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Feminismo en el nuevo espacio político

Publicado en Tribuna Feminista Diciembre de 2015 (http://tribunafeminista.org/2015/12/2142-2/)

En el nuevo escenario político no sé quién ha ganado, pero sí sé que ha perdido el feminismo. No encuentro diferencia alguna entre los usos de la “vieja política” y la “nueva política” por lo que hace a dar visibilidad a mujeres feministas que, se y me consta, militan en formaciones políticas de izquierdas, aunque hoy está categorización, me quieran hacer creer, esté en desuso. Y aquí comienza el primer problema. Si la distinción “ser de izquierda” o “ser de derecha” ya no es efectiva para responder a las expectativas de la ciudadanía ¿por qué habría de servir la etiqueta “feminista”? Así es que si celebramos el fin de las ideologías, celebramos con idéntica inconsciencia el fin del feminismo. Decretar la “muerte de las ideologías” ha sido algo propio del pensamiento conservador, pero que esta supuesta defunción se convierta en santo y seña del pensamiento progresista sólo me revela ansiedad por el poder y renuncia a los principios.

Por ello cabe hacerse una pregunta: ¿Qué ha sido del feminismo y las feministas en el escenario de representatividad política surgido tras el 20-D? La respuesta a esta cuestión puede incomodar a alguien, amén de catalogarme como persona mayor, pero como mayor que soy pretendo “asaltar la realidad y no los cielos”. Lo cierto es que en todos los partidos políticos del amplio espectro de izquierdas -no puedo renunciar tan fácilmente a categorías que ayudan a definir la realidad- se puede observar que han diluido al feminismo, como teoría política, para convertirlo en peculiaridad de algunas individualidades, perdonable a veces, pero mayormente molesta. El procedimiento tomado por parte de los partidos políticos verdad es que varía dependiendo de si estos son de viejo o nuevo cuño.

Los partidos clásicos, PSOE e IU, han optado por recurrir a criterios de renovación, independencia y cambio para intercambiar a mujeres feministas de larga trayectoria por otras que no destacan, precisamente, por sus servicios a la causa feminista. Tanto en el PSOE como en IU se deja a las “feministas de a pie” sin referentes en la representatividad política debido a una interpretación interesada y sesgada de la ley de Igualdad. Por otra parte, en el emergente PODEMOS no son aplicables, lógicamente, criterios de renovación cuya consecuencia sea la intercambiabilidad de sus mujeres. Si PODEMOS se presenta como “lo nuevo” se nos obliga a suponer idéntica frescura en las mujeres que obtienen representatividad política gracias a esa marca. Pero a las “feministas de a pie” se nos hace difícil suponer frescura en quienes abordan la prostitución desde un perfil bajo, eludiendo compromiso alguno a favor de la abolición. Y más difícil se nos hace suponer innovación política en quienes han afirmado que el aborto no es un tema “que construya potencia política”.

PD: En cada una de las formaciones políticas anteriormente citadas se pueden reconocer visos de inconsistencia feminista, pero más grave resultaría la tentación de abandonar la pedagogía feminista que no sólo puso contra las cuerdas a un ministro hasta hacerlo dimitir, sino que más recientemente frustró la carrera desbocada a la Moncloa del también emergente Ciudadanos. Sirva de aviso a navegantes.

La tentación de la casilla cero

Alicia Miyares

Publicado en Infolibre junio de 2014

Cuando la democracia comienza a perfilarse en la última mitad del siglo XIX como la forma de gobierno posible y deseable, tres serán  las teorías políticas que contribuirán a su cimiento ideológico: el liberalismo, el socialismo (entiéndase éste con todos los matices) y el feminismo. Qué modelo de sociedad es el más deseable, cuáles han de ser las condiciones mínimas para garantizar la autonomía de las personas, qué tipo de estado es el más eficaz para resolver los problemas de la ciudadanía, fueron y siguen siendo cuestiones inherentes a la propia democracia y las diferentes, y en muchos casos antagónicas,  respuestas estuvieron y están determinadas por la teoría política a la que se recurra.

