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Gladiadores de las palabras

Comentario Cadena Ser-Asturias “La Ventana” :8 de octubre: Gladiadores de las palabras (Audio)

Los gladiadores de las palabras son aquellas personas que en el uso de sus competencias lingüísticas producen descrédito  y violencia injustificados.

La gran mayoría de los gladiadores de las palabras trabajan en la arena mediática. Emplean su capacidad oral o escrita en avivar las pasiones emocionales, fundamentalmente sentimientos negativos como la desconfianza, el recelo o incluso el odio. No emplean la argumentación sino las invectivas; ciegan la posibilidad de diálogo al descalificar de manera permanente al contrario; defienden, además, la estrategia de la confrontación impidiendo cualquier posibilidad de pacto. Son amantes de la polémica pues gracias a ella no se requiere del arte del florín y sus fintas, sino del uso locuaz de las palabras a modo de estocadas.

Los gladiadores de las palabras, no son paladines de la libertad de expresión sino voceros del dogmatismo y la coacción; no son en absoluto inocuos ya que contribuyen al magma emocional de las adhesiones o reacciones primarias; no son pacificadores natos pues en demasiadas ocasiones se transforman en apologetas de la violencia: muy especialmente  están especializados en la apología de la violencia contra las mujeres.

Ahora bien, siendo como son nocivos los “mirmillones” mediáticos, más lo son los que ejerciendo un cargo político, y llevados de su locuacidad, amparan, de un  lado, la vulneración de la ley y de otro, hacen apología de la violencia contra las mujeres.

Estos gladiadores políticos nos revelan que para ellos la democracia es sólo “pan y circo”. En sus redes no tienen cabida las exigibles nociones de “derechos compartidos”, “bien común” y “defensa de la ley”. Para estos “mirmillones” políticos no cabe el silencio partidista, ni el cierre de filas y ni siquiera son suficientes las disculpas y la renuncia al cargo. Cómo y por qué han llegado estos gladiadores políticos a ocupar cargo alguno exige una respuesta por parte de quienes los han nombrado. La salud democrática no puede depender de “la suerte está echada”.