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La tentación de la casilla cero

Alicia Miyares

Publicado en Infolibre junio de 2014

Cuando la democracia comienza a perfilarse en la última mitad del siglo XIX como la forma de gobierno posible y deseable, tres serán  las teorías políticas que contribuirán a su cimiento ideológico: el liberalismo, el socialismo (entiéndase éste con todos los matices) y el feminismo. Qué modelo de sociedad es el más deseable, cuáles han de ser las condiciones mínimas para garantizar la autonomía de las personas, qué tipo de estado es el más eficaz para resolver los problemas de la ciudadanía, fueron y siguen siendo cuestiones inherentes a la propia democracia y las diferentes, y en muchos casos antagónicas,  respuestas estuvieron y están determinadas por la teoría política a la que se recurra.

La cohabitación de las distintas ideologías en el escenario democrático no ha sido fácil, pero lo que distingue a la democracia de otras formas de gobierno como dictaduras, teocracias, etc. es que es la forma de gobierno que da cauce al desacuerdo, garantizando, a su vez, la convivencia pacífica de ideologías enfrentadas. En esta pugna ideológica le correspondió al feminismo la peor parte, puesto que en el decurso histórico ha sido considerada una teoría política, indeseada, inmoral y antinatural por el pensamiento conservador y ha sido incomprendida o “aparcada” por el pensamiento político de izquierdas. Muchas han sido las razones por las cuales al feminismo se le desprecia o ignora, pero me limitaré a indicar las claramente ideológicas.

El pensamiento conservador desde Locke a nuestros días siempre ha utilizado la idea de la Familia como metáfora política, por la cual se concibe el Estado  como una gran familia: en ambas instituciones “la natural-tradicional” y la “publica-imaginaria” ha de haber una última autoridad que “por costumbre” (expresión de Locke) reposa en el varón. Así pues,  la irrupción del discurso feminista que subvierte el “orden natural” del mundo, que cuestiona la idea de una “familia natural” jerarquizada, que afirma el igual derecho a la autoridad de mujeres y varones y que reniega de la existencia de roles diferenciados le ha de parecer al conservadurismo político una seria y repugnante amenaza a sus posiciones políticas. Ello no está reñido con que en nuestros días, sean muchas las mujeres que ostenten representatividad en la esfera de lo público-político siempre y cuando el sustrato ideológico no se cuestione.

Por otra parte, contradictoria ha sido la relación del feminismo con el pensamiento político de izquierdas, ya que ambas teorías políticas desde su origen vincularon la idea de justicia social con igualdad. Sin embargo, en el pensamiento político de izquierdas se dio una especial relevancia a los conceptos de “clase social” y  “explotación”, afirmando con ello que combatir la desigualdad dependía de la aplicación de políticas equitativas de distribución de la riqueza. El feminismo, por su parte, a este planteamiento le añadiría un matiz de hondo calado al señalar que la desigualdad no residía únicamente en desigualdades materiales, sino también en desigualdades normativas y culturales para las que la aplicación de criterios distributivos eran claramente insuficientes: la desigualdad no era sólo explotación y carencia de oportunidades, sino también todos los rasgos de opresión que se confabulaban en torno a la categoría “sexo” y que afectaban a las mujeres por el hecho de ser mujeres: subordinación, carencia de poder, marginación, violencia e imperialismo cultural (androcentrismo). Ahora bien, este matiz feminista fue y sigue produciendo resistencias a su aceptación: en el binomio mujer-varón que las mujeres representen al proletariado  y los varones a la burguesía, en feliz expresión de Engels, no parece implicar contradicción alguna para afamados izquierdistas. La no aceptación del feminismo o la resistencia a sus vindicaciones sólo puede responder a la creencia, aunque no se haga pública, de que realmente hay un “orden natural” de los sexos.

Pese a estos antecedentes históricos y  resistencias actuales, el feminismo y las corrientes políticas de izquierda estaban llamadas a entenderse y limar las desconfianzas. Este tender puentes comenzó en el último tercio del siglo XX y en muy buena medida contribuyó a ello, en las sociedades democráticas, el afianzamiento del modelo de sociedad basado en el “Estado de bienestar”: la idea de mejorar, completar y consolidar ese modelo social llevará al cruce de caminos entre el feminismo y la socialdemocracia. Surgió de todo ello una agenda política nada desdeñable por lo que sería inadecuado tildarla de “intraagenda” feminista: el feminismo no opera como un lobby o grupo de interés. Su agenda política es una agenda colectiva, puesto que el feminismo al promover cambios en los modos de vida de las mujeres indefectiblemente promueve cambios en los modos de vida de los varones.

En el caso de España, por ejemplo, la agenda política feminista fue llevada a término, en algunos de sus puntos, por el último gobierno socialista. Se legisló en materia de derechos sexuales y reproductivos, en violencia de género, en la necesaria representatividad de las mujeres, en el reconocimiento de las tareas de cuidado,  en cambios en los contenidos curriculares en el aula, en mecanismos preferenciales de acceso de las mujeres al empleo etc., pero a la par no se articularon los suficientes diques de contención a la reacción que día a día   en los púlpitos, en sectores o administraciones educativas, en instituciones académicas y en medios de comunicación lograron generar un estado de opinión en contra sin precedentes.  El objetivo del pensamiento reactivo conservador se centró básicamente en instalar en la opinión pública que un grupo de interés, las feministas, pretendía imponer una agenda indeseada. Se importó de los grupos “neocon” estadounidenses el uso del  término “feminazi” para criticar a los colectivos de mujeres feministas. La campaña de descrédito de aquellos años ha llegado a nuestros días traducida en dos versiones: impunidad o desconfianza.

