tentación de abandonar la pedagogía feminista que no sólo puso contra las cuerdas a un ministro hasta hacerlo dimitir, sino que más recientemente frustró la carrera desbocada a la Moncloa del también emergente Ciudadanos. Sirva de aviso a navegantes.

Señales inquietantes desde la izquierda en la defensa de las mujeres

KOLE112 ATENAS (GRECIA), 27/01/2015.- El nuevo primer ministro griego, Alexis Tsipras (3d), camina por delante de algunos de sus nuevos ministros tras la ceremonia en la que el nuevo y reducido gabinete de Gobierno griego prestó juramento de sus cartos ante el presidente de la República de Grecia, Károlos Papulias, un día después que lo hiciera el propio Tsipras, en el palacio presidencial en Atenas, Grecia, hoy, martes 27 de enero de 2015. Tsipras nombró hoy a su nuevo gabinete, que cuenta con solo diez ministerios, cuatro de ellos con competencias múltiples, y el economista Yanis Dragasakis como vicepresidente económico. EFE/Yannis Kolesidis

El análisis político no es fácil, pero me preocupa intensamente el torrente de columnas de opinión que versan sobre política-ficción. Tanto es así, que parecería que los analistas políticos se han reconvertido en casandras, enredadores vocacionales que, pasando de las señales del momento, aventuran lo que ha de suceder. Entiendo que los análisis hipotéticos son más favorables al destino personal que trasegar con el presente: la venta de futuros siempre es rentable. Pero yo, por el contrario, quiero describir las señales del presente que no entiendo.

En clave internacional, no entiendo que una Coalición de Izquierda Radical (Syriza), que en sus estatutos afirma que “luchará por la defensa de los valores de la justicia social, la igualdad y la libertad contra el patriarcado” conciba, sin embargo, que el modo efectivo de combatir el patriarcado sea formar un Gobierno en el que no hay mujer alguna.

Por otra parte, en clave nacional, no entiendo que empoderar a la “gente”, término vago y despolitizado, conlleve desempoderar a las mujeres. Así es que no encuentro palabras adecuadas al contexto para describir este resurgir político de la vuelta al hombre, metamorfoseado en los variados “machos alfa de labia plateada” que pueblan el escenario de la política en España.

No entiendo que se me describa como innovación política la transversalización de la igualdad, tal cual aparece en el programa de Podemos, cuando es una vindicación acuñada en la Conferencia de Beijing del año 1995. Y, ya puestas, tampoco entiendo al PSOE, que hizo bandera del feminismo y de las políticas de igualdad y hoy se refiere a ellas con timidez.

No entiendo que cuando los labias plateadas se refieren a la emergencia social en la que se encuentra la infancia, la juventud, los desahuciados, los desempleados, los pobres…, apenas se mencione que muy posiblemente sea una mujer quien reúna en sí todas y cada una de las causas de la desigualdad y la exclusión.

Por ello, no está de más recordarle a las formaciones políticas de izquierda -de la derecha política nada espero- y a los que, como Podemos, deshojan la margarita de las ideologías, que para combatir el “austericidio” hay que combatir con igual intensidad el “feminicidio real” (la violencia contra las mujeres), el “feminicidio político” (el escaso liderazgo político de las mujeres), el “feminicidio económico” (ausencia de políticas específicas para las mujeres), el “feminicidio de la opinión” (estereotipos sexistas)…… En fin, la lista es larga. Así es que, parafraseando a las feministas de antaño, por el camino “del poco a poco”, del “ahora no es urgente ni prioritario” sólo se llega al valle de nunca jamás. Y en ese nebuloso lugar, el futuro no existe.

Neoliberalismo y Prostitución (video)

 

XI Escuela Rosario de Acuña. 2014

Neoliberalismo y Prostitución

Transgénero neoliberal y prostitución

En la XI escuela de Rosario de Acuña, argumenté que las posiciones favorables a la consideración de la prostitución como un trabajo no se corresponden con planteamientos feministas, sino que responden a otro orden teórico que denomino “Transgénero neoliberal” por estar más cercanos a justificaciones y posicionamientos neoliberales.
El feminismo al politizar “lo personal es político” amplió la agenda política de las mujeres al denunciar la discriminación, la desigualdad y las jerarquías de estatus favorables a los varones. El “transgénero neoliberal, por el contrario, opera con un enfoque sesgado hacia la “identidad de género” y la “subjetividad” en el que no hay espacio para la causa colectiva de la justicia. El giro dado por la teoría “transgénero neoliberal” en el uso de conceptos como “identidad”, “elección”, “subjetividad” y “sexualidad periférica” encaja sin fricción alguna con el avance del neoliberalismo que pretende borrar toda memoria de la igualdad social.

El Congreso de “Demopos”

 

En una librería de viejo se ha encontrado una crónica que cambiará la imagen que teníamos de lo que sucedió en el “Congreso de Demopos” en el siglo XIX. En la crónica se narran los siguientes acontecimientos: “En los días previos al “Congreso de Demopos” una facción desgajada de la corriente principal marxista y liderada por P. Churches y J.C. Purse, llegaron a la pequeña localidad de Sunisdown conscientes del golpe de efecto que iban a dar a las tesis del anciano Marx, ausente por problemas de gota. En su lugar y representando esa corriente principal se hallaban el maduro Mr. Cyao Alar y el joven Goznar. El trabajo previo al congreso era de especial trascendencia pues se debía debatir abiertamente un programa conjunto para dar forma a la incipiente democracia y trascurridas ya con cierto éxito las revoluciones burguesas.