La cohabitación de las distintas ideologías en el escenario democrático no ha sido fácil, pero lo que distingue a la democracia de otras formas de gobierno como dictaduras, teocracias, etc. es que es la forma de gobierno que da cauce al desacuerdo, garantizando, a su vez, la convivencia pacífica de ideologías enfrentadas. En esta pugna ideológica le correspondió al feminismo la peor parte, puesto que en el decurso histórico ha sido considerada una teoría política, indeseada, inmoral y antinatural por el pensamiento conservador y ha sido incomprendida o “aparcada” por el pensamiento político de izquierdas. Muchas han sido las razones por las cuales al feminismo se le desprecia o ignora, pero me limitaré a indicar las claramente ideológicas.

El pensamiento conservador desde Locke a nuestros días siempre ha utilizado la idea de la Familia como metáfora política, por la cual se concibe el Estado  como una gran familia: en ambas instituciones “la natural-tradicional” y la “publica-imaginaria” ha de haber una última autoridad que “por costumbre” (expresión de Locke) reposa en el varón. Así pues,  la irrupción del discurso feminista que subvierte el “orden natural” del mundo, que cuestiona la idea de una “familia natural” jerarquizada, que afirma el igual derecho a la autoridad de mujeres y varones y que reniega de la existencia de roles diferenciados le ha de parecer al conservadurismo político una seria y repugnante amenaza a sus posiciones políticas. Ello no está reñido con que en nuestros días, sean muchas las mujeres que ostenten representatividad en la esfera de lo público-político siempre y cuando el sustrato ideológico no se cuestione.

Por otra parte, contradictoria ha sido la relación del feminismo con el pensamiento político de izquierdas, ya que ambas teorías políticas desde su origen vincularon la idea de justicia social con igualdad. Sin embargo, en el pensamiento político de izquierdas se dio una especial relevancia a los conceptos de “clase social” y  “explotación”, afirmando con ello que combatir la desigualdad dependía de la aplicación de políticas equitativas de distribución de la riqueza. El feminismo, por su parte, a este planteamiento le añadiría un matiz de hondo calado al señalar que la desigualdad no residía únicamente en desigualdades materiales, sino también en desigualdades normativas y culturales para las que la aplicación de criterios distributivos eran claramente insuficientes: la desigualdad no era sólo explotación y carencia de oportunidades, sino también todos los rasgos de opresión que se confabulaban en torno a la categoría “sexo” y que afectaban a las mujeres por el hecho de ser mujeres: subordinación, carencia de poder, marginación, violencia e imperialismo cultural (androcentrismo). Ahora bien, este matiz feminista fue y sigue produciendo resistencias a su aceptación: en el binomio mujer-varón que las mujeres representen al proletariado  y los varones a la burguesía, en feliz expresión de Engels, no parece implicar contradicción alguna para afamados izquierdistas. La no aceptación del feminismo o la resistencia a sus vindicaciones sólo puede responder a la creencia, aunque no se haga pública, de que realmente hay un “orden natural” de los sexos.

Pese a estos antecedentes históricos y  resistencias actuales, el feminismo y las corrientes políticas de izquierda estaban llamadas a entenderse y limar las desconfianzas. Este tender puentes comenzó en el último tercio del siglo XX y en muy buena medida contribuyó a ello, en las sociedades democráticas, el afianzamiento del modelo de sociedad basado en el “Estado de bienestar”: la idea de mejorar, completar y consolidar ese modelo social llevará al cruce de caminos entre el feminismo y la socialdemocracia. Surgió de todo ello una agenda política nada desdeñable por lo que sería inadecuado tildarla de “intraagenda” feminista: el feminismo no opera como un lobby o grupo de interés. Su agenda política es una agenda colectiva, puesto que el feminismo al promover cambios en los modos de vida de las mujeres indefectiblemente promueve cambios en los modos de vida de los varones.

En el caso de España, por ejemplo, la agenda política feminista fue llevada a término, en algunos de sus puntos, por el último gobierno socialista. Se legisló en materia de derechos sexuales y reproductivos, en violencia de género, en la necesaria representatividad de las mujeres, en el reconocimiento de las tareas de cuidado,  en cambios en los contenidos curriculares en el aula, en mecanismos preferenciales de acceso de las mujeres al empleo etc., pero a la par no se articularon los suficientes diques de contención a la reacción que día a día   en los púlpitos, en sectores o administraciones educativas, en instituciones académicas y en medios de comunicación lograron generar un estado de opinión en contra sin precedentes.  El objetivo del pensamiento reactivo conservador se centró básicamente en instalar en la opinión pública que un grupo de interés, las feministas, pretendía imponer una agenda indeseada. Se importó de los grupos “neocon” estadounidenses el uso del  término “feminazi” para criticar a los colectivos de mujeres feministas. La campaña de descrédito de aquellos años ha llegado a nuestros días traducida en dos versiones: impunidad o desconfianza.