Así por ejemplo, el conservadurismo político está operando con total impunidad para desbaratar todo lo que tenga que ver con políticas de igualdad y con cambios normativos y culturales, confiados además en que no es esperable una campaña mediática y crítica de proporciones parecidas a las sufridas por el gobierno socialista. El pensamiento político conservador tiene como objetivo situar al feminismo, de nuevo, en la casilla cero. Por otra parte, en algunos sectores de izquierda  o de la nueva izquierda emergente se ha instalado la desconfianza. A ellos se debe la expresión “feminismo institucional” con evidentes connotaciones peyorativas para designar lo llevado a cabo por las feministas socialistas, feministas de otros partidos políticos y las organizaciones de mujeres. La expresión “Feminismo institucional” es de todo punto inadecuada por inexacta pues si pudiéramos remitirnos a una institucionalidad feminista no sería tan fácil alterar lo alcanzado en términos legislativos en materia de igualdad. Parece, por lo tanto, anidar en algunos sectores de la izquierda política la tentación de volver de nuevo a la casilla cero, en la creencia que desde esa posición originaria se podrán hacer las cosas de otra manera y mejor.

Ante esta situación corresponde al feminismo y a las feministas sobrevolar  la polaridad en la que parecen haberse instalado los partidos políticos. Si bien muchas feministas nos identificamos también con unos u otros partidos políticos, siempre hemos operado con la idea de la igualdad como reconocimiento lo que nos ha permitido no caer en la estrechez de miras del “y tú más”. Nada sería más desastroso para el feminismo que incurriera en la enfermedad que lastra a los partidos políticos, incluidos  los de nuevo cuño, las valoraciones alicortas y los juicios cínicos o cicateros. El feminismo tiene el suficiente camino andado para iluminar una democracia más plena.

 

¡Pacto ya por los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres en la unión europea!

Leo en el periódico El País: “El alemán Martin Schulz, ha dado este jueves un apoyo sin fisuras al líder conservador, el luxemburgués Jean-Claude Juncker, para lograr la silla más preciada de Bruselas: la presidencia de la Comisión Europea. Schulz pone únicamente dos condiciones a ese respaldo. Por un lado, que el programa de Juncker para los próximos cinco años haga concesiones al centroizquierda e incluya «asuntos relacionados con la justicia social, la reducción de desigualdades,
estímulos a favor del crecimiento y el empleo y fórmulas para que el crédito vuelva a fluir»”.
Bien hasta aquí la cita. Me preocupa de esta noticia el uso de los términos “concesiones” y “asuntos”. Por seguir el hilo de la noticia, “la justicia social”, “la reducción de las desigualdades” ni han sido “concesiones” ni, por supuesto, son meros “asuntos”, sino que son los pilares en torno a los cuales la izquierda se ha vertebrado y por los que ha luchado. Así pues, los términos de la negociación no pueden ser tan vagos, ni tan concesivos. Me explico con un ejemplo: no puede haber justicia social sin justicia sexual. Así que una exigencia concreta de la socialdemocracia en su negociación con el Partido Popular Europeo debería centrarse en no aceptar en el seno de la Unión ninguna regresión legislativa en materia de derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.
Corresponde, por lo tanto, al Partido Popular Europeo (PPE) aceptar los términos de esa negociación y consecuentemente exigir la retirada, en el caso de España, del proyecto de Ley de Gallardón . Si hemos de creer que la Unión Europea es una unión no sólo económica, sino también política no puede haber una Europa de dos velocidades en materia de Derechos y Libertades.

Entrevista a Alicia Miyares sobre educación

«En una societat de creients, els ciutadans no hi existeixen»

Alicia Miyares (Les Arriondes, 1963) és doctora en filosofia i professora de filosofia d’ensenyament secundari. Ha estat cap del Gabinet de la Conselleria d’Educació i Cultura del Govern d’Astúries, consellera tècnica de la Unitat d’Igualtat «Mujer y Ciencia» del Ministeri d’Educació i Ciència, integrant del Consell Rector de l’Instituto Asturiano de la Mujer i ha ocupat la secretaria de la Asociación Española de Filosofía María Zambrano. Els seus treballs d’investigació els ha dedicat principalment a la repercussió dels aspectes socials, polítics i morals del segle XIX en la història del feminisme i al feminisme com a filosofia política. És autora de les obres Nietzsche o la edad de la comparación i Democracia feminista, i ha participat en diverses obres col•lectives. Al blog La Caverna. (aliciamiyares.com) podeu seguir la seua opinió i reflexió sobre diversos temes com ara el feminisme, l’educació o la religió. Miyares impartí el passat 29 de gener la conferència central de la XVIII Jornada d’Informació als Orientadors que organitzà el Servei d’Informació i Dinamització de la Universitat de València (Sedi), l’editor de FUTURA.

Juan Manuel Játiva | Fotografies: Miguel Lorenzo

En la vostra conferència us heu referit al desistiment de l’Estat quant a l’educació. No us espanta, això?

A mi m’espanta el canvi de model i enfocament de l’educació actualment en marxa. Es tracta d’un enfocament dirigit al rendiment econòmic i empresarial, en el qual el que es vol dels alumnes en el futur és poder disposar de màquines utilitàries per al treball. No és un fenomen sol espanyol, sinó internacional i comporta un cost alt en la qualitat de la democràcia.

Tal com ho plantegeu és un corrent profund. Quines possibilitats hi ha de canviar-lo?

