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A vueltas con la educación segregada

Gracias a un comentario de Amelia Valcarcel traigo este breve comentario que escribí para Fundación Mujeres. La defensa de la segregación en la aulas obedece a un miedo: el miedo surge de la posición aventajada de las niñas y las mujeres en el aula. La educación tiene una dimensión objetiva que es la formación alcanzada y es incontestable que las mujeres presentan hoy mayor formación que los varones. Esa mayor formación a la larga desencadena o debería desencadenar unas expectativas de vida que realmente pongan en entredicho modelos de vida y de familias altamente estereotipadas en función del sexo.
Curiosamente los defensores de la educación segregada nunca mencionan que esa ventaja formativa de las mujeres, se produce, sin embargo, en un contexto desfavorable para ellas. La ventaja formativa de las mujeres se produce en un contexto académico absolutamente androcéntrico. Y pese a ello obtienen mejores resultados. La solución a la diferencia formativa de niñas y niños, mujeres y varones no parece residir en una educación segregada, pues ya reciben una formación absolutamente segregada y favorable a los varones, sino en erradicar precisamente el androcentrismo o generalización de la perspectiva masculina en nuestros centros de enseñanza. Quiza la respuesta esté en romper estereotipos y no en segregar.

Misoginia y Reacción

 

al myALICIA MIYARES. Corresponde al feminismo, como teoría política que es, la denuncia de este retroceso: cuando se ciegan los derechos de las mujeres, retrocede la ciudadanía en su conjunto

La adhesión a la democracia radica en el hecho de ser el sistema de gobierno que con mayor eficacia lucha contra la injusticia social y mejor garantiza la distribución equitativa de la riqueza, pero además corresponde a las democracias avanzadas el reconocimiento y consolidación de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales, sexuales y culturales. La calidad de una democracia se mide por la consolidación de los derechos de la ciudadanía. Sin embargo, a día de hoy este ideal está totalmente amenazado.

En tiempos de crisis todo es maleable y susceptible de ser remodelado. La propia democracia se resiente en un contexto de crisis económica porque la ciudadanía tiene la percepción de que la crisis económica ha derivado en una crisis social y política. La deriva se debe al abandono en el que han caído los principios de igualdad, libertad y justicia como valores rectores de la cohesión social. El abandono de políticas públicas cuyo referente sea la igualdad, las limitaciones impuestas al uso y disfrute de nuestros derechos y la sustitución del paradigma de la justicia social por un sentido de justicia coercitivo y punitivo, terminan por afectar a los grupos sociales más vulnerables o a colectivos que, apenas en fecha muy reciente, han logrado adquirir cierta posición de equiparación social.

La crisis económica ha servido de pretexto para desposeer a la democracia de su fuerza, la defensa de las mayorías y también de su eficacia, el bien común. En el contexto actual, en el que las decisiones dimanan de autoridades transnacionales poco representativas y en las que la racionalidad económica parece anteponerse a cualquier tipo de consideración social, la democracia se convierte en un sistema político excesivamente formal. Si además discursivamente el ideal de igualdad es suplantado por el de sacrificio, el de libertad por el de orden y el de justicia por el de autoridad, las víctimas serán legión. Los valores arcaizantes de “sacrificio”, “orden” y “autoridad”, muy del gusto de la ideología política conservadora, no sólo contribuyen a infantilizar a la población en su conjunto, sino que tienden a resituar a los distintos grupos sociales o colectivos en posiciones culturales y valorativas pre-democráticas.

Nada de todo ello se produce de manera casual o inconsciente, sino que, por el contrario, el retorno a las “esencias” obedece a una “estrategia de contención democrática”: si, por ejemplo, estamos abrumados por la pérdida de poder adquisitivo no demandaremos calidad en los servicios e incluso algunas personas aceptarán que guarden entre ellas relación de causa-efecto. Pero para que se produzca por parte de la ciudadanía una relativa aceptación de este nuevo modelo de “contención democrática”, los gobiernos, sobre todo los de ideología conservadora, tienden a centrarse en refrenar las expectativas de determinados grupos sociales, siendo el de las mujeres uno de ellos.

 

Los medios utilizados para diferir las expectativas de las mujeres son la misoginia y la reacción política

 

La “contención democrática” ejercida sobre las mujeres cumple una doble función: no sólo lastra la consolidación de los derechos de igualdad y libertad de las mujeres, sino que además orienta a la ciudadanía en su conjunto hacia la asunción de valores más tradicionales. Los medios utilizados para diferir las expectativas de las mujeres son la misoginia y la reacción política.

Culturalmente, el universo misógino representa un contravalor a los valores de igualdad y reconocimiento. Por misoginia entendemos la aversión u odio a las mujeres que consiste en despreciar a la mujer como sexo. La misoginia puede revelar una tendencia ideológica retrógrada. Pero también puede estar asociada a un sentimiento generalizado de desprecio: la aversión a las mujeres suele ser en algunos casos un síntoma de misantropía. Misoginia y misantropía se dan la mano para invalidar las políticas de reconocimiento, para negar mecanismos de inclusión, para denostar lo “políticamente correcto”, para convertir a la democracia en un sistema político cínico y formal donde “mandan los que tienen que mandar”. La misoginia tiene como único paradigma posible el elitismo.

