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Feminizar no es feminismo

Publicado en Tribuna Feminista 29/11/2016 (http://tribunafeminista.org/2016/11/feminizar-no-es-feminismo/)

De “la mujer, mujer” de la que un día hablara Aznar a la “feminización de la política” en forma de cuidados, expresada por Pablo Iglesias, parecería, quizá, que se ha dado un salto cualitativo…. Pero lo cierto es que ambos mensajes parte del mismo supuesto, la idealización de las mujeres. Este tipo de mensajes nos retrotraen al siglo XIX y a excelsos representantes de la “misoginia romántica” como Schopenhauer, Nietzsche o el más galante Kierkegaard.

Afirmaba Kierkegaard, por ejemplo, que las mujeres son “el sueño del hombre”, que representan la “perfección en la imperfección”. Kierkegaard destacaba que la naturaleza femenina tendía a la proximidad, esto es, que su capacidad “para estar cerca” las diferenciaba de modo completo y absoluto de las capacidades y características de los varones. Así es que cuando en boca de un varón del siglo XXI oigo expresiones como “feminizar la política”, y todo ello consiste en atribuir un cierto esencialismo a lo que significa “ser mujer” como – cito textualmente- “feminizar es un tipo de solidaridad”, “feminizar es construir comunidad”, “feminizar es una red de apoyo” o “matria es la comunidad que te cuida”, pienso inevitablemente en que la galantería misógina del siglo XIX vuelve a tener voz a través de Pablo Iglesias.

Cuando en boca de un varón del siglo XXI oigo expresiones como “feminizar la política”, y todo ello consiste en atribuir un cierto esencialismo a lo que significa “ser mujer” como – cito textualmente- “feminizar es un tipo de solidaridad”, “feminizar es construir comunidad”, “feminizar es una red de apoyo” o “matria es la comunidad que te cuida”, pienso inevitablemente en que la galantería misógina del siglo XIX vuelve a tener voz a través de Pablo Iglesias

Afirma, sin embargo, el galante Iglesias que le parecen bien las cuotas o la paridad por las cuales las mujeres alcanzan una representación equitativa en puestos de representación política o empresarial. Podría por lo tanto parecer que me excedo al emparentar a Iglesias con la misoginia decimonónica, pero todos mis intentos por salvarlo de la cohorte misógina se tornan vanos cuando él mismo es el que afirma que la representación equitativa de mujeres y varones en puestos representativos trasviste a las mujeres, y cito textualmente, en “portavoces varones que son mujeres”.

Parece pues que el galante Iglesias, incapaz de hablar de “mujeres” menos aun de “feminismo”, cuando se refiere a eso de “feminizar” piensa más bien en “el sueño del varón” y que en coincidencia con Kierkegaard “la emancipación de las mujeres es una invención del diablo”.