Así por ejemplo, el conservadurismo político está operando con total impunidad para desbaratar todo lo que tenga que ver con políticas de igualdad y con cambios normativos y culturales, confiados además en que no es esperable una campaña mediática y crítica de proporciones parecidas a las sufridas por el gobierno socialista. El pensamiento político conservador tiene como objetivo situar al feminismo, de nuevo, en la casilla cero. Por otra parte, en algunos sectores de izquierda  o de la nueva izquierda emergente se ha instalado la desconfianza. A ellos se debe la expresión “feminismo institucional” con evidentes connotaciones peyorativas para designar lo llevado a cabo por las feministas socialistas, feministas de otros partidos políticos y las organizaciones de mujeres. La expresión “Feminismo institucional” es de todo punto inadecuada por inexacta pues si pudiéramos remitirnos a una institucionalidad feminista no sería tan fácil alterar lo alcanzado en términos legislativos en materia de igualdad. Parece, por lo tanto, anidar en algunos sectores de la izquierda política la tentación de volver de nuevo a la casilla cero, en la creencia que desde esa posición originaria se podrán hacer las cosas de otra manera y mejor.

Ante esta situación corresponde al feminismo y a las feministas sobrevolar  la polaridad en la que parecen haberse instalado los partidos políticos. Si bien muchas feministas nos identificamos también con unos u otros partidos políticos, siempre hemos operado con la idea de la igualdad como reconocimiento lo que nos ha permitido no caer en la estrechez de miras del “y tú más”. Nada sería más desastroso para el feminismo que incurriera en la enfermedad que lastra a los partidos políticos, incluidos  los de nuevo cuño, las valoraciones alicortas y los juicios cínicos o cicateros. El feminismo tiene el suficiente camino andado para iluminar una democracia más plena.

 

Misoginia y Reacción

 

al myALICIA MIYARES. Corresponde al feminismo, como teoría política que es, la denuncia de este retroceso: cuando se ciegan los derechos de las mujeres, retrocede la ciudadanía en su conjunto

La adhesión a la democracia radica en el hecho de ser el sistema de gobierno que con mayor eficacia lucha contra la injusticia social y mejor garantiza la distribución equitativa de la riqueza, pero además corresponde a las democracias avanzadas el reconocimiento y consolidación de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales, sexuales y culturales. La calidad de una democracia se mide por la consolidación de los derechos de la ciudadanía. Sin embargo, a día de hoy este ideal está totalmente amenazado.

En tiempos de crisis todo es maleable y susceptible de ser remodelado. La propia democracia se resiente en un contexto de crisis económica porque la ciudadanía tiene la percepción de que la crisis económica ha derivado en una crisis social y política. La deriva se debe al abandono en el que han caído los principios de igualdad, libertad y justicia como valores rectores de la cohesión social. El abandono de políticas públicas cuyo referente sea la igualdad, las limitaciones impuestas al uso y disfrute de nuestros derechos y la sustitución del paradigma de la justicia social por un sentido de justicia coercitivo y punitivo, terminan por afectar a los grupos sociales más vulnerables o a colectivos que, apenas en fecha muy reciente, han logrado adquirir cierta posición de equiparación social.

La crisis económica ha servido de pretexto para desposeer a la democracia de su fuerza, la defensa de las mayorías y también de su eficacia, el bien común. En el contexto actual, en el que las decisiones dimanan de autoridades transnacionales poco representativas y en las que la racionalidad económica parece anteponerse a cualquier tipo de consideración social, la democracia se convierte en un sistema político excesivamente formal. Si además discursivamente el ideal de igualdad es suplantado por el de sacrificio, el de libertad por el de orden y el de justicia por el de autoridad, las víctimas serán legión. Los valores arcaizantes de “sacrificio”, “orden” y “autoridad”, muy del gusto de la ideología política conservadora, no sólo contribuyen a infantilizar a la población en su conjunto, sino que tienden a resituar a los distintos grupos sociales o colectivos en posiciones culturales y valorativas pre-democráticas.

