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A vueltas con la educación segregada

Gracias a un comentario de Amelia Valcarcel traigo este breve comentario que escribí para Fundación Mujeres. La defensa de la segregación en la aulas obedece a un miedo: el miedo surge de la posición aventajada de las niñas y las mujeres en el aula. La educación tiene una dimensión objetiva que es la formación alcanzada y es incontestable que las mujeres presentan hoy mayor formación que los varones. Esa mayor formación a la larga desencadena o debería desencadenar unas expectativas de vida que realmente pongan en entredicho modelos de vida y de familias altamente estereotipadas en función del sexo.
Curiosamente los defensores de la educación segregada nunca mencionan que esa ventaja formativa de las mujeres, se produce, sin embargo, en un contexto desfavorable para ellas. La ventaja formativa de las mujeres se produce en un contexto académico absolutamente androcéntrico. Y pese a ello obtienen mejores resultados. La solución a la diferencia formativa de niñas y niños, mujeres y varones no parece residir en una educación segregada, pues ya reciben una formación absolutamente segregada y favorable a los varones, sino en erradicar precisamente el androcentrismo o generalización de la perspectiva masculina en nuestros centros de enseñanza. Quiza la respuesta esté en romper estereotipos y no en segregar.

La educación segregada

Comentario Cadena Ser-Asturias “La Ventana” :15 de octubre

La semana pasada en el Congreso de los Diputados el PP, CIU y el grupo mixto respaldaron la iniciativa de continuar otorgando subvenciones a los colegios que separan por sexos.  La argumentación que sirvió de fondo a estos partidos políticos fue el de la defensa de la libertad de los padres  a la hora de elegir la educación y el centro que deseen para sus hijos.

Son demasiadas las ocasiones, y esta fue una de ellas, en las que se apela a la libertad para amparar actuaciones que sólo tienen por fin la exclusión y el sostenimiento de prejuicios nocivos en una democracia.

Los defensores de la educación segregada parten de la idea de que los cerebros masculino y femenino tienen diferente estructura y funcionamiento, por lo que una educación diferenciada proporcionaría una mejor atención a las variables emocionales y conductuales de ambos sexos. Pero relacionar hoy en día “dimorfismo sexual cerebral”  y educación sería más propio de una teoría pseudocientífica.

Hace exactamente un año, en la prestigiosa revista “Science”, se publicó un artículo titulado “La pseudociencia en la escolarización por sexo” en el que se afirmaba de forma tajante que “no existe ninguna investigación bien diseñada que muestre que la educación segregada  mejora el rendimiento académico de los estudiantes. Sin embargo, sí hay evidencias de que la segregación por sexos aumenta los estereotipos de género y legitima el sexismo institucional”.

Así las cosas, les traslado una cuestión: ¿Se puede, en nombre de la libertad, subvencionar el sexismo institucional? Creo honestamente que si alguien quiere educar a sus hijos conforme al sexismo y los estereotipos de género no  puede hacerlo con el dinero de todos y  ni el Estado ni las comunidades autónomas deben aportar dinero alguno para sostener tales prejuicios.

Y ya, por último, si una educación es diferenciada también lo serán las expectativas de vida que tal tipo de educación genere. Si la educación que reciben niñas y niños es diferente, también se esperará que seamos diferentes en el modo de relacionarnos, en el mundo laboral, en lo que se espera de cada una y cada uno de nosotros. Y de ese tipo de diferencias sabemos en demasía las mujeres. Su nombre es discriminación y desigualdad y no resulta nada alentador constatar que algunos partidos políticos pretendan fomentarlas.