El clan del macho cavernario

 

Pertenecen a esta estirpe todos los que hacen gala de una profunda misoginia. Para desgracia de este país son muchos los que careciendo de ideas y mínimos morales gozan de  bulas inauditas para verter su desprecio hacia las mujeres y por ende hacia la humanidad en su conjunto. Lamentablemente no hay restricciones públicas a la misoginia, como si las hay al “racismo” o al “nazismo”, por ejemplo.

No hay semana que trascurra sin que alguna ocurrencia del “clan del macho cavernario” vea la luz. Modestamente he decidido dedicar el Blog a dar cuenta de “La caverna” en este país: vendría a ser un boletín de la misoginia y la reacción. Me temo que dispondré de abundante material. Sirvan de muestra estas dos noticias:

  • Cabrones a favor de la prostitución: “343 cabrones” piden a la Asamblea Nacional francesa: “no toques a mi puta”. Por una vez se han definido a la perfección y, como era de esperar, en España este manifiesto fue secundado entre otros por Sánchez Dragó. En “Yo cabrón”,  se ampara Dragó en el “imperativo de la testosterona” para mostrarse favorable a la vejación sexual que implica la prostitución.  Pérez Reverte, otro eximio representante del Clan del Macho Cavernario, se suma al manifiesto en “Putas, chulos y ayuntamientos”. Su argumento se limita a demandar que “tras una dura jornada laboral” los varones gocen de  “patente de corso” para  comprar el “chichi” que estimen oportuno. La razón de peso esgrimida es que “La prostitución es vieja como el mundo” (imagino que tal “innovación intelectual” lo ha vuelto un poco mas calvo).
  • “El arzobispo de Granada edita un libro que enseña a la mujer a ser sumisa”.   Dispone este prelado de una editorial a través de la cual canalizar escritos fundamentalistas.  En defensa del libro “Casate y sé sumisa”, el arzobispo, por medio de un comunicado, asevera que las publicaciones de la editorial “están marcadas por el amor a lo humano”: ¡extraño concepto de  amor es el que incita a la sumisión!. No se encuentra en el comunicado del arzobispo acto de contrición alguno, sino, por el contrario, alarde de su persona, ya que su predicación, afirma, es acorde con las enseñanzas de la Iglesia. “En la boca del necio está la vara de la soberbia” (Pr.14)   y para evitar más necedades no habría mejor medida que la destitución del arzobispo (“suspensión a divinis”).