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¡Pacto ya por los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres en la unión europea!

Leo en el periódico El País: “El alemán Martin Schulz, ha dado este jueves un apoyo sin fisuras al líder conservador, el luxemburgués Jean-Claude Juncker, para lograr la silla más preciada de Bruselas: la presidencia de la Comisión Europea. Schulz pone únicamente dos condiciones a ese respaldo. Por un lado, que el programa de Juncker para los próximos cinco años haga concesiones al centroizquierda e incluya «asuntos relacionados con la justicia social, la reducción de desigualdades,
estímulos a favor del crecimiento y el empleo y fórmulas para que el crédito vuelva a fluir»”.
Bien hasta aquí la cita. Me preocupa de esta noticia el uso de los términos “concesiones” y “asuntos”. Por seguir el hilo de la noticia, “la justicia social”, “la reducción de las desigualdades” ni han sido “concesiones” ni, por supuesto, son meros “asuntos”, sino que son los pilares en torno a los cuales la izquierda se ha vertebrado y por los que ha luchado. Así pues, los términos de la negociación no pueden ser tan vagos, ni tan concesivos. Me explico con un ejemplo: no puede haber justicia social sin justicia sexual. Así que una exigencia concreta de la socialdemocracia en su negociación con el Partido Popular Europeo debería centrarse en no aceptar en el seno de la Unión ninguna regresión legislativa en materia de derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.
Corresponde, por lo tanto, al Partido Popular Europeo (PPE) aceptar los términos de esa negociación y consecuentemente exigir la retirada, en el caso de España, del proyecto de Ley de Gallardón . Si hemos de creer que la Unión Europea es una unión no sólo económica, sino también política no puede haber una Europa de dos velocidades en materia de Derechos y Libertades.

Mariano y la Constitución

marianicoDurante los actos de conmemoración de la Constitución, el Presidente del Gobierno expresó su voluntad de restringir los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. Esta locuacidad impropia  de Rajoy no ha sido un error de bulto, sino que obedece, a mi juicio, a una estrategia doblemente calculada. Si un serio retroceso en derechos es que el Presidente revoque la actual Ley de salud sexual y reproductiva que garantiza a las mujeres el ejercicio de su libertad, al proclamarlo  públicamente durante la celebración  de los 35 años de la Constitución quebranta el espíritu constitucional, ya que lesiona también gravemente la dignidad de las mujeres.

En una charla informal con los periodistas, el Presidente nos ha convertido, de nuevo, a las mujeres en ciudadanas de segunda categoría  y “como quien no quiere la cosa” aprovecha la fiesta institucional para imprimir a su mandato un giro claramente conservador para satisfacer la voracidad e intolerancia de su electorado más reactivo y menos cívico.

Nada de todo ello se produce de manera casual o inconsciente, sino que, por el contrario, el retorno a las “esencias” obedece a una “estrategia de contención democrática”. La mayoría absoluta del gobierno se está utilizando para desposeer a la democracia de su fuerza, la defensa de las mayorías y también de su eficacia, el bien común. Si además discursivamente el ideal de igualdad es suplantado por el de sacrificio, el de libertad por el de orden y el de justicia por  el de autoridad, las víctimas serán legión. Los valores arcaizantes de “sacrificio”, “orden” y “autoridad”, muy del gusto de la ideología política conservadora, no sólo contribuyen a infantilizar a la población en su conjunto, sino que tienden a resituar a algunos grupos sociales o colectivos en posiciones culturales y valorativas pre-democráticas.

Para que se produzca una relativa aceptación por parte de la ciudadanía de este nuevo modelo de democracia cínico y formal, el gobierno se centra en refrenar las expectativas de determinados grupos sociales que, apenas en fecha muy reciente, ha logrado adquirir cierta posición de equiparación social. Y así es como las mujeres nos hemos convertido en una diana especialmente fácil, ya que nuestros avances en derechos siempre se han desarrollado en el contexto de la polémica.  Así, por ejemplo, sin  el paso del tiempo necesario para que los nuevos derechos sexuales y reproductivos se hubieran consolidado y acallado la polémica, proponer su eliminación apenas representa coste electoral alguno. Pero además, la “contención democrática” ejercida sobre las mujeres cumple una doble función: no sólo lastra la consolidación de los derechos de igualdad y libertad de las mujeres, sino que además orienta a la ciudadanía en su conjunto hacia la asunción de valores más tradicionales.

