Crónica de una misoginia desbocada




Hemos tenido que llegar al límite de que un “franco-columnista” bordeé la apología de la violencia contra las mujeres para que algunos tomen conciencia del machismo imperante; pero lo cierto es que ya desde el inicio de esta legislatura, con la creación del Ministerio de Igualdad, la misoginia se convirtió en la voz y prosa habitual de muchos tertulianos, columnistas y caterva creciente de personajillos que como recurso a su falta de creatividad (o dando curso a su “sentir natural”) se empeñaron en la denostación del Ministerio, las feministas y la igualdad.

Día a día hemos asistido a “La crónica de una misoginia desbocada”: un constante goteo de vejaciones e insultos que sumados todos vulneran los principios de la constitución y cuyo objetivo final era y es poner en quiebra la igualdad institucional. Ahora bien, si hay  “francocolumnistas”  es porque se da o permite la orden de ataque

Cuando un columnista en la sección de opinión, -donde nada necesita ser probado, donde lo exigible no es la profesionalidad sino la visceralidad-, se refiere a “la camelancia esa del Ministerio de Igualdad” está fijando una diana política y no por un acto individual de defender un modo de vida “casposo”, sino porque sabe que contará con aliados: el silencio de algunos partidos políticos, la aquiescencia de la jerarquía eclesiástica, la neutralidad del poder judicial, el beneplácito del director del periódico y las palmaditas en la espalda de sus amigos de tertulia.

Cuando un columnista al abordar la violencia -¡ellos que han visto tantas guerras y se han curtido bajo el silbido de las balas!-, se permite referirse a la violencia contra las mujeres como “la fácil demagogia de la violencia de un género sobre otro” está fijando una diana judicial y no porque él haya interpuesto un recurso, sino porque sabe que en la instrucción del juicio sumarísimo contará con aliados: la demagogia de algunos partidos políticos, el relativismo moral de la jerarquía eclesiástica, las voces disonantes en el poder judicial que cuestionan determinadas leyes, la mirada hacia otro lado del director del periódico y la sonrisa cómplice de sus amigos de tertulia.

Cuando un columnista utiliza su columna como si de un púlpito se tratara para enseñarnos el recto obrar -las sufragistas se referían a los púlpitos como la “torre del cobarde”- y  se permite afirmaciones como “la hembra no puede caer en el fundamentalismo feminista porque eso resta razón y equilibrio” está señalando una diana social y no porque sea un ejemplo inmaculado de probidad y moralidad, sino porque  con ello  abre la veda contra la feministas ( o “feminatas desaforadas de pepitilla seca”) y contará con aliados:la contraposición mérito/igualdad que defienden algunos partidos políticos, la cultura patriarcal de la que hace gala la jerarquía eclesiática, la escasa fundamentación juridica  en torno a la libertad de expresión, el nulo espacio que el director del periódico concede al feminismo y las noches de juerga compartida con sus amigos de tertulia.

Así que nadie se engañe, cuando se permite la misoginia desbocada no pierde sólo la igualdad institucional y el feminismo, sino que perdemos todas las mujeres y vuelve el hombre que nos designa como “tordas”.

4 pensamientos en “Crónica de una misoginia desbocada

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  3. Mariam Losada Martínez

    Un artículo muy bueno y desde luego interesante. Y la verdad es que no podría estar más de acuerdo contigo. Hace tiempo que vengo expresando lo mismo y suerte tenemos las mujeres hoy en día (dentro de nuestras dificultades) que existan los medios técnicos que hacen posible que No Callemos porque hasta no hace mucho aunque no callásemos poco importaba pues no se nos oía. Un saludo Alicia

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