Se sentían animosos, pues parecía evidente que el régimen de 1878 se estaba descomponiendo y el olor a cambio político se respiraba en el ambiente. Pero lo que sucedió a continuación es difícil de narrar para esta cronista. Una vez sentadas las distintas facciones correspondió a J.C Purse el uso de la palabra en primer lugar, quizá por una muestra de cortesía de Mr. Cyao Alar. Purse con ese semblante y voz que aburre un poco intentó animar a los concurrentes con el exordio “es la hora del demos”, pero después de tan vibrante inicio  se puso a leer: “el movimiento 15 M ayudó así decisivamente a introducir en el sentido común de época elementos impugnatorios del orden existente y que señalaban a las élites como responsables del juego de diferencias en el que descansa el pluralismo”. En ese momento las caras de incredulidad no eran sólo la de esta cronista y los murmullos eran bastante audibles: “¿pero qué dice?… ¿la democracia no es pluralidad?… No entiendo si el camarada está haciendo una crítica a las élites o lo contrario…”.

Purse que veía que aquello se le iba de las manos hizo una proclama reconocida por todos a la “identidad de clase” y a las “narrativas ideológicas tradicionales”, pero el desgaste pasional lo llevó a leer de nuevo: “IU, vinculada generacional y culturalmente al orden de 1878*, ha tenido en general –y salvo honrosas excepciones principalmente provenientes de las bases- reacciones tímidas y conservadoras”. Había que estar allí para ver la mirada de toro de la dehesa que Mr. Cyao Alar le dirigió a Purse, no llegó a más el asunto porque una mesa se lo impedía. Por el contrario, el joven Goznar no pudo evitar un sonrisilla y mirada de agradecimiento a Purse pues él era, lógicamente, la “honrosa excepción”. Inmune Purse, continuaba: “Las hipótesis movimientistas y de gran parte de la extrema izquierda, instaladas en un cierto mecanicismo por el que “lo social” ha de preceder a lo “político”, se han demostrado incorrectas para romper la impotencia de la espera y proponer pasos concretos más allá de la movilización.” Y estas fueron sus últimas palabras porque el aullido fue general y entre los pitidos y griterío se distinguían algunas voces airadas muy claramente:” ¡pero de qué vas… somos izquierda nuestra lucha es lo social!”,  “¡ o sea la política a cualquier precio… ¿es eso lo correcto?, ¿este es el nuevo mensaje?! Y una voz más atinada “¿ qué son las hipótesis movimientistas?….”.

 Y la reunión hubiera acabado en ese instante, pero entonces P. Churches  se levantó muy tranquilo. Hizo un ademán con las manos para imponer la paz como si fuera un hombre de iglesia. Ladeó un poco su joven cuerpo y con mucho sosiego trasladó a la audiencia que no habían entendido a su compañero de filas y también leyó, pero notándosele menos: “Seguramente la disyuntiva política estratégica hoy está entre restauración oligárquica o apertura democrático-plebeya, posiblemente en un sentido constituyente”. Ante esta afirmación las sillas se removieron, pero tengo que decir que sólo pude oír al que tenía a mi izquierda preguntarse: “¿Una democracia plebeya?… –y mirándome- ¿pero por qué se va al feudalismo si estamos en tiempos modernos…?

No supe darle contestación alguna. Me encogí de hombros y retomé el hilo de lo que contaba Churches que en ese momento afirmaba: “Esto imposibilita tanto las hipótesis insurreccionales como las de construcción de contrapoderes “por fuera” de la estatalidad”. No pude evitar tener la sensación de que este grupo se enredaba demasiado con “las hipótesis” y los palabros como “insurreccionales” y similares… Al salir del ensimismamiento pude constatar que el joven Churches con acentuada pasión tenía al auditorio pendiente de sus palabras: “porque el momento actual presenta diferentes elementos que constituyen una oportunidad política difícilmente mejorable en un contexto no revolucionario” y aquí estalló de nuevo el griterío, pero de “vivas” y “a por ellos”, etc. Se le jaleaba abiertamente y aprovechando el jaleo me moví a las filas de atrás de la sala, para tener otra visión o recoger otras opiniones que el campo parecía trillado en donde estaba.

No me fue fácil llegar al fondo porque, todo sea dicho, la sala estaba atiborrada. Así que cuando, por fin, me instalé entre dos varones de mediana edad, P. Churches  leía el párrafo más extenso que sin interrupciones era escuchado por un auditorio rendido al orador: “ Esa posición, que nos convierte en un claro referente de la dicotomía “nuevo/viejo” será incompatible con el menor caso de corrupción y es hasta cierto punto difícil de mantener en el tiempo cuando nuestra política no sea sólo de construcción de voluntad de cambio sino que se enrede en la gestión, sus necesarias transacciones y compromisos, en un momento de estrechamiento de la autonomía de las instituciones subnacionales frente  al plan de ajuste”. Silencio en la sala y P. Churches sin aliento. Los dos varones que tan gentilmente me habían hecho un hueco se miraron y para mi asombro hablaron en castellano, idioma que por cuestiones que no vienen al caso entiendo. El más cercano a mi le decía al otro: “A qué viene eso de la corrupción, Pablo… ¿Nos está diciendo  que la corrupción no se puede evitar y que ellos terminaran por caer en ella?”. El susodicho Pablo miró con tristeza infinita a su compañero: “lo peor es la voluntad de engaño y el desprecio que manifiestan a la gestión de lo público. Demasiado para mis oídos…” Y se fueron y yo con ellos cansada de tanto lenguaje masculino y viejuno. Cuando salí a luz del día me pareció haber hecho un viaje al pasado.

Alice Yermais

 *Nota de la compiladora, Alicia Miyares: “En la Crónica aparece la fecha de 1978. Creemos que ha sido un error tipográfico muy común en el siglo XIX, por lo que ha sido corregida la fecha por la compiladora para que el lector/a no se despiste”.