Cal prendre consciència ja de com s’estan formant els alumnes. Em preocupa que no prenguem nota del fenomen i no intentem canviar-ne la direcció fins que dins de deu o quinze anys ensopegarem amb els conflictes socials que produirà una educació orientada exclusivament al rendiment econòmic.

Quin tipus de conflictes?

Si tu eduques la gent per al bé i l’èxit propis, sense donar-li valors de referència comuns, allò que caurà serà la democràcia mateixa i allò que sosté la democràcia, és a dir, la idea del bé comú, de pluralitat, de tots els valors que coneixem des de temps antics. Quant de temps tardarà a cristal•litzar la idea que drets com l’educació, la sanitat, tots els assoliments socials no són drets, sinó beneficis? Jo ja he sentit expressar-se així alguns dels nostres polítics, com en aquests països econòmicament reeixits amb uns valors que no són en absolut democràtics, i als quals ens estem apropant. Sense referents, si la gent no sent parlar de drets ni de valors en l’ensenyament formal, hi haurà un nivell d’acceptació cívica de la idea que hem de sacrificar-nos i renunciar als nostres drets.

Però se segueix parlant d’educació en valors.

Es pot parlar de valors en el discurs polític al mateix temps que es desvaloritzen aquestes matèries que tenen a veure amb els valors, amb el ciment social. Si prospera alhora la idea de formar els treballadors reeixits i flexibles que la societat necessita, es produeix l’aliança perfecta per a aconseguir una acceptació de la idea que la vida és així.

Podeu posar-ne un exemple?

N’hi ha un d’evident. És el suposat conflicte entre religió i ètica quan et plantegen triar-ne una o l’altra. Comence a pensar que el manteniment de la religió en el nostre sistema educatiu ofereix la millor excusa per a no educar els ciutadans en valors comuns.

Insistisc que els defensors d’aquesta opció també parlen de valors.

És clar, però no és el mateix creients que ciutadans. Si poses al mateix nivell (la qual cosa és una aberració, des del meu punt de vista) les creences (que en bona mesura estan sostingudes pels costums), les tradicions…, i els valors polítics que cimenten la democràcia, com ara la llibertat, la igualtat, la tolerància o la solidaritat, estàs dient que són el mateix, i no ho són pas. La religió forma creients mentre que els valors com la llibertat o la igualtat formen ciutadans. Dit d’una altra manera, en una democràcia consolidada els creients són possibles; en una societat de creients, els ciutadans no hi existeixen.

Quan es critica la Llei Orgànica per a la Millora de la Qualitat Educativa (LOMQUE) per la posició de la religió en el text legal, se sol argumentar que això és solament una petita part, com si fóra una qüestió menor. Què us sembla?

No és una qüestió menor, el que passa és que ens quedem en la polèmica i no en el seu significat últim, perquè no construeixes la mateixa societat amb les creences religioses que amb els valors democràtics.

Quan parleu de desnaturalitzar assignatures, us referiu solament a l’ètica?

No, em referia a algunes més, a tot el que en diem humanitats. En veiem un exemple fantàstic en els informes internacionals –PISA n’és un– que solament avaluen assignatures instrumentals, com ara llengua, matemàtiques i una mica de ciències naturals. Per què ho fan? Perquè són matèries neutres, no impliquen cap compromís amb els valors. Per ser internacionals i estandarditzades no pregunten res sobre humanitats, perquè en aquestes sí entra ja el conflicte de valors.

Podríem fer una prova estandarditzada a nivell internacional sobre història?

En absolut. Una de les bones experiències de l’aula, quan en tens una com la meua, absolutament intercultural (al meu institut hi ha alumnes de vint-i-nou nacionalitats), i tu ensenyes filosofia, és que t’adones –sobretot amb la població musulmana– de la cura que cal tenir perquè ningú no se senta lesionat. Ens hem acostumat a tractar la història des del punt de vista de la nació on estàs. El pes de les assignatures instrumentals ve del fet que la instrumentalització no compromet els països. Amb elles no hi ha dissens, no hi ha polèmiques. Que dos i dos són quatre és una cosa universalment acceptada, però hi ha molts països, en canvi, que participen en aquestes proves i que no accepten els mínims valors democràtics.

Alguns d’aquests països estan per davant de molts països europeus en les proves PISA.

És clar. Però no són envejables quant a qualitat de vida i qualitat democràtica. Els he de posar com a referents sense tenir això en compte?

El fet és que quan jutgem els països pels seus mèrits educatius, abstraiem aquestes manques i hi ha un consens social a pensar que som bons o dolents en educació segons l’ordre en què PISA ens situa per les nostres habilitats matemàtiques o lingüístiques.

Però això cal dissoldre-ho com un terròs de sucre. A mi no em serveix de res que un país que no està en democràcia vaja per davant de nosaltres en matèries instrumentals, perquè a la seua població potser no li donen els registres educatius de valors per a ser uns ciutadans crítics amb capacitat per a denunciar les injustícies.

Han posat medalles a cap país per educar en valors uns ciutadans crítics?

Tal vegada no, però als qui em diuen com estem de malament, els conteste: Voleu anar a viure a Xina acceptant-ne el model social al complet? Aquesta és la pregunta. Japó i Corea del Sud hi van per davant, però voleu aquest model de vida? Voleu aquest nivell d’acceptació de la població, no qüestionar críticament el que esdevé? Aquesta és la pregunta rellevant ara mateix.

Considereu que l’informe PISA està sacralitzat?

Sí, perquè en el fons PISA ve estupendament per a un enfocament educatiu dirigit al rendiment econòmic, que és el que està en auge ara. Els qui eixiran malparats d’aquest canvi de model no solament seran els alumnes, sinó també la democràcia en si com a sistema de govern.