Nada de todo ello se produce de manera casual o inconsciente, sino que, por el contrario, el retorno a las “esencias” obedece a una “estrategia de contención democrática”: si, por ejemplo, estamos abrumados por la pérdida de poder adquisitivo no demandaremos calidad en los servicios e incluso algunas personas aceptarán que guarden entre ellas relación de causa-efecto. Pero para que se produzca por parte de la ciudadanía una relativa aceptación de este nuevo modelo de “contención democrática”, los gobiernos, sobre todo los de ideología conservadora, tienden a centrarse en refrenar las expectativas de determinados grupos sociales, siendo el de las mujeres uno de ellos.

 

Los medios utilizados para diferir las expectativas de las mujeres son la misoginia y la reacción política

 

La “contención democrática” ejercida sobre las mujeres cumple una doble función: no sólo lastra la consolidación de los derechos de igualdad y libertad de las mujeres, sino que además orienta a la ciudadanía en su conjunto hacia la asunción de valores más tradicionales. Los medios utilizados para diferir las expectativas de las mujeres son la misoginia y la reacción política.

Culturalmente, el universo misógino representa un contravalor a los valores de igualdad y reconocimiento. Por misoginia entendemos la aversión u odio a las mujeres que consiste en despreciar a la mujer como sexo. La misoginia puede revelar una tendencia ideológica retrógrada. Pero también puede estar asociada a un sentimiento generalizado de desprecio: la aversión a las mujeres suele ser en algunos casos un síntoma de misantropía. Misoginia y misantropía se dan la mano para invalidar las políticas de reconocimiento, para negar mecanismos de inclusión, para denostar lo “políticamente correcto”, para convertir a la democracia en un sistema político cínico y formal donde “mandan los que tienen que mandar”. La misoginia tiene como único paradigma posible el elitismo.

El canal de transmisión de la misoginia es la recurrencia constante a los estereotipos, a las percepciones o creencias de que los sexos son fundamentalmente diferentes. Hoy en día, la misoginia se desparrama más allá de las columnas de opinión, donde había logrado sobrevivir, para hacerse presente en manifiestos, manuales de vida o recomendaciones religiosas, por nombrar sólo algunas de las más recientes manifestaciones misóginas.

 

Una de las innovaciones políticas que más cambios ha provocado ha sido la apuesta por la efectiva igualdad de mujeres y varones

 

A su vez, por reacción debemos entender la actitud de oposición ante las innovaciones políticas, sociales y culturales. Una de las innovaciones políticas que más cambios ha provocado tanto en valores, como en el modo de relacionarnos socialmente, como en la articulación política ha sido la apuesta por la efectiva igualdad de mujeres y varones. La reacción a la innovación política de la igualdad ha residido en instancias ajenas al poder político, pero más lamentable es que ahora anide en el seno de quien ejerce el poder. Si nos atenemos a las declaraciones o medidas que ha puesto en marcha el gobierno del partido popular, no parece aventurado afirmar que la reacción está instalada en el gobierno. Por ejemplo, negar que en los sistemas de elección o de cooptación se produzcan sesgos de género favorable a los varones y se interrumpan, por ello, las medidas de acción positiva para las mujeres, sólo se entiende en el marco de una política reactiva; convertir los “derechos de las mujeres” en expresión tabú, no solo es una alteración de la realidad, sino una perversión reactiva.

Sirva lo anterior de ejemplo para afirmar que el gobierno no tiene la mínima intención de desactivar las ideologías y normas sexuales, nutrientes esenciales al pensamiento reactivo. Más bien al contrario necesita reforzarlas, como a su vez se muestra concesivo con instituciones que alientan normativamente la ideología sexual, como es el caso de la Conferencia Episcopal.

A modo de conclusión, sabemos que este gobierno opera en contra de la igualdad y el reconocimiento; elige a las mujeres como grupo social de referencia sobre el que aplicar la “estrategia de contención democrática”. Por ello corresponde al feminismo, como teoría política que es, la denuncia de este retroceso: cuando se ciegan los derechos de las mujeres, retrocede la ciudadanía en su conjunto.