Así las cosas, si tuviera potestad tipificaría, en el contexto de una Ley de seguridad ciudadana,  “la contención democrática” como infracción muy grave ya que el abandono de las políticas de igualdad, las limitaciones impuestas al uso y disfrute de nuestros derechos y la sustitución del paradigma de la justicia social por un sentido de justicia coercitivo y punitivo atenta contra la seguridad cívica, en este caso contra la seguridad de las mujeres. Si quien comete la infracción grave es el Presidente del Gobierno como medida sancionadora propondría su inhabilitación. En este caso el Presidente despojado de su rango sería “Mariano simplemente Mariano”.

LO SAGRADO Y LO SACRÍLEGO

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  • SAGRADO ES el reconocimiento de la dignidad intrínseca de las mujeres, siendo parte inalienable de sus derechos, los derechos sexuales y reproductivos.       SACRÍLEGO  ES no reconocer como intrínsecos a las mujeres los derechos sexuales    y  reproductivos y despojar a las mujeres del derecho a decidir.
  • SAGRADO ES que las mujeres -liberadas del temor y la miseria que en sus vidas ejercieron los mandatos religiosos- disfruten de la libertad de elección, ya que es la aspiración más elevada de todo ser humano.                                                        SACRÍLEGO ES el menosprecio a dicha libertad de las mujeres y la vuelta a un      régimen de tutela que condena a las mujeres a una “minoría de edad sexual y reproductiva”.
  • SAGRADO ES que las mujeres no sean sometidas a tratos degradantes o a injerencias arbitrarias respecto a la toma de decisión en torno a la maternidad.             SACRÍLEGO ES forzar a las mujeres a una maternidad impuesta.                                               
  •  SAGRADO ES que los derechos de las mujeres sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que las mujeres no se vean compelidas al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión.                                                                    SACRÍLEGO ES  que un gobierno democrático, cuyo mandato supremo es consolidar los derechos adquiridos, se afane, por el contrario en impedir el libre ejercicio de los derechos de las mujeres.
  • SAGRADO ES promover la igualdad de derechos de mujeres y hombres y el progreso social,  elevando el nivel de vida gracias a un concepto más amplio de libertad.  SACRÍLEGO ES no respetar estas reglas e incluso actuar contra las mismas.

PD: inspirado en el Preámbulo de La Declaración Universal de los Derechos Humanos.

 

 

Un uso indebido

Un uso indebidoEl sábado 26 de marzo paseaba por la calle Mayor en dirección a la Puerta del sol. De entre todas las personas que a su vez estaban en esa calle, como siempre llena de gente, destacaba un grupo familiar uniformemente vestido: él con un “Lacoste” verde, ella con una “blazer” verde y los niños, de ambos sexos, con camisetas verdes.  Así que inmediatamente caí en la cuenta de lo que sucedía: es lo bueno de las identidades que identificas, ¡valga la redundancia!, al instante.

Sabía por lo tanto lo que iba a encontrarme en Sol y me preparé mentalmente para ello. Pero la realidad siempre supera nuestras previsiones. No me llamó la atención las “pancartitas” caseras con eslóganes beligerantes, ni los exultantes grupos familiares, ni los rezos como si se acabara el mundo. Me había preparado, como dije, para una explosión jubilo-beligerante de los pro-vida. Lo que me llamó la atención fue la inmensa banderola que tapaba la fachada del edificio de la Presidencia de la Comunidad y más aún constatar que unos operarios desde los balcones sujetaban las gruesas cuerdas para que la banderola se desplegara en todo su esplendor. Y entonces sí me indigné.

Me indignó  que  se usara un edificio público para un fin religioso y político tan sesgado y que quien autorizó tal despliegue fuera, he de suponer, la máxima autoridad cuya obligación es representarnos a todos o, al menos, no amparar excesos fundamentalistas. A su vez, no pude dejar de pensar en el 25 de noviembre, día Internacional contra la Violencia de las mujeres, y en  en lo mediático y eficaz que sería enfundar el edificio con una gran banderola lila. Pensé, cómo no, en los cientos de manifestaciones que tienen por objeto la vindicación de la justicia sexual y social de las que ese edificio es testigo mudo, albergando todo lo más en su acera furgones policiales. Me lamenté, como no podía ser de otro modo, de la falta de reciprocidad y de la absoluta permisividad hacia un colectivo tan radical. Y por último me sumió en la más absoluta perplejidad que a los que les parece normal y natural que los edificios públicos se revistan de banderolas religiosas no les resulte también normal y natural que los edificios religiosos se revistan de banderolas cívicas. Quid pro quo.