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Poligamia reproductiva

Publicado en Tribuna Feminista en marzo de 2016 (http://tribunafeminista.org/2016/03/poligamia-reproductiva/)

De un tiempo a esta parte es objeto de debate si en España se debe regular o no la práctica de “vientres de alquiler”, acción por la cual una mujer gestante, mediante contrato, renuncia antes de que se produzca el parto a la filiación materna.  No quiero pararme a confrontar ¿por qué el deseo  de ser padres ha de ser tomado como razón suficiente para fundamentar una norma jurídica? Tampoco me detendré en las argumentaciones pragmáticas, como las esgrimidas por el partido político Ciudadanos, que haciendo sombra al mismo Papa afirman que la regulación de la práctica de “vientres de alquiler” garantiza “la procreación, sin la cual no sólo la propia familia sino la especie humana se extinguiría”.
Quiero, por el contrario, recurrir a la antropología social y rescatar el concepto de “poligamia” para mostrar los parecidos con la práctica de “vientres de alquiler”. La preocupación por la reproducción humana es ancestral. Bajo el uso extendido del genérico “poligamía” se recogen distintos tipos de agrupamientos familiares cuya finalidad primera es garantizar la descendencia: la poliginia (la más extendida geográfica e históricamente) por la cual un varón mantiene un tipo de agrupación familiar con dos o más mujeres; la poliandria (menos extendida) por la cual una mujer mantiene agrupación familiar con dos o más varones y la poliginandria, una variante de las anteriores para describir el comportamiento de algunas especies animales, por la cual dos o más machos tienen una relación exclusiva con dos o más hembras (el número de machos y hembras no tiene que ser el mismo).

Si el fin de estos agrupamientos familiares es garantizar la descendencia se puede constatar con relativa facilidad que la práctica de “vientres del alquiler” se acerca peligrosamente a la poligamia. No sería en absoluto inadecuado describir como “poliginia reproductiva” la modalidad de “gestación subrogada” en la que entran en juego tres mujeres, la donante de los óvulos, la mujer que gesta y la “madre intencional” y quien aporta el semen sea el padre biológico e intencional. Tampoco parece errático calificar como “poliginandria reproductiva” la modalidad de “vientres de alquiler” en la que dos varones sean los “padres intencionales” y dos sean a su vez las mujeres inmersas en el proceso.

A día de hoy la poligamia, en su variante de poliginia, es legal en 47 países de Asia y África y no parece efecto de la casualidad que en una buena parte de esos países también sea legal la práctica de “los vientres de alquiler” como la India, Bangladesh, Indonesia o Nigeria, por citar sólo algunos. De igual modo que tampoco parece casual que en EEUU, en aquellos estados donde principalmente se asientan los mormones fundamentalistas, pese a que la poligamia es ilegal se tolera gracias a un fraude legal,  coincidan también con estados que aceptan la práctica de “vientres de alquiler”.  Si, por otra parte,  el derecho occidental prohíbe la poligamia en cualquiera de sus variantes no parece razón suficiente el “deseo de ser padres” para aceptar sin más la  “poligamia reproductiva”. Peor aún ¿qué impediría a futuro la aceptación de la poligamia, como forma de agrupamiento familiar, si se regulariza la “poligamia reproductiva? Nada.

 

Feminismo en el nuevo espacio político

Publicado en Tribuna Feminista Diciembre de 2015 (http://tribunafeminista.org/2015/12/2142-2/)

En el nuevo escenario político no sé quién ha ganado, pero sí sé que ha perdido el feminismo. No encuentro diferencia alguna entre los usos de la “vieja política” y la “nueva política” por lo que hace a dar visibilidad a mujeres feministas que, se y me consta, militan en formaciones políticas de izquierdas, aunque hoy está categorización, me quieran hacer creer, esté en desuso. Y aquí comienza el primer problema. Si la distinción “ser de izquierda” o “ser de derecha” ya no es efectiva para responder a las expectativas de la ciudadanía ¿por qué habría de servir la etiqueta “feminista”? Así es que si celebramos el fin de las ideologías, celebramos con idéntica inconsciencia el fin del feminismo. Decretar la “muerte de las ideologías” ha sido algo propio del pensamiento conservador, pero que esta supuesta defunción se convierta en santo y seña del pensamiento progresista sólo me revela ansiedad por el poder y renuncia a los principios.