Tenint en compte la magnitud d’aquest enfocament, macroeconòmic i macropolític, el fet d’esgrimir com un dels valors importants la capacitat d’elecció de centre dels pares, és una qüestió menor o no?

No és menor. Forma part d’aquest camí cap a la idea del bé propi, la comunitat d’afectes. Tot el qui està dins de la comunitat d’afectes està bé. En canvi, em desentenc del bé comú i del compromís amb altres formes de vida i altres sistemes de creences. No és una qüestió baladí.

Ja no seria tant pel meu propi bé com pel bé dels meus, no?

Sí, els meus, el meu àmbit. És a dir, si tinc una creença religiosa determinada, aquesta família és l’àmbit dels meus. Sembla un assumpte escabrós quan el denuncies, però és així.

En tot cas, quan es planteja l’argument de la llibertat d’elecció, és difícil de contestar perquè esgrimeix un valor tan democràtic com la llibertat. Què hi dieu com a especialista en filosofia?

Caldria anar als nostres filòsofs contractualistes del segle XVII i XVIII, que van teixir teòricament la renúncia a banda de la llibertat. En el fons, nosaltres cedim sempre part de la nostra llibertat. Qualsevol llei, qualsevol norma és una cessió de part de la nostra llibertat, natural, pròpia, perquè en aquesta cessió el que assegurem és la convivència pacífica. L’acceptació de les regles democràtiques significa això. En el cas de l’escola a penes se sent contestació a la llibertat d’elecció perquè l’elecció s’ha convertit en l’excusa per a acceptar qualsevol manera de vida o comportament. I és terrible.

Sou professora d’institut. Què poden fer els professors, si és que volen, per evitar que aquest model educatiu orientat al rendiment econòmic es consolide?

En aquest moment, els professors estan sent instrumentalitzats de tal manera que ni tan sols la seua titulació els preserva en l’àmbit educatiu. La llei diu específicament que el professor pot ensenyar en secundària, però no en els cursos inicials de secundària, que en principi estaven previstos per als mestres. No creieu que per tenir una titulació, filosofia en el meu cas, ensenyareu solament filosofia i afins: ensenyareu el que jo considere que necessite de vós. Perquè hi ha retallades. Jo estic ensenyant en primer de l’ESO per primera vegada i no tinc les eines ni la didàctica, ni la metodologia per a fer-ho.

I això us ha passat abans de la LOMQUE?

Hi ha comunitats que s’han anticipat anys a la LOMQUE. Una d’elles és la de Madrid: quant a augment de ràtios, disponibilitat dels professors, no contractació de professors i fins i tot quant a la contractació de professors externs. En aquest moment s’estan contractant docents que ni tan sols tenen la titulació universitària. Sempre hi ha una excusa, ací ho coneixereu amb l’excusa del multilingüisme.

Si aquest desistiment de funcions de l’Estat en l’educació i aquest corrent enfocat al rendiment econòmic és un corrent profund internacional, serveix d’alguna cosa un canvi de govern per a corregir-lo?

Honestament, crec que amb un canvi de govern algunes de les coses que apareixen en la LOMQUE tornarien al seu curs original. Em referisc, per exemple, a la trajectòria de l’alumne. Crec que tornaríem una altra vegada als itineraris tal com estan en aquest moment. Quant a altres coses, tinc ja els meus dubtes. Però cal evitar una segregació tan primerenca i amb unes eines que potser no són les millors. És a dir, el nou model segrega als primers anys de l’educació perquè aquest alumne no té els resultats adequats en una cosa tan concreta com pot ser l’àmbit logicomatemàtic o el lingüístic. I cal dir ben alt que aquest no pot ser l’únic criteri, que hi ha moltes més habilitats en aquesta vida. Hi ha vuit intel•ligències diferents i hi ha molts talents personals.

En la vostra conferència heu fet entendre que hi ha talents sobrevalorats.

El talent és un concepte polisèmic. El sentit que se li dóna ara, en la normativa actual, és el d’una espècie de disposició natural. Quan et diuen que no tots naixen amb el mateix talent, t’estan dient que uns naixen amb més i uns altres tenen menys. Per als primers dissenye un itinerari a partir dels 16 anys: a batxillerat o a la formació professional; i per als que en tenen menys dissenye un altre itinerari que comença abans, a més, i que va a un altre camí, que és un camí cec, una FP bàsica que encara no se sap ben bé què serà, i n’eixiran sense titulació. No puc acceptar que es dividisca la societat a partir dels 11 o els 12 anys sense tenir en compte tots els talents que té l’ésser humà i sense considerar que aquests resultats depenen en bona mesura d’un entorn socioeconòmic molt desfavorable. En compte d’intentar compensar aquest entorn, el que farà l’ensenyament és reforçar-lo, condemnar els alumnes a ser adults en un entorn socioeconòmic. Això és inacceptable, perquè l’educació és l’única eina que tenim de mobilitat social. No n’hi ha cap altra.

 

 

Hostilidad y Arrogancia

Publicado en Infolibre, blog “Autonomía e Igualdad”

Hostilidad y Arrogancia

 Alicia Miyares

“Por qué” es un tipo de pregunta que nos ayuda a desarrollar nuestra comprensión. A menudo también revela problemas que podíamos no haber percibido o en los que de otra manera no habríamos reparado. Sucede también que a quién se le plantea un sencillo “por qué” suele responder a la defensiva, recurriendo para ello a la hostilidad y la arrogancia, a partes iguales. La hostilidad se utiliza como medio esquivo para no desvelar las verdaderas motivaciones o creencias, que suelen discurrir por la adhesión a patrones socialmente punitivos; la arrogancia, por el contrario, refleja una pauta de comportamiento que consiste en rebajar las expectativas de los demás como modo de demostrar la propia competencia y superioridad. La hostilidad y la arrogancia son recursos potencialmente destructivos.