El canal de transmisión de la misoginia es la recurrencia constante a los estereotipos, a las percepciones o creencias de que los sexos son fundamentalmente diferentes. Hoy en día, la misoginia se desparrama más allá de las columnas de opinión, donde había logrado sobrevivir, para hacerse presente en manifiestos, manuales de vida o recomendaciones religiosas, por nombrar sólo algunas de las más recientes manifestaciones misóginas.

 

Una de las innovaciones políticas que más cambios ha provocado ha sido la apuesta por la efectiva igualdad de mujeres y varones

 

A su vez, por reacción debemos entender la actitud de oposición ante las innovaciones políticas, sociales y culturales. Una de las innovaciones políticas que más cambios ha provocado tanto en valores, como en el modo de relacionarnos socialmente, como en la articulación política ha sido la apuesta por la efectiva igualdad de mujeres y varones. La reacción a la innovación política de la igualdad ha residido en instancias ajenas al poder político, pero más lamentable es que ahora anide en el seno de quien ejerce el poder. Si nos atenemos a las declaraciones o medidas que ha puesto en marcha el gobierno del partido popular, no parece aventurado afirmar que la reacción está instalada en el gobierno. Por ejemplo, negar que en los sistemas de elección o de cooptación se produzcan sesgos de género favorable a los varones y se interrumpan, por ello, las medidas de acción positiva para las mujeres, sólo se entiende en el marco de una política reactiva; convertir los “derechos de las mujeres” en expresión tabú, no solo es una alteración de la realidad, sino una perversión reactiva.

Sirva lo anterior de ejemplo para afirmar que el gobierno no tiene la mínima intención de desactivar las ideologías y normas sexuales, nutrientes esenciales al pensamiento reactivo. Más bien al contrario necesita reforzarlas, como a su vez se muestra concesivo con instituciones que alientan normativamente la ideología sexual, como es el caso de la Conferencia Episcopal.

A modo de conclusión, sabemos que este gobierno opera en contra de la igualdad y el reconocimiento; elige a las mujeres como grupo social de referencia sobre el que aplicar la “estrategia de contención democrática”. Por ello corresponde al feminismo, como teoría política que es, la denuncia de este retroceso: cuando se ciegan los derechos de las mujeres, retrocede la ciudadanía en su conjunto.

 

REFERENCIA CURRICULAR

Alicia Miyares es filósofa. Estudió en la Universidad de Oviedo. Es doctora en Filosofía y profesora de Filosofía de enseñanza secundaria. Sus líneas de investigación son los aspectos sociales, políticos y morales del siglo XIX y su repercusión en la historia del feminismo, el feminismo como filosofía política, y la democracia actual y su perfeccionamiento. En su trayectoria ha combinado la teoría con el activismo político, comprometiéndose en la necesaria vinculación del feminismo con políticas públicas de igualdad. Fue Jefa de Gabinete de la Consejería de Educación y Cultura del Gobierno de Asturias (1993-1995); Consejera técnica de la Unidad de Igualdad “Mujer y Ciencia” del Ministerio de Educación y Ciencia (2006-2008); Asesora del gabinete de la Vicepresidenta Primera del Gobierno (2008-2011) e integrante del Consejo Rector del Instituto Asturiano de la Mujer y Secretaria de la Asociación Española de Filosofía María Zambrano.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

ALICIA MIYARES: Democracia feminista. Cátedra. 2003

ALICIA MIYARES, PILAR BALLARÍN-DOMINGO, ROSA COBO-BEDIA, ANA IGLESIAS-GALDO, CRISTINA JUSTO-SUÁREZ, LUISA POSADA-KUBISSA, ANA SÁNCHEZ-BELLO: Educar en la ciudadanía. Perspectivas feministas (ensayo). Cátedra. 2003

ALICIA MIYARES, CELIA AMORÓS, ROSA COBO-BEDIA, LUISA POSADA-KUBISSA, ANA SÁNCHEZ-BELLO: Interculturalidad, feminismo y educación (ensayo). 2005.

ALICIA MIYARES: Sufragismo y teoría feminista, de la Ilustración a la globalización. 2005.

ALICIA MIYARES: Democracia feminista (ensayo). 2008

ALICIA MIYARES: Multiculturalismo, coeducación y ciudadanía. 2008:

2008: editora del libro Tercer encuentro de mujeres líderes iberoamericanas editado por la fundación Carolina.

14 puntos del revés

Comentario Cadena Ser-Asturias “La Ventana” :29 de octubre 14 puntos del revés (audio)

Anualmente  el Fondo Económico Mundial elabora el “Informe global sobre desigualdad de género” que recoge datos de 135 países. De acuerdo al Informe de 2012, España ha retrocedido en un año 14 puestos en el índice de igualdad de género.

En este informe se califica a los países en función de su capacidad para cerrar “la brecha de género” en cuatro áreas consideradas clave: el acceso a la salud, la educación, la participación política y la igualdad económica.