Por ello cabe hacerse una pregunta: ¿Qué ha sido del feminismo y las feministas en el escenario de representatividad política surgido tras el 20-D? La respuesta a esta cuestión puede incomodar a alguien, amén de catalogarme como persona mayor, pero como mayor que soy pretendo “asaltar la realidad y no los cielos”. Lo cierto es que en todos los partidos políticos del amplio espectro de izquierdas -no puedo renunciar tan fácilmente a categorías que ayudan a definir la realidad- se puede observar que han diluido al feminismo, como teoría política, para convertirlo en peculiaridad de algunas individualidades, perdonable a veces, pero mayormente molesta. El procedimiento tomado por parte de los partidos políticos verdad es que varía dependiendo de si estos son de viejo o nuevo cuño.

Los partidos clásicos, PSOE e IU, han optado por recurrir a criterios de renovación, independencia y cambio para intercambiar a mujeres feministas de larga trayectoria por otras que no destacan, precisamente, por sus servicios a la causa feminista. Tanto en el PSOE como en IU se deja a las “feministas de a pie” sin referentes en la representatividad política debido a una interpretación interesada y sesgada de la ley de Igualdad. Por otra parte, en el emergente PODEMOS no son aplicables, lógicamente, criterios de renovación cuya consecuencia sea la intercambiabilidad de sus mujeres. Si PODEMOS se presenta como “lo nuevo” se nos obliga a suponer idéntica frescura en las mujeres que obtienen representatividad política gracias a esa marca. Pero a las “feministas de a pie” se nos hace difícil suponer frescura en quienes abordan la prostitución desde un perfil bajo, eludiendo compromiso alguno a favor de la abolición. Y más difícil se nos hace suponer innovación política en quienes han afirmado que el aborto no es un tema “que construya potencia política”.

PD: En cada una de las formaciones políticas anteriormente citadas se pueden reconocer visos de inconsistencia feminista, pero más grave resultaría la tentación de abandonar la pedagogía feminista que no sólo puso contra las cuerdas a un ministro hasta hacerlo dimitir, sino que más recientemente frustró la carrera desbocada a la Moncloa del también emergente Ciudadanos. Sirva de aviso a navegantes.

Señales inquietantes desde la izquierda en la defensa de las mujeres

KOLE112 ATENAS (GRECIA), 27/01/2015.- El nuevo primer ministro griego, Alexis Tsipras (3d), camina por delante de algunos de sus nuevos ministros tras la ceremonia en la que el nuevo y reducido gabinete de Gobierno griego prestó juramento de sus cartos ante el presidente de la República de Grecia, Károlos Papulias, un día después que lo hiciera el propio Tsipras, en el palacio presidencial en Atenas, Grecia, hoy, martes 27 de enero de 2015. Tsipras nombró hoy a su nuevo gabinete, que cuenta con solo diez ministerios, cuatro de ellos con competencias múltiples, y el economista Yanis Dragasakis como vicepresidente económico. EFE/Yannis Kolesidis

El análisis político no es fácil, pero me preocupa intensamente el torrente de columnas de opinión que versan sobre política-ficción. Tanto es así, que parecería que los analistas políticos se han reconvertido en casandras, enredadores vocacionales que, pasando de las señales del momento, aventuran lo que ha de suceder. Entiendo que los análisis hipotéticos son más favorables al destino personal que trasegar con el presente: la venta de futuros siempre es rentable. Pero yo, por el contrario, quiero describir las señales del presente que no entiendo.

En clave internacional, no entiendo que una Coalición de Izquierda Radical (Syriza), que en sus estatutos afirma que “luchará por la defensa de los valores de la justicia social, la igualdad y la libertad contra el patriarcado” conciba, sin embargo, que el modo efectivo de combatir el patriarcado sea formar un Gobierno en el que no hay mujer alguna.

Por otra parte, en clave nacional, no entiendo que empoderar a la “gente”, término vago y despolitizado, conlleve desempoderar a las mujeres. Así es que no encuentro palabras adecuadas al contexto para describir este resurgir político de la vuelta al hombre, metamorfoseado en los variados “machos alfa de labia plateada” que pueblan el escenario de la política en España.

No entiendo que se me describa como innovación política la transversalización de la igualdad, tal cual aparece en el programa de Podemos, cuando es una vindicación acuñada en la Conferencia de Beijing del año 1995. Y, ya puestas, tampoco entiendo al PSOE, que hizo bandera del feminismo y de las políticas de igualdad y hoy se refiere a ellas con timidez.