 

Traslademos la cuestión del “por qué” a la toma de decisiones políticas en una democracia. Es el tipo de pregunta esencialmente básica que  contribuye a evitar la tiranía, garantizar derechos esenciales, promover la libertad general, lograr la autodeterminación y autonomía moral, perseverar en el desarrollo humano, consolidar la igualdad política y, en definitiva, abrir la puerta a la convivencia pacífica y la prosperidad. En democracia formular un simple “por qué” ayuda a sortear el gobierno de autócratas crueles y cínicos. Cuando ante una decisión política se plantea un “por qué”  tan sustancialmente democrático y se responde a la defensiva, recurriendo ora a la hostilidad, ora a la arrogancia se infringe un daño a la propia democracia: bien porque el interpelado pretenda ocultar  que considera, por ejemplo, la “libertad general” o la “autonomía moral de las personas” más bien fines nocivos que deseables; bien porque considere que garantizar los “derechos esenciales” o consolidar la “igualdad política” restringe su propia “autodeterminación” o interés que no transita precisamente por la búsqueda del “bien común”. Quien así obra, en cualquier caso,  pone en cuestión la condición empíricamente necesaria para que exista la democracia, por ser ésta, a diferencia de otras formas de gobierno, un  sistema de derechos.

 

Tomemos ahora  un ejemplo concreto: el anteproyecto de ley de nombre inefable, “Ley Orgánica para la protección de la vida del concebido y de los derechos de la mujer embarazada“. La perplejidad que ha producido este “borrador metafísico” es de todas y todos conocidos. Quien más quien menos se habrá preguntado: ¿Por qué un gobierno se enfrenta a la libertad y autonomía moral de las mujeres? ¿Por qué un gobierno se empecina en ir contra una sociedad mayoritariamente laica o secularizada? ¿Por qué un gobierno desoye la autorizada voz de los profesionales de la salud? ¿Por qué un gobierno pretende acallar las voces críticas en el seno de su propio partido? ¿Por qué un gobierno en la toma de decisiones se decanta por la trifulca y la polémica antes que por el diálogo y el consenso? ¿Por  qué un gobierno propone un marco legislativo contrario a las normas europeas?

 

Y a lo mejor las respuestas han de ser sucintas. Pudiera ser que el gobierno fuera hostil a la libertad de las mujeres y por ello, en una muestra de arrogancia, no quiera perseverar en ninguna acción política o marco legal que consolide la autodeterminación y autonomía moral de las mujeres. Cuando el ministro de justicia, por ejemplo,  nos informa de qué es ser “una mujer auténtica” está recurriendo a la hostilidad en su presentación socialmente aceptada, la misoginia galante; cuando la misma persona, antepone un concepto tan metafísico como “el concebido” a la capacidad de decidir de las mujeres incurre en una “falacia naturalista” -creer que lo “bueno” es lo “natural”- y además sufre “el síndrome del Arcángel San Gabriel”. Tanto la aceptación totalizante de la falacia naturalista sin tomar en consideración los diferentes estados evolutivos del embrión, como creerse el mensajero de Dios, anunciando la buena nueva  a todas las españolas y no sólo a María, son inequívocas muestras de arrogancia.

A vueltas con la educación segregada

Gracias a un comentario de Amelia Valcarcel traigo este breve comentario que escribí para Fundación Mujeres. La defensa de la segregación en la aulas obedece a un miedo: el miedo surge de la posición aventajada de las niñas y las mujeres en el aula. La educación tiene una dimensión objetiva que es la formación alcanzada y es incontestable que las mujeres presentan hoy mayor formación que los varones. Esa mayor formación a la larga desencadena o debería desencadenar unas expectativas de vida que realmente pongan en entredicho modelos de vida y de familias altamente estereotipadas en función del sexo.
Curiosamente los defensores de la educación segregada nunca mencionan que esa ventaja formativa de las mujeres, se produce, sin embargo, en un contexto desfavorable para ellas. La ventaja formativa de las mujeres se produce en un contexto académico absolutamente androcéntrico. Y pese a ello obtienen mejores resultados. La solución a la diferencia formativa de niñas y niños, mujeres y varones no parece residir en una educación segregada, pues ya reciben una formación absolutamente segregada y favorable a los varones, sino en erradicar precisamente el androcentrismo o generalización de la perspectiva masculina en nuestros centros de enseñanza. Quiza la respuesta esté en romper estereotipos y no en segregar.

Mariano y la Constitución

marianicoDurante los actos de conmemoración de la Constitución, el Presidente del Gobierno expresó su voluntad de restringir los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. Esta locuacidad impropia  de Rajoy no ha sido un error de bulto, sino que obedece, a mi juicio, a una estrategia doblemente calculada. Si un serio retroceso en derechos es que el Presidente revoque la actual Ley de salud sexual y reproductiva que garantiza a las mujeres el ejercicio de su libertad, al proclamarlo  públicamente durante la celebración  de los 35 años de la Constitución quebranta el espíritu constitucional, ya que lesiona también gravemente la dignidad de las mujeres.

En una charla informal con los periodistas, el Presidente nos ha convertido, de nuevo, a las mujeres en ciudadanas de segunda categoría  y “como quien no quiere la cosa” aprovecha la fiesta institucional para imprimir a su mandato un giro claramente conservador para satisfacer la voracidad e intolerancia de su electorado más reactivo y menos cívico.

