A vueltas con la educación segregada

Gracias a un comentario de Amelia Valcarcel traigo este breve comentario que escribí para Fundación Mujeres. La defensa de la segregación en la aulas obedece a un miedo: el miedo surge de la posición aventajada de las niñas y las mujeres en el aula. La educación tiene una dimensión objetiva que es la formación alcanzada y es incontestable que las mujeres presentan hoy mayor formación que los varones. Esa mayor formación a la larga desencadena o debería desencadenar unas expectativas de vida que realmente pongan en entredicho modelos de vida y de familias altamente estereotipadas en función del sexo.
Curiosamente los defensores de la educación segregada nunca mencionan que esa ventaja formativa de las mujeres, se produce, sin embargo, en un contexto desfavorable para ellas. La ventaja formativa de las mujeres se produce en un contexto académico absolutamente androcéntrico. Y pese a ello obtienen mejores resultados. La solución a la diferencia formativa de niñas y niños, mujeres y varones no parece residir en una educación segregada, pues ya reciben una formación absolutamente segregada y favorable a los varones, sino en erradicar precisamente el androcentrismo o generalización de la perspectiva masculina en nuestros centros de enseñanza. Quiza la respuesta esté en romper estereotipos y no en segregar.