España obtiene su mejor nota,  al igual que en años anteriores, en  “logros educativos” seguido de “sanidad y mortalidad”; se mantiene en valores medios en  “participación económica y oportunidades” y disminuye a casi la mitad en  “influencia política” de las mujeres.

Una primera conclusión que podemos extraer es que en los últimos años los avances de las mujeres en “logros educativos” apenas si han conseguido quebrar la desigualdad que sufren las mujeres en “participación económica y oportunidades”.  No está de más recordar que a día de hoy son más las mujeres que obtienen una licenciatura universitaria que varones.

Esta falta de adecuación entre formación de las mujeres y disfrute por igual, con respecto a los varones, en participación económica y oportunidades pone totalmente en entredicho  la idea de mérito. Si el mérito es objetivable, ¿puede haber algo más objetivo que la formación alcanzada? Y si las mujeres estamos en paridad formativa con los varones y en algunos tramos educativos en superioridad ¿cómo es que seguimos padeciendo desigualdad en participación económica y oportunidades?

Así las cosas, parece que, por el momento, el mérito no es tan objetivo como algunos nos quieren hacer suponer. Parece que el reconocimiento del mérito reside, mas bien, en cuestiones tan subjetivas como los grupos de interés creados, las cadenas de favores debidos y la capacidad de influencia.Cuando esta idea de mérito sustituye a las medidas de acción positivas para limar las desigualdades sucede lo que nos revela el informe: el drástico retroceso de la influencia política de las mujeres españolas.

A modo de conclusión última, parece evidente que en 10 meses de gobierno del partido popular, su negativa a adoptar medidas de acción positiva y su enardecida defensa del “mérito subjetivo” nos ha llevado también a la “caída libre” en igualdad.

 

Abstención

Comentario Cadena Ser-Asturias “La Ventana” :22 de octubre Abstención (audio)

Se han celebrado las elecciones vascas y gallegas. Al margen de los resultados electorales, parece que lo que ha marcado estas  elecciones ha sido la abstención y el desencanto de la ciudadanía.

No se debería extrapolar lo que sucede en unas autonómicas para vaticinar el posible comportamiento del electorado en unas elecciones generales, pero lo cierto es que, sin hacer pronósticos de resultados, parece que lo que sí se consolidaría sería la abstención y  el desencanto.

No estaría de más que los partidos políticos reflexionaran seriamente no sólo en la fuga de votos a otras formaciones, en la pérdida de escaños y en el desplome o la irrupción de alguna  que otra formación política , sino en las causas que producen la abstención y el desencanto.

Bien podría suceder que la alta abstención se deba en muy buena medida a la carencia de liderazgo de los candidatos y que el desencanto surja del descrédito en el que han caído las propuestas programáticas de las distintas formaciones políticas. Así las cosas, los partidos políticos parecen estar obligados a corregir sus dinámicas internas si no quieren perder la sintonía con la ciudadanía.

Una elección perdida siempre es un desgaste para el partido político que la pierde, pero si además en unas elecciones se consolida la indiferencia ciudadana pierde la democracia en su conjunto.

 

Gladiadores de las palabras

Comentario Cadena Ser-Asturias “La Ventana” :8 de octubre: Gladiadores de las palabras (Audio)

Los gladiadores de las palabras son aquellas personas que en el uso de sus competencias lingüísticas producen descrédito  y violencia injustificados.

La gran mayoría de los gladiadores de las palabras trabajan en la arena mediática. Emplean su capacidad oral o escrita en avivar las pasiones emocionales, fundamentalmente sentimientos negativos como la desconfianza, el recelo o incluso el odio. No emplean la argumentación sino las invectivas; ciegan la posibilidad de diálogo al descalificar de manera permanente al contrario; defienden, además, la estrategia de la confrontación impidiendo cualquier posibilidad de pacto. Son amantes de la polémica pues gracias a ella no se requiere del arte del florín y sus fintas, sino del uso locuaz de las palabras a modo de estocadas.

Los gladiadores de las palabras, no son paladines de la libertad de expresión sino voceros del dogmatismo y la coacción; no son en absoluto inocuos ya que contribuyen al magma emocional de las adhesiones o reacciones primarias; no son pacificadores natos pues en demasiadas ocasiones se transforman en apologetas de la violencia: muy especialmente  están especializados en la apología de la violencia contra las mujeres.

Ahora bien, siendo como son nocivos los “mirmillones” mediáticos, más lo son los que ejerciendo un cargo político, y llevados de su locuacidad, amparan, de un  lado, la vulneración de la ley y de otro, hacen apología de la violencia contra las mujeres.

Estos gladiadores políticos nos revelan que para ellos la democracia es sólo “pan y circo”. En sus redes no tienen cabida las exigibles nociones de “derechos compartidos”, “bien común” y “defensa de la ley”. Para estos “mirmillones” políticos no cabe el silencio partidista, ni el cierre de filas y ni siquiera son suficientes las disculpas y la renuncia al cargo. Cómo y por qué han llegado estos gladiadores políticos a ocupar cargo alguno exige una respuesta por parte de quienes los han nombrado. La salud democrática no puede depender de “la suerte está echada”.