No entiendo que cuando los labias plateadas se refieren a la emergencia social en la que se encuentra la infancia, la juventud, los desahuciados, los desempleados, los pobres…, apenas se mencione que muy posiblemente sea una mujer quien reúna en sí todas y cada una de las causas de la desigualdad y la exclusión.

Por ello, no está de más recordarle a las formaciones políticas de izquierda -de la derecha política nada espero- y a los que, como Podemos, deshojan la margarita de las ideologías, que para combatir el “austericidio” hay que combatir con igual intensidad el “feminicidio real” (la violencia contra las mujeres), el “feminicidio político” (el escaso liderazgo político de las mujeres), el “feminicidio económico” (ausencia de políticas específicas para las mujeres), el “feminicidio de la opinión” (estereotipos sexistas)…… En fin, la lista es larga. Así es que, parafraseando a las feministas de antaño, por el camino “del poco a poco”, del “ahora no es urgente ni prioritario” sólo se llega al valle de nunca jamás. Y en ese nebuloso lugar, el futuro no existe.

Mariano y la Constitución

marianicoDurante los actos de conmemoración de la Constitución, el Presidente del Gobierno expresó su voluntad de restringir los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. Esta locuacidad impropia  de Rajoy no ha sido un error de bulto, sino que obedece, a mi juicio, a una estrategia doblemente calculada. Si un serio retroceso en derechos es que el Presidente revoque la actual Ley de salud sexual y reproductiva que garantiza a las mujeres el ejercicio de su libertad, al proclamarlo  públicamente durante la celebración  de los 35 años de la Constitución quebranta el espíritu constitucional, ya que lesiona también gravemente la dignidad de las mujeres.

En una charla informal con los periodistas, el Presidente nos ha convertido, de nuevo, a las mujeres en ciudadanas de segunda categoría  y “como quien no quiere la cosa” aprovecha la fiesta institucional para imprimir a su mandato un giro claramente conservador para satisfacer la voracidad e intolerancia de su electorado más reactivo y menos cívico.

Nada de todo ello se produce de manera casual o inconsciente, sino que, por el contrario, el retorno a las “esencias” obedece a una “estrategia de contención democrática”. La mayoría absoluta del gobierno se está utilizando para desposeer a la democracia de su fuerza, la defensa de las mayorías y también de su eficacia, el bien común. Si además discursivamente el ideal de igualdad es suplantado por el de sacrificio, el de libertad por el de orden y el de justicia por  el de autoridad, las víctimas serán legión. Los valores arcaizantes de “sacrificio”, “orden” y “autoridad”, muy del gusto de la ideología política conservadora, no sólo contribuyen a infantilizar a la población en su conjunto, sino que tienden a resituar a algunos grupos sociales o colectivos en posiciones culturales y valorativas pre-democráticas.

Para que se produzca una relativa aceptación por parte de la ciudadanía de este nuevo modelo de democracia cínico y formal, el gobierno se centra en refrenar las expectativas de determinados grupos sociales que, apenas en fecha muy reciente, ha logrado adquirir cierta posición de equiparación social. Y así es como las mujeres nos hemos convertido en una diana especialmente fácil, ya que nuestros avances en derechos siempre se han desarrollado en el contexto de la polémica.  Así, por ejemplo, sin  el paso del tiempo necesario para que los nuevos derechos sexuales y reproductivos se hubieran consolidado y acallado la polémica, proponer su eliminación apenas representa coste electoral alguno. Pero además, la “contención democrática” ejercida sobre las mujeres cumple una doble función: no sólo lastra la consolidación de los derechos de igualdad y libertad de las mujeres, sino que además orienta a la ciudadanía en su conjunto hacia la asunción de valores más tradicionales.

Así las cosas, si tuviera potestad tipificaría, en el contexto de una Ley de seguridad ciudadana,  “la contención democrática” como infracción muy grave ya que el abandono de las políticas de igualdad, las limitaciones impuestas al uso y disfrute de nuestros derechos y la sustitución del paradigma de la justicia social por un sentido de justicia coercitivo y punitivo atenta contra la seguridad cívica, en este caso contra la seguridad de las mujeres. Si quien comete la infracción grave es el Presidente del Gobierno como medida sancionadora propondría su inhabilitación. En este caso el Presidente despojado de su rango sería “Mariano simplemente Mariano”.