Nada de todo ello se produce de manera casual o inconsciente, sino que, por el contrario, el retorno a las “esencias” obedece a una “estrategia de contención democrática”. La mayoría absoluta del gobierno se está utilizando para desposeer a la democracia de su fuerza, la defensa de las mayorías y también de su eficacia, el bien común. Si además discursivamente el ideal de igualdad es suplantado por el de sacrificio, el de libertad por el de orden y el de justicia por  el de autoridad, las víctimas serán legión. Los valores arcaizantes de “sacrificio”, “orden” y “autoridad”, muy del gusto de la ideología política conservadora, no sólo contribuyen a infantilizar a la población en su conjunto, sino que tienden a resituar a algunos grupos sociales o colectivos en posiciones culturales y valorativas pre-democráticas.

Para que se produzca una relativa aceptación por parte de la ciudadanía de este nuevo modelo de democracia cínico y formal, el gobierno se centra en refrenar las expectativas de determinados grupos sociales que, apenas en fecha muy reciente, ha logrado adquirir cierta posición de equiparación social. Y así es como las mujeres nos hemos convertido en una diana especialmente fácil, ya que nuestros avances en derechos siempre se han desarrollado en el contexto de la polémica.  Así, por ejemplo, sin  el paso del tiempo necesario para que los nuevos derechos sexuales y reproductivos se hubieran consolidado y acallado la polémica, proponer su eliminación apenas representa coste electoral alguno. Pero además, la “contención democrática” ejercida sobre las mujeres cumple una doble función: no sólo lastra la consolidación de los derechos de igualdad y libertad de las mujeres, sino que además orienta a la ciudadanía en su conjunto hacia la asunción de valores más tradicionales.

Así las cosas, si tuviera potestad tipificaría, en el contexto de una Ley de seguridad ciudadana,  “la contención democrática” como infracción muy grave ya que el abandono de las políticas de igualdad, las limitaciones impuestas al uso y disfrute de nuestros derechos y la sustitución del paradigma de la justicia social por un sentido de justicia coercitivo y punitivo atenta contra la seguridad cívica, en este caso contra la seguridad de las mujeres. Si quien comete la infracción grave es el Presidente del Gobierno como medida sancionadora propondría su inhabilitación. En este caso el Presidente despojado de su rango sería “Mariano simplemente Mariano”.

Violencia institucional

VIOLENCIA INSTITUCIONAL 

 

violenciaSolemos atribuir los actos violentos a un gobierno cuando estos son teocráticos, totalitarios, y dictatoriales y por el mismo razonamiento solemos eximir a los gobiernos democráticos de ejercer violencia institucional. Pero lo cierto es que este axioma político, según se van consolidando las democracias, es cada vez menos pertinente.

Hoy en día la medida de una democracia es otra democracia. Un gobierno democrático se ha de comparar con otro gobierno democrático por las leyes que elabora, por los derechos que hace suyos, por las actitudes que promueve,  por los grupos de interés que favorece, por gobernar, en definitiva, de cara a la ciudadanía o contra ella. Así pues, para percibir la violencia ejercida en una democracia, no hay mejor registro que tomar a un grupo, clase social o colectivo sobre el que históricamente se ha ejercido violencia y comprobar cuanta de ella se ha resuelto con la práctica democrática. Las mujeres, desgraciadamente,  pertenecemos a ese grupo social de referencia.

En el fenómeno de la violencia se reconocen tres tipos: violencia estructural, violencia cultural y violencia directa y esperamos de los gobiernos democráticos rigor para abordarlas y leyes para combatirlas.  A su vez el grado de erradicación de las manifestaciones violentas nos sirve a todo efecto como indicador de calidad democrática y como medida evaluadora de la acción de un gobierno. Por ello,  si un gobierno, por dejación u omisión (cuando no beligerancia), no actúa decididamente en contra de los tres tipos de violencia se puede afirmar de él que ejerce violencia institucional.

A la luz de estas premisas, repasemos nuestras leyes y la acción del gobierno del PP.

a)    La violencia estructural: se centra en el conjunto de estructuras que no permiten la satisfacción de las necesidades como resultado de los procesos de estratificación o jerarquía social, y se concreta, precisamente en la negación de estas necesidades. De las leyes hoy vigentes, y tomando como referente al grupo de las mujeres, la “Ley de Igualdad efectiva de mujeres y de hombres” es la que más fielmente refleja el combate contra la Violencia estructural. En ella se abordan medidas para erradicar la estratificación social y jerárquica de un sexo sobre otro en la interpretación de las normas, en el acceso al empleo y las condiciones de trabajo, en la política, en  la educación, en las empresas, en los medios de comunicación, etc. Determina además cuáles han de ser las actuaciones de los poderes públicos para erradicar las desigualdades y satisfacer así las necesidades de las mujeres.

