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Mariano y la Constitución

marianicoDurante los actos de conmemoración de la Constitución, el Presidente del Gobierno expresó su voluntad de restringir los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. Esta locuacidad impropia  de Rajoy no ha sido un error de bulto, sino que obedece, a mi juicio, a una estrategia doblemente calculada. Si un serio retroceso en derechos es que el Presidente revoque la actual Ley de salud sexual y reproductiva que garantiza a las mujeres el ejercicio de su libertad, al proclamarlo  públicamente durante la celebración  de los 35 años de la Constitución quebranta el espíritu constitucional, ya que lesiona también gravemente la dignidad de las mujeres.

En una charla informal con los periodistas, el Presidente nos ha convertido, de nuevo, a las mujeres en ciudadanas de segunda categoría  y “como quien no quiere la cosa” aprovecha la fiesta institucional para imprimir a su mandato un giro claramente conservador para satisfacer la voracidad e intolerancia de su electorado más reactivo y menos cívico.

Nada de todo ello se produce de manera casual o inconsciente, sino que, por el contrario, el retorno a las “esencias” obedece a una “estrategia de contención democrática”. La mayoría absoluta del gobierno se está utilizando para desposeer a la democracia de su fuerza, la defensa de las mayorías y también de su eficacia, el bien común. Si además discursivamente el ideal de igualdad es suplantado por el de sacrificio, el de libertad por el de orden y el de justicia por  el de autoridad, las víctimas serán legión. Los valores arcaizantes de “sacrificio”, “orden” y “autoridad”, muy del gusto de la ideología política conservadora, no sólo contribuyen a infantilizar a la población en su conjunto, sino que tienden a resituar a algunos grupos sociales o colectivos en posiciones culturales y valorativas pre-democráticas.

Para que se produzca una relativa aceptación por parte de la ciudadanía de este nuevo modelo de democracia cínico y formal, el gobierno se centra en refrenar las expectativas de determinados grupos sociales que, apenas en fecha muy reciente, ha logrado adquirir cierta posición de equiparación social. Y así es como las mujeres nos hemos convertido en una diana especialmente fácil, ya que nuestros avances en derechos siempre se han desarrollado en el contexto de la polémica.  Así, por ejemplo, sin  el paso del tiempo necesario para que los nuevos derechos sexuales y reproductivos se hubieran consolidado y acallado la polémica, proponer su eliminación apenas representa coste electoral alguno. Pero además, la “contención democrática” ejercida sobre las mujeres cumple una doble función: no sólo lastra la consolidación de los derechos de igualdad y libertad de las mujeres, sino que además orienta a la ciudadanía en su conjunto hacia la asunción de valores más tradicionales.

Así las cosas, si tuviera potestad tipificaría, en el contexto de una Ley de seguridad ciudadana,  “la contención democrática” como infracción muy grave ya que el abandono de las políticas de igualdad, las limitaciones impuestas al uso y disfrute de nuestros derechos y la sustitución del paradigma de la justicia social por un sentido de justicia coercitivo y punitivo atenta contra la seguridad cívica, en este caso contra la seguridad de las mujeres. Si quien comete la infracción grave es el Presidente del Gobierno como medida sancionadora propondría su inhabilitación. En este caso el Presidente despojado de su rango sería “Mariano simplemente Mariano”.