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El Congreso de “Demopos”

 

En una librería de viejo se ha encontrado una crónica que cambiará la imagen que teníamos de lo que sucedió en el “Congreso de Demopos” en el siglo XIX. En la crónica se narran los siguientes acontecimientos: “En los días previos al “Congreso de Demopos” una facción desgajada de la corriente principal marxista y liderada por P. Churches y J.C. Purse, llegaron a la pequeña localidad de Sunisdown conscientes del golpe de efecto que iban a dar a las tesis del anciano Marx, ausente por problemas de gota. En su lugar y representando esa corriente principal se hallaban el maduro Mr. Cyao Alar y el joven Goznar. El trabajo previo al congreso era de especial trascendencia pues se debía debatir abiertamente un programa conjunto para dar forma a la incipiente democracia y trascurridas ya con cierto éxito las revoluciones burguesas.

Se sentían animosos, pues parecía evidente que el régimen de 1878 se estaba descomponiendo y el olor a cambio político se respiraba en el ambiente. Pero lo que sucedió a continuación es difícil de narrar para esta cronista. Una vez sentadas las distintas facciones correspondió a J.C Purse el uso de la palabra en primer lugar, quizá por una muestra de cortesía de Mr. Cyao Alar. Purse con ese semblante y voz que aburre un poco intentó animar a los concurrentes con el exordio “es la hora del demos”, pero después de tan vibrante inicio  se puso a leer: “el movimiento 15 M ayudó así decisivamente a introducir en el sentido común de época elementos impugnatorios del orden existente y que señalaban a las élites como responsables del juego de diferencias en el que descansa el pluralismo”. En ese momento las caras de incredulidad no eran sólo la de esta cronista y los murmullos eran bastante audibles: “¿pero qué dice?… ¿la democracia no es pluralidad?… No entiendo si el camarada está haciendo una crítica a las élites o lo contrario…”.

Purse que veía que aquello se le iba de las manos hizo una proclama reconocida por todos a la “identidad de clase” y a las “narrativas ideológicas tradicionales”, pero el desgaste pasional lo llevó a leer de nuevo: “IU, vinculada generacional y culturalmente al orden de 1878*, ha tenido en general –y salvo honrosas excepciones principalmente provenientes de las bases- reacciones tímidas y conservadoras”. Había que estar allí para ver la mirada de toro de la dehesa que Mr. Cyao Alar le dirigió a Purse, no llegó a más el asunto porque una mesa se lo impedía. Por el contrario, el joven Goznar no pudo evitar un sonrisilla y mirada de agradecimiento a Purse pues él era, lógicamente, la “honrosa excepción”. Inmune Purse, continuaba: “Las hipótesis movimientistas y de gran parte de la extrema izquierda, instaladas en un cierto mecanicismo por el que “lo social” ha de preceder a lo “político”, se han demostrado incorrectas para romper la impotencia de la espera y proponer pasos concretos más allá de la movilización.” Y estas fueron sus últimas palabras porque el aullido fue general y entre los pitidos y griterío se distinguían algunas voces airadas muy claramente:” ¡pero de qué vas… somos izquierda nuestra lucha es lo social!”,  “¡ o sea la política a cualquier precio… ¿es eso lo correcto?, ¿este es el nuevo mensaje?! Y una voz más atinada “¿ qué son las hipótesis movimientistas?….”.

 Y la reunión hubiera acabado en ese instante, pero entonces P. Churches  se levantó muy tranquilo. Hizo un ademán con las manos para imponer la paz como si fuera un hombre de iglesia. Ladeó un poco su joven cuerpo y con mucho sosiego trasladó a la audiencia que no habían entendido a su compañero de filas y también leyó, pero notándosele menos: “Seguramente la disyuntiva política estratégica hoy está entre restauración oligárquica o apertura democrático-plebeya, posiblemente en un sentido constituyente”. Ante esta afirmación las sillas se removieron, pero tengo que decir que sólo pude oír al que tenía a mi izquierda preguntarse: “¿Una democracia plebeya?… –y mirándome- ¿pero por qué se va al feudalismo si estamos en tiempos modernos…?

No supe darle contestación alguna. Me encogí de hombros y retomé el hilo de lo que contaba Churches que en ese momento afirmaba: “Esto imposibilita tanto las hipótesis insurreccionales como las de construcción de contrapoderes “por fuera” de la estatalidad”. No pude evitar tener la sensación de que este grupo se enredaba demasiado con “las hipótesis” y los palabros como “insurreccionales” y similares… Al salir del ensimismamiento pude constatar que el joven Churches con acentuada pasión tenía al auditorio pendiente de sus palabras: “porque el momento actual presenta diferentes elementos que constituyen una oportunidad política difícilmente mejorable en un contexto no revolucionario” y aquí estalló de nuevo el griterío, pero de “vivas” y “a por ellos”, etc. Se le jaleaba abiertamente y aprovechando el jaleo me moví a las filas de atrás de la sala, para tener otra visión o recoger otras opiniones que el campo parecía trillado en donde estaba.

No me fue fácil llegar al fondo porque, todo sea dicho, la sala estaba atiborrada. Así que cuando, por fin, me instalé entre dos varones de mediana edad, P. Churches  leía el párrafo más extenso que sin interrupciones era escuchado por un auditorio rendido al orador: “ Esa posición, que nos convierte en un claro referente de la dicotomía “nuevo/viejo” será incompatible con el menor caso de corrupción y es hasta cierto punto difícil de mantener en el tiempo cuando nuestra política no sea sólo de construcción de voluntad de cambio sino que se enrede en la gestión, sus necesarias transacciones y compromisos, en un momento de estrechamiento de la autonomía de las instituciones subnacionales frente  al plan de ajuste”. Silencio en la sala y P. Churches sin aliento. Los dos varones que tan gentilmente me habían hecho un hueco se miraron y para mi asombro hablaron en castellano, idioma que por cuestiones que no vienen al caso entiendo. El más cercano a mi le decía al otro: “A qué viene eso de la corrupción, Pablo… ¿Nos está diciendo  que la corrupción no se puede evitar y que ellos terminaran por caer en ella?”. El susodicho Pablo miró con tristeza infinita a su compañero: “lo peor es la voluntad de engaño y el desprecio que manifiestan a la gestión de lo público. Demasiado para mis oídos…” Y se fueron y yo con ellos cansada de tanto lenguaje masculino y viejuno. Cuando salí a luz del día me pareció haber hecho un viaje al pasado.

Alice Yermais

 *Nota de la compiladora, Alicia Miyares: “En la Crónica aparece la fecha de 1978. Creemos que ha sido un error tipográfico muy común en el siglo XIX, por lo que ha sido corregida la fecha por la compiladora para que el lector/a no se despiste”.