 

REFERENCIA CURRICULAR

Alicia Miyares es filósofa. Estudió en la Universidad de Oviedo. Es doctora en Filosofía y profesora de Filosofía de enseñanza secundaria. Sus líneas de investigación son los aspectos sociales, políticos y morales del siglo XIX y su repercusión en la historia del feminismo, el feminismo como filosofía política, y la democracia actual y su perfeccionamiento. En su trayectoria ha combinado la teoría con el activismo político, comprometiéndose en la necesaria vinculación del feminismo con políticas públicas de igualdad. Fue Jefa de Gabinete de la Consejería de Educación y Cultura del Gobierno de Asturias (1993-1995); Consejera técnica de la Unidad de Igualdad “Mujer y Ciencia” del Ministerio de Educación y Ciencia (2006-2008); Asesora del gabinete de la Vicepresidenta Primera del Gobierno (2008-2011) e integrante del Consejo Rector del Instituto Asturiano de la Mujer y Secretaria de la Asociación Española de Filosofía María Zambrano.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

ALICIA MIYARES: Democracia feminista. Cátedra. 2003

ALICIA MIYARES, PILAR BALLARÍN-DOMINGO, ROSA COBO-BEDIA, ANA IGLESIAS-GALDO, CRISTINA JUSTO-SUÁREZ, LUISA POSADA-KUBISSA, ANA SÁNCHEZ-BELLO: Educar en la ciudadanía. Perspectivas feministas (ensayo). Cátedra. 2003

ALICIA MIYARES, CELIA AMORÓS, ROSA COBO-BEDIA, LUISA POSADA-KUBISSA, ANA SÁNCHEZ-BELLO: Interculturalidad, feminismo y educación (ensayo). 2005.

ALICIA MIYARES: Sufragismo y teoría feminista, de la Ilustración a la globalización. 2005.

ALICIA MIYARES: Democracia feminista (ensayo). 2008

ALICIA MIYARES: Multiculturalismo, coeducación y ciudadanía. 2008:

2008: editora del libro Tercer encuentro de mujeres líderes iberoamericanas editado por la fundación Carolina.

El clan del macho cavernario

 

Pertenecen a esta estirpe todos los que hacen gala de una profunda misoginia. Para desgracia de este país son muchos los que careciendo de ideas y mínimos morales gozan de  bulas inauditas para verter su desprecio hacia las mujeres y por ende hacia la humanidad en su conjunto. Lamentablemente no hay restricciones públicas a la misoginia, como si las hay al “racismo” o al “nazismo”, por ejemplo.

No hay semana que trascurra sin que alguna ocurrencia del “clan del macho cavernario” vea la luz. Modestamente he decidido dedicar el Blog a dar cuenta de “La caverna” en este país: vendría a ser un boletín de la misoginia y la reacción. Me temo que dispondré de abundante material. Sirvan de muestra estas dos noticias:

  • Cabrones a favor de la prostitución: “343 cabrones” piden a la Asamblea Nacional francesa: “no toques a mi puta”. Por una vez se han definido a la perfección y, como era de esperar, en España este manifiesto fue secundado entre otros por Sánchez Dragó. En “Yo cabrón”,  se ampara Dragó en el “imperativo de la testosterona” para mostrarse favorable a la vejación sexual que implica la prostitución.  Pérez Reverte, otro eximio representante del Clan del Macho Cavernario, se suma al manifiesto en “Putas, chulos y ayuntamientos”. Su argumento se limita a demandar que “tras una dura jornada laboral” los varones gocen de  “patente de corso” para  comprar el “chichi” que estimen oportuno. La razón de peso esgrimida es que “La prostitución es vieja como el mundo” (imagino que tal “innovación intelectual” lo ha vuelto un poco mas calvo).
  • “El arzobispo de Granada edita un libro que enseña a la mujer a ser sumisa”.   Dispone este prelado de una editorial a través de la cual canalizar escritos fundamentalistas.  En defensa del libro “Casate y sé sumisa”, el arzobispo, por medio de un comunicado, asevera que las publicaciones de la editorial “están marcadas por el amor a lo humano”: ¡extraño concepto de  amor es el que incita a la sumisión!. No se encuentra en el comunicado del arzobispo acto de contrición alguno, sino, por el contrario, alarde de su persona, ya que su predicación, afirma, es acorde con las enseñanzas de la Iglesia. “En la boca del necio está la vara de la soberbia” (Pr.14)   y para evitar más necedades no habría mejor medida que la destitución del arzobispo (“suspensión a divinis”).