Si inaudito fue que un partido democrático recurriese ante el constitucional la validez de esta norma, más inconcebible es que hoy ese partido en el gobierno haga dejación expresa de promover actuaciones en el sentido que marca la Ley. De su inacción  por cumplir y hacer cumplir la “Ley de igualdad” no se sigue solamente inoperancia, sino que al no combatir el modelo de estratificación y jerarquía social entre mujeres y hombres lo está dando por bueno. En el análisis de la violencia estructural no hay lugar para el término medio, ni caben actuaciones tímidas ni márgenes de tolerancia. Por ello se puede concluir que el gobierno del PP al no combatir la violencia estructural, la perpetúa.

b)    La Violencia cultural se basa en un amplísimo entramado de valores asumidos acríticamente y a través de ellos se logra la aprobación de posturas intransigentes en lo religioso, en lo económico, en las relaciones de género, en la educación, etc. No conozco, así pues, mayor acto de violencia cultural en una democracia que violentar los derechos adquiridos. De nuevo me remito a una ley vigente: la “Ley orgánica de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo”, que el gobierno del PP pretende reformar. Tras la reforma anunciada se esconde una cesión absoluta a valores y formas de vida de una religiosidad extrema. De llevarse a cabo, el gobierno estaría ejerciendo violencia cultural sobre todas aquellas personas que no compartimos ese ideal de vida. Nos estaría obligando a dar por buenas mistificaciones en torno a la concepción y nos limitaría en nuestro derecho a decidir para imponer el “plan de Dios”. La salud de una democracia se mide por su capacidad para deslindar las leyes de la moral religiosa,   por salvaguardar el derecho a decidir en materia sexual y reproductiva. Por el contrario, cuando se pretende legislar en consonancia a una creencia religiosa, la ciudadanía no es posible. Y eso en democracia es violencia cultural.

 c)    La Violencia directa es visible y de carácter físico o verbal y en España se ha llevado por delante en una década la vida de más de 700 mujeres. Para detener esta violencia genocida, pues se ceba sobre las mujeres, disponemos de la “Ley Orgánica de Protección Integral contra la Violencia de Género”. El ámbito de la ley abarca tanto los aspectos preventivos, educativos, sociales y de atención a las víctimas y se exige de los poderes públicos no ser ajenos a la violencia de género.

Si tomamos las medidas previstas en la ley y las iniciativas que en esta materia ha impulsado el gobierno del Partido Popular el resultado no puede ser más desalentador: no se entiende que se hayan recortado recursos y que no existan campañas de sensibilización; no parece tampoco que cerrar centros y servicios sea el modo más eficaz de luchar contra la violencia de género; produce perplejidad que este gobierno  declare a una asociación ultraconservadora, que defiende unas relaciones  entre los sexos absolutamente estereotipadas, de utilidad pública (lo que conlleva beneficios económicos y exenciones fiscales) y a la vez recorte subvenciones a las asociaciones de mujeres que luchan contra la violencia de género; en la nueva ley educativa  me deja  sin aliento la pobre consideración que se otorga a los valores cívicos, equiparándolos a la enseñanza doctrinal de la ideología sexual presente en la religión. Podría seguir enumerando más actuaciones del Gobierno, pero creo que son lo suficientemente representativas para afirmar que no se están tomando las medidas adecuadas para eliminar de raíz la violencia directa sobre las mujeres.

Deberíamos recordar y denunciar los 365 días del año que derechos y creencias no son lo mismo y si un gobierno intencionadamente promueve esta confusión, mantiene viva la violencia, ejerce violencia institucional.

El clan del macho cavernario

 

Pertenecen a esta estirpe todos los que hacen gala de una profunda misoginia. Para desgracia de este país son muchos los que careciendo de ideas y mínimos morales gozan de  bulas inauditas para verter su desprecio hacia las mujeres y por ende hacia la humanidad en su conjunto. Lamentablemente no hay restricciones públicas a la misoginia, como si las hay al “racismo” o al “nazismo”, por ejemplo.

No hay semana que trascurra sin que alguna ocurrencia del “clan del macho cavernario” vea la luz. Modestamente he decidido dedicar el Blog a dar cuenta de “La caverna” en este país: vendría a ser un boletín de la misoginia y la reacción. Me temo que dispondré de abundante material. Sirvan de muestra estas dos noticias:

  • Cabrones a favor de la prostitución: “343 cabrones” piden a la Asamblea Nacional francesa: “no toques a mi puta”. Por una vez se han definido a la perfección y, como era de esperar, en España este manifiesto fue secundado entre otros por Sánchez Dragó. En “Yo cabrón”,  se ampara Dragó en el “imperativo de la testosterona” para mostrarse favorable a la vejación sexual que implica la prostitución.  Pérez Reverte, otro eximio representante del Clan del Macho Cavernario, se suma al manifiesto en “Putas, chulos y ayuntamientos”. Su argumento se limita a demandar que “tras una dura jornada laboral” los varones gocen de  “patente de corso” para  comprar el “chichi” que estimen oportuno. La razón de peso esgrimida es que “La prostitución es vieja como el mundo” (imagino que tal “innovación intelectual” lo ha vuelto un poco mas calvo).
  • “El arzobispo de Granada edita un libro que enseña a la mujer a ser sumisa”.   Dispone este prelado de una editorial a través de la cual canalizar escritos fundamentalistas.  En defensa del libro “Casate y sé sumisa”, el arzobispo, por medio de un comunicado, asevera que las publicaciones de la editorial “están marcadas por el amor a lo humano”: ¡extraño concepto de  amor es el que incita a la sumisión!. No se encuentra en el comunicado del arzobispo acto de contrición alguno, sino, por el contrario, alarde de su persona, ya que su predicación, afirma, es acorde con las enseñanzas de la Iglesia. “En la boca del necio está la vara de la soberbia” (Pr.14)   y para evitar más necedades no habría mejor medida que la destitución del arzobispo (“suspensión a divinis”).

