FEMINISMO Y NO “MUJERISMO”

En 1999 publiqué el artículo” Feminismo y no “Mujerismo” (que más abajo transcribo parcialmente) en la Revista Meridiam editada por el Instituto Andaluz de la Mujer. Han pasado doce años desde entonces y en cierta medida algunas de las cosas que entonces denunciaba, hoy vuelven a estar de máxima actualidad. Es cierto también que en estos doce años el “mujerismo” ha tomado nuevos matices que describiré en la próxima entrega “El Mujerismo hoy”. Sirva de momento esto para refrescar lo que entonces sucedía y que hoy vuelve con nuevos bríos. Cada quien que haga la lectura que crea oportuna, pero la reflexión feminista debería estar por encima de algunos silencios estratégicos bastante incomprensibles.

FEMINISMO Y NO “MUJERISMO”

La democracia paritaria: “cuestión de estética”

Cuando se habla de democracia paritaria una de las vindicaciones presentes es la cuestión cuantitativa: tantos escaños, mitad mujeres, tantas carteras, mitad mujeres, tantas alcaldías, mitad mujeres, tantos cargos de partido, mitad mujeres. Los críticos de la democracia paritaria siempre se amparan en la cuestión cualitativa: “que lleguen las mujeres que verdaderamente valen”; es, en una palabra, un alarde de misoginía camuflado de excelencia, pues presuponen que los varones que obtienen representación política son  “los que valen”. En esta pugna cuantitativa-cualitativa sabemos por racionalidad, por aplicación de los valores de igualdad, por el crédito que concedemos a la libertad, por la exigencia de universalidad, que la democracia paritaria tiene ganada la batalla. Además, tenemos constancia de la victoria por una cuestión estética. […] La sobreabundancia masculina comienza a parecernos gris y casposa, cuando no gris y rijosa. Y en este sentido es de anotar la tendencia a la “casposidad” de la que da muestras últimamente nuestro gobierno español: piensen en las fotos o imágenes televisivas en donde al señor presidente le sigue una cohorte  mayoritariamente masculina, cuando no únicamente masculina.

Partidos y “mujerismo”

De los partidos se ha escrito mucho y de todo: estructura jerárquica y cerrada,  recinto de “filias” y “fobias”, canal de ambiciones medidas y desmedidas, teatro de primeros espadas y militantes de base. A  estas radiografias conocidas tendremos que añadir otras menos consideradas como la de qué va a suponer para los partidos  la asunción de la democracia paritaria. En este momento sólo los partidos de izquierda hacen suya programáticamente la paridad, pero los partidos de derechas tendrán que asumirla en aquello que sea visible para la sociedad, como ya dije, por una cuestión de estética. El efecto de la paridad es que necesariamente termina por afectar a todos.

Sin embargo, a la mayor parte de los partidos políticos, más comprensible en los partidos de derechas y rotundamente incomprensible en los de izquierda,  el feminismo vindicativo, que es lo que subyace bajo la idea de democracia paritaria, les sigue produciendo un movimiento reflejo de parada y paso atrás. Y no creo que los partidos políticos asuman los presupuestos feministas de la noche a la mañana, más bien me temo la aparición en la escena teórica y política de una vulgarización  de la igualdad,  el “mujerismo”.

El “mujerismo” consiste en apelar a retóricas emocionales, dada la condición de mujer se supone la sintonía inmediata con el electorado femenino y cierta expectación por parte del masculino. “Mujerismo” es la frase que algunas mujeres expresan de “yo no soy feminista”: toma de postura política difícil de entender ya en una mujer de derechas, incomprensible y exabrupto en una de izquierdas. “Mujerismo” es la presentación de una mujer dedicada a la política como “mujer acogedora” y respetuosa con las decisiones de partido que tanto sirve para un roto como para un descosido: una “apagafuegos” profesional. “Mujerismo” es esa imagen, ensalzada por los medios, de las mujeres políticas dedicadas en sus momentos de descanso al cuidado de los hijos, sobrinos, nietos, etc.. “Mujerismo” es la apelación al papel de madres y esposas de las mujeres para destilar la imagen de comprensión de los problemas sociales. “Mujerismo” es evitar que las mujeres que tengan una presentación lo suficientemente carismática se puedan promover como  líderes. “Mujerismo” es cercenar las aspiraciones políticas de las mujeres, impidiéndoles que solidifiquen redes que les sirvan de trampolín, criticando actitudes que serían ensalzadas si fueran varones los que las llevaran a término. El “mujerismo” puede ser la tentación de los partidos necesariamente abocados a la paridad.

 

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