La “mayoría silenciosa”

Comentario Cadena Ser-Asturias “La Ventana” :1 de octubre: la mayoría silenciosa (audio)

Cuando un presidente de un país alaba que la ciudadanía no se manifieste, no salga en la prensa, ni en los telediarios está implícitamente criticando la libertad de expresión.

El trasfondo paternalista con el que el presidente Rajoy se refirió a la “mayoría silenciosa” revela el miedo de un gobierno a los cauces de participación ciudadana y al igual que el padre autoritario, ante la desobediencia, sus únicos recursos son la disuasión primero y el castigo después. Lo que quizá Rajoy y el gobierno ignoran es que pertenecer a la “mayoría silenciosa” no implica necesariamente ser un “hijo de la patria” atento y obediente a una sola voz.

Puede que  una buena parte de las personas se sienta insegura y preocupada ante un futuro incierto, pero no por ello han perdido el sentido de lo que es proporcionado o desproporcionado. Y desproporcionado es que la policía parezca estar más al servicio de un partido político que de la ciudadanía.

Puede que la “mayoría silenciosa” se sienta desorientada e incluso parte de ella desmotivada, pero no por eso ha perdido el juicio crítico. Por ejemplo, entiende a la perfección que, al final y después de todo, el coste del rescate a la banca va a salir de sus bolsillos y que, por lo tanto, las mentiras sustituyen a lo pactado o prometido.

Puede que la “mayoría silenciosa” esté cansada de que un día no se parezca a otro, de que cada anuncio reformista sólo conlleve pérdida de derechos, de poder adquisitivo y   devaluación en la calidad de los servicios. Pero que nadie se equivoque, puede que esa “mayoría silenciosa” sea la primera en darse cuenta de que lo que sucede “no es normal en absoluto” y sea también la primera en negarse  a una pretendida “cultura del esfuerzo” sin compensación alguna.

 

No quiero ser protagonista del NO-DO

Comentario Cadena Ser-Asturias “La Ventana” (24 de septiembre: No quiero ser protagonista del NO-DO (Audio))

Nueves meses después la criatura comienza a gorjear. Con boquita de puchero se lamenta de la herencia recibida, mientras que con sus zarpas desgarra los avances en libertad, en igualdad, en justicia social y en equidad de género.

Nueve meses después  tenemos un gobierno que de lo prometido nada y que, por el contrario, está dispuesto a inocular el virus de la reacción en este país. Material para hacerlo no parece faltarles y referentes ideológicos, para nuestra desgracia, tampoco.

Supongamos que tomas un medio de comunicación público y en sus informativos lo noticiable, independientemente de lo que haya sucedido, sea ETA o los nacionalismos, un día sí y otro también. Añade que vuelven a la programación las corridas de toros en el horario destinado a la audiencia infantil y sazónalo todo ello con la incertidumbre de si habrá telediario de las 9 de la noche o, por el contrario, futbol. El resultado de la receta mediática será un gobierno que principalmente se ejercita en destapar el tarro de las esencias.

Imaginemos, además, que a los derechos de la ciudadanía se los considera “beneficios” y desaparece la palabra “derechos” del vocabulario político, que se favorece la educación segregada por sexos y retorna la reválida, que vuelve la “mujer-mujer” y la “mujer-madre” como únicos paradigmas válidos de la feminidad, que se restringe el derecho a la huelga de los funcionarios, que los pensionistas pasan por dificultades económicas y burocráticas para acceder a los medicamentos, que la medicina preventiva desaparece y que se produce un empeoramiento generalizado de sueldos y de condiciones de trabajo. El problema  radica en que no hay que imaginarlo, lo estamos viviendo.

Sólo nos cabe decir que la solución a la crisis económica no pasa porque este gobierno nos convierta de nuevo en protagonistas del NO-DO.