Ley Orgánica de Miopía Educativa (LOMCE)

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Soy docente de secundaria. En una jornada promedio podrás tener 4 horas lectivas, una guardia y alguna reunión. Dicho así, a muchas personas les parecerá poco. Quizá comiencen a entender la situación cuando les expliques que en esas cuatro horas habrás impartido ética, historia de la filosofía, psicología e incluso “alternativa a la religión. Supongo que se entiende que esas clases se dan en niveles diferentes, desde 1º de la Eso hasta 2º de Bachillerato y que dispones de sólo 5 minutos para adaptarte al cambio de nivel, al cambio de materia, al cambio de material (dejar unos libros, coger otros),al cambio de alumnado (que no todas las clases son iguales), al cambio de aula (muchas veces en pabellones distintos, cuando no tienes que cruzar incluso una vía pública con sus semáforos). Además, tendrás que bajar y subir escaleras (no hay ascensores: suerte es que te toque una clase en el primer piso; mala suerte, en el segundo); no llegar tarde a la clase siguiente porque trabajamos con grupos humanos que son impredecibles, siendo el riesgo menor el alboroto que puedan formar; acostumbrarte a las condiciones térmicas del aula, abandonar prejuicios olfativos, imponer silencio y comenzar una clase que deseas que transcurra con la mayor normalidad… expresado lo anterior, se entiende que este no es el problema: estamos entrenados como los perros de Paulov para responder a la campana…
Ahora bien, la normalidad deseada se puede ver alterada sin remisión:
a) Si aumenta el número de alumnado por aula. Este incremento conlleva una mayor dificultad para atender de manera individualizada al alumnado, a la vez que supone una mayor dificultad respecto a la gestión, el orden y disciplina del aula. Exige del profesorado una sobreactuación total, que termina por agotarte.
El señor Wert no parece ver la relación de causa-efecto que existe entre el incremento del alumnado por aula y sus efectos negativos en cuanto al rendimiento y los resultados escolares. Así es que en vez de desarrollar una Ley de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), está avalando una Ley Orgánica de Miopía en la Calidad Educativa (LOMCE), más vulgarmente conocida como Ley de Miopía educativa.

b) Si se da más valor a la “Mística religiosa”. A decir verdad no sé en qué ayuda a la calidad de la Educación la enseñanza doctrinal de la Religión. Este es uno de los muchos misterios que el señor Wert no nos desvela, pero lo cierto es que la asignatura de religión pasa a ser una materia de especialidad que contará para la nota medía. Se atiende así a una petición histórica de la Iglesia Católica, ante la caída de un 10% de las matriculaciones en esa asignatura y de pasada se carga Educación para la Ciudadanía. Retornamos a la Edad Medía: Educación para la Fe versus Educación para la Ciudadanía. Decididamente Wert se mueve en las tinieblas.

c) Si se produce una pérdida de profesorado. En los últimos años se ha despedido a miles de profesores y más que se prevén con la LOMCE con lo cual ¡adiós a las clases de desdobles en inglés, matemáticas, lengua…! adiós a la tarea orientadora, si a los equipos de orientación se les incrementa la carga lectiva!, ¡adiós a las clases de refuerzo!, ¡adiós a la calidad en la transmisión de contenidos si se permite y se obliga a dar clases en especialidades y/o cuerpos distintos a la plaza de la que se sea titular!. Es una ley, por lo tanto, de Merma Educativa.

d) Si se desconfía de la capacidad evaluadora del profesorado. En el proyecto de LOMCE se multiplican las pruebas externas con el objetivo de controlar la labor docente. Se establecen evaluaciones o reválidas externas externas (estas últimas, necesarias para pasar de curso, solo en el caso de la ESO y el Bachillerato) al término de cada ciclo. No veo en esta medida de las reválidas externas la búsqueda de la calidad educativa, pero sí intuyo que para “alguien” o “alguienes” será un negocio. Así que también podríamos denominar la LOMCE como una Ley mercantilista de la Educación.

Solo he enumerado unos pocos puntos que convierten al proyecto LOMCE en una ley que no busca la Mejora de la Calidad Educativa. Sirven sólo a modo de ejemplos que explican el por qué de la huelga en la educación en los próximos días.

LO SAGRADO Y LO SACRÍLEGO

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  • SAGRADO ES el reconocimiento de la dignidad intrínseca de las mujeres, siendo parte inalienable de sus derechos, los derechos sexuales y reproductivos.       SACRÍLEGO  ES no reconocer como intrínsecos a las mujeres los derechos sexuales    y  reproductivos y despojar a las mujeres del derecho a decidir.
  • SAGRADO ES que las mujeres -liberadas del temor y la miseria que en sus vidas ejercieron los mandatos religiosos- disfruten de la libertad de elección, ya que es la aspiración más elevada de todo ser humano.                                                        SACRÍLEGO ES el menosprecio a dicha libertad de las mujeres y la vuelta a un      régimen de tutela que condena a las mujeres a una “minoría de edad sexual y reproductiva”.
  • SAGRADO ES que las mujeres no sean sometidas a tratos degradantes o a injerencias arbitrarias respecto a la toma de decisión en torno a la maternidad.             SACRÍLEGO ES forzar a las mujeres a una maternidad impuesta.                                               
  •  SAGRADO ES que los derechos de las mujeres sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que las mujeres no se vean compelidas al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión.                                                                    SACRÍLEGO ES  que un gobierno democrático, cuyo mandato supremo es consolidar los derechos adquiridos, se afane, por el contrario en impedir el libre ejercicio de los derechos de las mujeres.
  • SAGRADO ES promover la igualdad de derechos de mujeres y hombres y el progreso social,  elevando el nivel de vida gracias a un concepto más amplio de libertad.  SACRÍLEGO ES no respetar estas reglas e incluso actuar contra las mismas.

PD: inspirado en el Preámbulo de La Declaración Universal de los Derechos Humanos.